la participación ha sido la más alta desde 2002

Orbán logra una aplastante reelección en Hungría ante la inquietud de Bruselas

El primer ministro húngaro obtiene casi la mitad de los votos, lo que en el complicado sistema electoral del país se traduce en una mayoría de dos tercios en el Parlamento

Foto: El primer ministro húngaro Víktor Orbán se dirige a sus seguidores tras la victoria en Budapest. (Reuters)
El primer ministro húngaro Víktor Orbán se dirige a sus seguidores tras la victoria en Budapest. (Reuters)

"¡Hemos ganado!". Con estas palabras, el primer ministro húngaro Víktor Orbán se ha dirigido este domingo por la noche a sus seguidores, que se habían concentrado frente a la sede del partido gubernamental Fidesz en Budapest para celebrar su victoria. Con el 95% de los votos escrutados, su formación ha obtenido un 48,9%, lo que no sólo le asegura su tercer mandato consecutivo (y el cuarto de la carrera de Orbán), sino casi con certeza también, gracias al complicado sistema electoral de Hungría, una mayoría de dos tercios en el Parlamento.

Según los cálculos preliminares, la coalición entre el Fidesz y el partido KDNP obtiene 134 de los 199 escaños parlamentarios, mientras que las principales formaciones opositoras, el partido de ultraderecha Jobbik y los socialistas, logran respectivamente 26 y 20 escaños. Los otros escaños se reparten entre diversos partidos menores. El resultado ha sido considerado insuficiente en las filas de Jobbik, cuyo líder, Gábor Vona, ha anunciado ya su dimisión.

Pese a lo que preveían algunos análisis, a Orbán le ha favorecido la altísima participación (casi un 70%, la mayor desde el año 2002), especialmente en las zonas rurales. Ni siquiera los propios miembros del Fidesz esperaban una victoria tan abultada, puesto que el partido se ha visto sacudido por diversos casos de corrupción en los últimos dos años, que les llevó a perder inesperadamente a finales de febrero la alcaldía de la localidad de Hodmezovasarhely, que llevaba en manos de la formación desde 1990. Esta derrota animó a la oposicion, que esperaba que el hastío de gran parte de la sociedad con la controvertida gestión de Orbán y su entorno les permitiese dar un vuelco a los comicios parlamentarios de este domingo.

Cartel antiinmigración colocado por el Gobierno húngaro en Budapest, el 5 de abril de 2018. (Reuters)
Cartel antiinmigración colocado por el Gobierno húngaro en Budapest, el 5 de abril de 2018. (Reuters)

Un mensaje nacionalista exitoso

Pero en el electorado, aparentemente, ha calado el mensaje antiinmigración del Fidesz, que lleva meses publicando anuncios por todo el país en los que se ve a columnas de refugiados sirios supuestamente avanzando hacia el país, bajo la leyenda "STOP". En otros carteles se acusa al millonario de origen húngaro George Soros, al resto de candidatos opositores, a la ONU y a la UE de comprometer la soberanía de Hungría. La retórica nacionalista ha funcionado, y numerosos votantes anteriormente indecisos -alrededor de un 20%, según las encuestas preliminares- se han movilizado a favor del partido gobernante. El mismo Orbán así lo ha entendido: "Esta ha sido una victoria decisiva: en el futuro vamos a ser capaces de defender nuestra patria", ha declarado ante sus seguidores.

El temor de muchos opositores es ahora que Orbán se vea respaldado para profundizar en la deriva autocrática del país. Una inquietud acentuada por el propio primer ministro, que durante un gran discurso el mes pasado aseguró: "Tras las elecciones, por supuesto que buscaremos saldar cuentas... Cuentas morales, políticas y legales". El analista político Péter Kreko, del think tank Political Capital y uno de los principales críticos de Orbán, declaró hace unos días a The Guardian: "Creo que en esta campaña electoral, ha sentido el frío viento de una pérdida potencial del poder, y volverá dispuesto a luchar muy duro".

La posibilidad también inquieta a la Unión Europea: no en vano, Bruselas ha sido repetidamente objeto de la hostilidad no demasiado velada del Fidesz, y ha dejado claro que algunos de los modos y prácticas de Orbán pueden ser incompatibles con los valores europeos. La UE no oculta que la "opción nuclear" -la aplicación del Artículo 7, privando a un miembro del derecho de voto en las instituciones europeas, recientemente usada con Polonia- es una posibilidad real para Budapest. Con la renovación de la supermayoría, que le otorga a Orbán el necesario respaldo popular a su comportamiento díscolo, se abre una nueva fase de incertidumbre.

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