Gobierno de Donald Trump: El gran reto para Europa de la crisis de Irán: reafirmarse sin USA o caer en la irrelevancia
la ue se juega mucho en este acuerdo

El gran reto para Europa de la crisis de Irán: reafirmarse sin USA o caer en la irrelevancia

La UE se juega mucho en esta crisis: no solo su seguridad e intereses económicos, también su prestigio y su lugar en el mundo. Si el pacto naufraga, quedará patente su falta de fortaleza

Foto: El presidente Donald Trump y su homólogo francés Emmanuel Macron durante su encuentro en la Casa Blanca. (Reuters)
El presidente Donald Trump y su homólogo francés Emmanuel Macron durante su encuentro en la Casa Blanca. (Reuters)

No han bastado ruegos, visitas, agasajos ni advertencias. Donald Trump ha hecho, una vez más, lo que considera que beneficia sus intereses, en contra de la opinión de sus socios europeos: abandonar el acuerdo nuclear con Irán. Trump ha demostrado una vez más que no tiene inconveniente en romper la baraja, sin importar lo que los europeos piensen. Y a la Unión Europea no le queda ahora más remedio que tomar nota y actuar en consecuencia.

Hoy, que precisamente se celebra el Día de Europa, la UE ve cómo EEUU, durante décadas su socio preferencial, torpedea uno de los proyectos en los que más ha trabajado, el llamado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). Primero fue el Acuerdo de París, el primero a nivel mundial contra el cambio climático. Luego, las reglas de juego multilaterales en materia de comercio. Le siguieron las decisiones en Siria y Corea del Norte, avisos de la resolución de Trump de hacer las cosas a su manera. Pese a quien le pese.

La UE ha cerrado filas y ha reiterado su intención de mantener el acuerdo. “Las políticas de Donald Trump sobre el acuerdo con Irán y sobre comercio van a encontrarse con un enfoque europeo unido”, ha advertido el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Por su parte, la jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini, ha recalcado que “la UE está decidida a trabajar con la comunidad internacional para preservar” un acuerdo en el que se ha trabajado durante doce años. La cuestión, ahora, es cómo y qué va a hacer para ello.

Pocas dudas quedan de que la UE se ve ahora obligada a reivindicarse como un agente fuerte en la arena global, pero las tomas de decisiones en Bruselas son lentas y complejas, y los equilibrios internos europeos, precarios. Más allá de las estrategias de “soft power”, la política exterior nunca ha sido el fuerte de la UE. Basta recordar el desastre en que se convirtió el acercamiento a Ucrania. Y, pese a la puesta en marcha, hace ya ocho años, del Servicio de Acción Exterior, hoy comandado por Mogherini, la política diplomática sigue fuertemente anclada a las capitales, que se niegan a ceder competencias en este campo.

“Si alguien dudaba de la necesidad de una política de Exteriores autónoma a nivel europeo, la decisión de Donald Trump debe haberles convencido. La UE y sus estados miembros simplemente no pueden seguir a EEUU en esto, ya que la retirada es directamente contradictoria con los intereses de seguridad de Europa”, advierte Sven Biscop, del Instituto Egmont. El presidente norteamericano alega que su decisión hará de “América un lugar más seguro”, pero en Europa se es consciente de la amenaza que le supone un Oriente Medio aún más inestable.

Trump ha dado la puntilla al orden mundial del siglo XX. La división del planeta en dos bloques y esferas de influencia -la occidental y la soviética-, que hacían de EEUU y Europa unos aliados imprescindibles, ya no está vigente y los intereses a uno y otro lado del Atlántico cada vez difieren más. Ante este panorama, con la certeza de que la Casa Blanca está decidida a poner a “América primero”, le corresponde a la UE defender sus propios intereses. “Es por esto que la UE debe desarrollar su propia visión del mundo y trasladarla a una estrategia operacional”, recalca Biscop.

Mientras la Casa Blanca se preparaba para en el anuncio, en Bruselas representantes de Francia, Reino Unido, Alemania y la UE -firmantes del acuerdo- se reunían con el segundo responsable de Exteriores de la república islámica, Abbas Araghchi, para explorar vías por las que seguir adelante. La cuestión será debatida al más alto nivel la próxima semana, cuando los jefes de Estado y de Gobierno se reúnan en Sofía para la cumbre de los Balcanes Occidentales.

Por el momento, los líderes de Reino Unido, Francia y Alemania -firmantes del acuerdo- ya han dejado ver su malestar y su intención de seguir adelante con el pacto. El riesgo de fracaso, sin embargo, se ha disparado, ya que las facciones más extremistas en Irán podrían aprovechar el envite norteamericano para justificar el fin del acuerdo. La UE se ha dirigido indirectamente al primer ministro iraní, el moderado Hassan Rohaní, ofreciéndole un claro agarre con el que capear domésticamente la tormenta que ha desatado Trump.

"Mientras Irán continúe implementando sus compromisos, tal y como ha confirmado el OIEA, la UE seguirá comprometida con el acuerdo"

“Mientras Irán continúe implementando sus compromisos relacionados con la energía nuclear, como lo ha estado haciendo hasta ahora tal y como ha sido confirmado por el Organismo Internacional de Energía Atómica en 10 informes consecutivos, la UE seguirá comprometida con la implementación completa y efectiva del acuerdo nuclear”, ha asegurado Mogherini.

La capacidad de persuasión de la UE ya está en entredicho, después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, volvieran la semana pasada con las manos vacías de Washington. Macron incluso dejó ver que París estaría dispuesta a traspasar alguna de las líneas rojas que la UE había marcado, con tal de acomodar a Trump en el acuerdo iraní. En vano.

La UE se juega mucho en esta crisis: no solo su seguridad e intereses económicos, también su prestigio y su lugar en el globo. Si, después de mostrar su apoyo al acuerdo, éste naufraga, quedará patente su falta de fortaleza. A ojos de la comunidad internacional, será interpretado como un signo inequívoco de debilidad en una era marcada por el auge de “hombres fuertes” como Vladimir Putin en Rusia, Xi Jinping en China, Kim Jong-un en Corea del Norte y el propio Trump. Si las capitales europeas no se alinean para que la UE, como un todo, saque músculo para defender sus propios intereses, nadie lo hará.

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