ABORTADO UN PLAN PARA ATENTAR CONTRA LA FIESTA

La peculiar 'yihad caribeña' que ha puesto en riesgo el Carnaval de Trinidad y Tobago

Este diminuto estado isleño es el país del hemisferio occidental que proporcionalmente más combatientes ha enviado al ISIS, y algunos han regresado. El fenómeno preocupa a los expertos

Foto: Participantes en el Carnaval de Puerto España, Trinidad y Tobago, en febrero de 2015. (Reuters)
Participantes en el Carnaval de Puerto España, Trinidad y Tobago, en febrero de 2015. (Reuters)

El pasado 8 de febrero, miembros de las fuerzas antiterroristas de Trinidad y Tobago, asistidas por asesores militares estadounidenses, detuvieron a cuatro sospechosos en Mohammedville, un suburbio al este de la capital, Puerto España. Aparentemente, estos presuntos yihadistas pretendían atentar contra el célebre Carnaval de esta nación caribeña de poco más de 1,3 millones de habitantes, situada frente a las costas de Venezuela. Las embajadas de varios países occidentales habían alertado sobre la alta probabilidad de que se produjese un ataque de este tipo, a pesar de lo cual el llamado Frente Islámico, un partido político de corte religioso, ha asegurado que las detenciones son un intento “de oprimir aún más a los musulmanes del país”. Por ahora, la investigación ha provocado otra decena de arrestos.

De hecho Trinidad y Tobago es, proporcionalmente, el país del hemisferio occidental con un mayor porcentaje de militantes del Estado Islámico. Según un reciente informe de la agencia de inteligencia privada Soufan Group, unos 130 yihadistas de esta nacionalidad han combatido en Siria e Irak, y ahora, al parecer, están regresando a casa. Un fenómeno que inquieta a los expertos.

"A los funcionarios estadounidenses les preocupa tener un campo de cultivo de extremistas tan cerca de EEUU, temiendo que los combatientes trinitenses puedan regresar desde Oriente Medio y atacar a diplomáticos norteamericanos o instalaciones petrolíferas en Trinidad, e incluso tomar un vuelo de tres horas y media a Miami", señalaba hace un año el New York Times en un reportaje sobre esta cuestión. No es mera paranoia: en 2012, un trinitense fue condenado por su participación en un complot yihadista para atentar en el aeropuerto JFK de Nueva York cinco años antes.

"A los trinitenses les va muy bien en el ISIS. Están muy arriba en sus filas, son muy respetados y hablan inglés. El ISIS los ha usado para la propaganda para difundir su mensaje por el Caribe, afirma John. L. Estrada, ex embajador de EEUU en el Caribe, en ese mismo artículo. De hecho, el número 15 de Dabiq, la desaparecida revista oficial del Estado Islámico, incluye una prominente entrevista con Shane Crawford, alias Abu Sa'dat at-Trinidadi, en el que insta a los musulmanes de su país a reconocer que viven en "un lugar donde no tienen honor y son forzados a vivir en la humillación, subyugados por los no creyentes", y a "aterrorizar a los infieles en sus propias casas y hacer que sus calles se inunden de su propia sangre". Otros militantes también han aparecido en varios videos de propaganda de la organización.

104.000 trinitenses son musulmanes, lo que supone alrededor de un 6% de la población. Algunos son descendientes de los trabajadores de las Indias Orientales traídos a mediados del siglo XIX durante la época colonial, mientras que otros pertenecen a la organización Jamaat Al Muslimeen, un grupo con un componente más político compuesto casi exclusivamente por personas de raza negra, muchos de ellos antiguos cristianos conversos. A pesar de ello, ninguna de estas dos versiones del islam está relacionada con el salafismo yihadista del Estado Islámico.

Yihadistas de Trinidad y Tobago en un video de propaganda del Estado Islámico
Yihadistas de Trinidad y Tobago en un video de propaganda del Estado Islámico

La única insurrección islámica de las Américas

Eso no quiere decir que estén exentas de radicalismo: en 1990, la Jamaat Al Muslimeen intentó un golpe de Estado en Puerto España. Como explica el periodista especializado en Islam Simon Cottee en un extenso reportaje en The Atlantic, el 27 de julio de ese año miembros de ese grupo tomaron el Parlamento, disparando al primer ministro Arthur Robinson y tomando como rehenes a sus ministros. Al mismo tiempo, otro grupo asaltó la sede de la televisión y anunció el derrocamiento del Gobierno. Las autoridades necesitaron seis días para vencer la insurrección, que se cobró dos docenas de vidas.

Pero muchos expertos creen que la verdadera causa de que las ideas yihadistas hayan cobrado cuerpo es el proselitismo wahabí: Arabia Saudí lleva años enviando misioneros al país y financiando centros de culto, lo que ha acabado por generar el caldo de cultivo perfecto para esta radicalización. Un signo claro de ello es la presencia del 'nikab', el velo integral completo: antes de la llegada de los misioneros, ninguna mujer de Trinidad lo vestía, mientras que ahora es algo relativamente común.

El fiscal general de Trinidad, Faris Al Rawi, niega que la situación esté fuera de control. "El número podría parecer más grande que en cualquier otra parte, pero no acepto ni por un momento que tengamos un problema mucho mayor que en cualquier otro sitio. No creo que seamos más vulnerables que cualquier otro país", dijo en una entrevista. Sin embargo, existen dos factores que estimulan el reclutamiento yihadista.

Como en otras latitudes, en muchos casos los militantes son antiguos delincuentes reconvertidos en militantes, y en Trinidad, como en el resto de la región caribeña, las bandas criminales no faltan. "Una banda proporciona una familia, modelos masculinos a seguir, un orden social, y promete acceso a lo que muchos hombres jóvenes creen que quieren: dinero, poder, mujeres, respeto. Un imán me dijo que en lugar de unirse a una banda local, algunos ven el viaje a Oriente Medio como unirse a otra banda", explica el antropólogo Dylan Kerrigan, que ha realizado investigaciones para los servicios antiterroristas de la ONU, en un reciente artículo en The Guardian.

El otro motivo es que, a diferencia de la mayoría de países del mundo, Trinidad y Tobago no tiene ninguna ley que prohiba viajar al 'Califato'. Eso, sumado a la ausencia de visado para los trinitenses en casi todo el Caribe, permite a los miembros de la organización una extraordinaria movilidad, que dificulta su monitorización. Aunque en muchos casos ni siquiera necesitan salir del país: los servicios de inteligencia trinitenses han detectado la existencia de campos de entrenamiento dentro de las propias islas y, como se ha visto estas semanas, es también posible encontrar buenos objetivos allí mismo. La amenaza, por tanto, es digna de consideración.

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