"nos apoyan políticos de todos los partidos"

"¿Vacunar a mi hijo? Nunca": el debate que evidencia el auge antiestablishment en Italia

La pugna entre los antivacunas italianos, una minoría ruidosa, y sus detractores se ha convertido en el debate de moda en Italia. Puede que el domingo se cobre alguna víctima política

Foto: Un manifestante antivacunas con una camiseta en la que se lee 'Cuando hay un riesgo, debe haber una decisión' protesta en las afueras de la Cámara Baja en Roma. (EFE)
Un manifestante antivacunas con una camiseta en la que se lee 'Cuando hay un riesgo, debe haber una decisión' protesta en las afueras de la Cámara Baja en Roma. (EFE)

¿Vacunar a mi hijo? ¡No! Eso nunca. Nunca jamás —dice tajante Mara, una azafata de vuelo.

— ¿Qué? ¿Sabes qué significa eso para un niño sujeto a un tratamiento inmunodepresor? ¿Sabes cuántos glóbulos rojos tiene un niño con leucemia? —le responde Giulia, madre de un niño con esa enfermedad.

Pero su argumento no tiene éxito.

Son mentiras de la industria farmacéutica… y del Gobierno.

Hay padres que prefieren que sus hijos no vayan a la guardería antes que vacunarlos. Otros padres que acusan a los antivacunas de ser la causa de que las personas más vulnerables enfermen. También hay amenazas e insultos a médicos y políticos que hacen de su lucha a favor de las vacunas sus eslóganes electorales. Incluso enfrentamientos en la calle entre los dos 'bandos'.

Por primera vez, el asunto ha entrado de lleno en la campaña electoral italiana para las elecciones de este doming, cuando unos 50,7 millones de italianos —46,6 millones residentes en Italia y 4,17 millones en el extranjero— elegirán a 630 diputados y 315 senadores. Basta con darse una vuelta por las calles de Italia para comprobar su omnipresencia en las conversaciones. En los bares. En los transportes públicos. En los despachos de las oficinas. En las bibliotecas. Porque la pugna entre los antivacunas italianos —una minoría ruidosa— y sus detractores —el Gobierno del progresista Paolo Gentiloni, las principales asociaciones de médicos y casi todos los partidos políticos— se ha convertido en el debate de moda en Italia. No hay día en el que el asunto no salga en la prensa. Todo con una incógnita: ¿influirá en las elecciones generales y regionales (Lacio y Lombardía) de este domingo?

Nadie lo sabe con certeza. Según un sondeo de Nicola Piepoli, difundido en septiembre, los "NoVax" (el acrónimo inglés que se usa en Italia) sumarían el 28% del electorado. Según el Observatorio Observa Science in Society, su porcentaje equivale al 9% de la población, la mitad que en 2015, aunque la misma fuente también ha aclarado que el 44% piensa que las vacunas no deberían ser obligatorias. Mientras que el gubernamental Partido Democrático (PD), principal afectado por la 'ira antivacuna' por una ley de 2017 que decretó la obligatoriedad de algunas inyecciones básicas, ha clamado por el “enorme negocio que hay detrás” de los que se oponen a las vacunas, tal como dijo la ministra de Salud italiana, la centrista Beatrice Lorenzin.

“En Italia, no hay ningún partido que represente nuestras ideas y convicciones, pero hay representantes políticos que nos apoyan en todas las formaciones”, dice a El Confidencial Claudio Simion, presidente de Comilva, acrónimo del Movimiento Italiano por la Libertad de Vacunación, que agrupa a las principales organizaciones contra la obligatoriedad de las vacunas. “La única parcial excepción en la Liga de (Matteo) Salvini, mientras que el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), que en un primer momento nos dio su apoyo, ahora se ha retractado, probablemente para asegurarse una imagen de partido que puede gobernar. Han sido una gran decepción”, añade Simion.

Una situación alarmante

El caso de Italia dispara desde hace tiempo alarmas en Europa. El país se encontraba en una situación difícil a finales de 2016, cuando el número de niños no vacunados había alcanzado la cifra récord de 350.000 en los últimos cinco años, casi 140.000 de los cuales no habían recibido tratamiento en dos años. Según la Sociedad Italiana de Pediatras (SIP), el país se encontraba entonces "al límite de los parámetros de seguridad”. Según Naciones Unidas el porcentaje de la población de niños de dos años vacunados había caído de un 90% en 2013, a un 85% en 2015.

La situación provocó un giro autoritario por parte de las autoridades italianas. El primero fue Stefano Bonaccini, presidente de la región de Emilia Romaña, quien optó por introducir la obligatoriedad de las vacunas para los niños de entre 0 y 3 años cuyos padres deseaban enviarlos a guarderías, tanto públicas como privadas. Una decisión tomada después de lanzar campañas publicitarias sin éxito sobre el tema y el caso de Lia, una niña de Toscana afectada por una grave inmunodeficiencia y que no podía acudir a la escuela porque varios de sus compañeros de clase no estaban vacunados.

“Me dirijo a ustedes, señores que no han vacunado a sus hijos: ¿saben que en Estocolmo ha reaparecido la difteria y que en Alemania un niño murió recientemente de sarampión?”, decía en noviembre de 2016 la responsable de Salud de la región de Toscana, Stefania Saccardi. Los datos le daban la razón. Enfermedades que se creían erradicadas en Italia habían reaparecido, entre ellas la poliomielitis y la difteria. Más aún, en 2017, Italia fue el segundo país con más casos de sarampión en Europa. Rumanía se llevó la peor parte, con casi 5.560 infectados, seguidos por los 5,000 de Italia, de acuerdo con datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés). En toda Europa, la cifra total de casos se triplicó en 2016, llegando a los 14,450 casos registrados.

El problema se trasladó así al Gobierno nacional. Gentiloni, el primer ministro, aplicó la mano dura y, junto con Lorezin, promovió una ley —aprobada en julio de 2017— que estableció la vacunación obligatoria para niños de 0 a 6 años y sanciones para los padres que no cumplan con el calendario. Además, para inscribir a un niño en una escuela infantil se estableció la obligatoriedad de presentar diez vacunas (anteriormente eran cuatro): la difteria, el tétanos, la polio, la hepatitis B, la tos ferina, la Haemophilus B, el sarampión, la varicela, las paperas y la rubéola. También se introdujeron multas de 100 a 500 euros para los padres de los niños sin estas vacunas.

Manifestantes antivacunas protestan en las afueras de la Cámara Baja, en Roma. (EFE)
Manifestantes antivacunas protestan en las afueras de la Cámara Baja, en Roma. (EFE)

Protestas continuas

Incluso con la ley ya en vigor, los movimientos antivacunas han continuado no se han dado por vencidos. Desde su aprobación, han salido repetidamente a la calle para protestar contra la obligatoriedad —la última manifestación fue hace escasos días— y han hecho 'lobby' para atraer el interés de los partidos políticos italianos. El debate ha entrado así de lleno en la campaña.

La propia Lorenzin, la ministra de Salud, fundó una lista cívica para presentarse a los comicios italianos, Civica Popolare, con un eslogan que habla por sí mismo: “Vacunas contra la incompetencia”. Con ello, Lorenzin pidió a la comunidad científica que combata las convicciones de los antivacunas y, a pocos días de las elecciones, incluso se ha abierto una página del Ministerio de Salud e inaugurado una exposición —titulada "Mondo Vaccini" (Mundo Vacunas)—, cuyo objetivo es “contrarrestar las noticias falsas sobre las vacunas”.

En el bando opuesto, el líder de la xenófoba Liga Norte, Matteo Salvini, ha insistido en que él es “favorable a las vacunas, pero no a la obligatoriedad”, tal y como dijo el 22 de febrero en un encuentro con la asociación de la prensa extranjera, en el que también estuvo El Confidencial. Una posición que se suma a los temas de fricción con su aliado más poderoso, el partido Forza Italia, que lidera de Silvio Berlusconi. De hecho, Berlusconi ha apoyado la obligatoriedad al considerar que esta es “un deseo de la comunidad científica y un interés vital para los menores”.

Por su parte, Luigi di Maio, el líder del M5S, se ha distanciado de las posiciones de los antivacunas desde que el fundador de la formación, el cómico Beppe Grillo, se apartara del liderazgo de la misma. “Aún así, algunos importantes representantes del M5S siguen mostrándose cercanos a nuestras ideas, entre ellos la senadora Paola Taverna”, asegura Simion, en referencia a esta política que también ha sido secretaria de la comisión sobre Higiene y Salud del Parlamento italiano.

La industria farmacéutica, en cambio, ha optado de momento por un perfil bajo. “Más que involucrarnos en los debates políticos, nuestro objetivo es asegurarnos que la ciencia, y en particular las vacunas, sean entendidas en toda Europa”, ha dicho a la revista 'Politico Andrew Powrie-Smith', un portavoz de la lobby farmacéutica EFPIA. Una desconfianza, hacia esta industria, que también se basa en algunos casos dudosos que se han conocido en el país y que remiten al uso de las vacunas. Uno de ellos, destapado por la comisión del Parlamento italiano que investigó las decenas de extrañas muertes de militares italianos desplegados en zonas en las que se ha usado el uranio empobrecido, ha apuntado a que las culpables podrían ser precisamente las vacunas.

En tanto, el debate continúa y quizá el domingo se cobre alguna víctima política.

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