"hay que relanzar el diálogo este-oeste"

El plan de Italia para solucionar las mayores crisis de Europa: hablar con Rusia

Italia preside la OSCE con la guerra de Ucrania como prioridad. Su plan para solucionar los problemas más graves que afronta Europa pasa necesariamente por "relanzar el diálogo con Rusia"

Foto: Soldados ucranianos disparan una pieza de artillería contra posiciones separatistas en Novoluhanske, en la región de Donetsk. (Reuters)
Soldados ucranianos disparan una pieza de artillería contra posiciones separatistas en Novoluhanske, en la región de Donetsk. (Reuters)

“En 2018, el verdadero banco de pruebas para la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) será Ucrania”. En la inauguración de la presidencia rotatoria de la OSCE de Italia, Angelino Alfano, el ministro de Exteriores italiano, abordó con esta frase unas de las principales prioridades del país. Es un secreto a voces que Roma posee una histórica relación de contactos nunca interrumpidos con Rusia y que, pese a ello, hasta ahora su imagen en Ucrania no se ha deteriorado. De ahí que no sorprenda que la primera visita al extranjero de Alfano, como representante de turno de la organización, haya sido a Kiev y, posteriormente, a Moscú.

En lo político-militar, ha escrito Italia en el programa en el que enumeró a las prioridades de su mandato, la estrategia será la llevar adelante el “diálogo estructurado" sobre "los retos y los riesgos actuales y futuros para la seguridad en el área de la OSCE”. Traducción: el plan de Roma es continuar en la senda trazada por los último países que ostentaron la presidencia (Austria y Alemania), aunque aprovechando su papel de país 'equilibrista' en la relación con rusos y ucranianos. Y hacerlo apoyándose en una receta que se escuchó por primera vez en 2016, por boca de Frank-Walter Steinmeier, entonces ministro de Exteriores de Alemania (hoy presidente). Berlín también mantuvo una relación de proximidad con Moscú, por lo menos hasta el estallido de la guerra en Ucrania.

"Comunidad de seguridad" que incluya a Rusia

La idea del “diálogo estructurado” tiene su miga, puesto que uno de los objetivos es crear una “comunidad indivisible de seguridad” en la área Euroasiática, es decir, entre los países que integran OSCE y que incluya Rusia, tal como argumentó el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en diciembre en Viena. Un plan cuyo éxito es muy difícil, a pesar de que la OTAN no lo ha obstaculizado significativamente en lo diplomático, aunque sí sobre el terreno. Desde 2016 la Alianza ha desplegado varias importantes misiones en el norte y este de Europa y ha convertido a Montenegro en el 29 país miembro de la organización, obteniendo así un puesto de primera línea en el mar Adriático. Algo ello se suman las maniobras de Rusia, que también mantiene sus tentáculos en los Balcanes.

A pesar de todo, observadores como Alessandro Politi, director de la Fundación de la OTAN en Italia, minimizan esta contraposición entre la Alianza y Rusia. “La OTAN no está preparándose para afrontar una guerra en Europa, quiere más bien que se bajen los decibelios de las confrontaciones”, dice Politi a El Confidencial. “Por ello, toda iniciativa de la OSCE que vaya en esta dirección es bienvenida”, añade. Aun así, otros analistas subrayan que la iniciativa podría se rechazada por algunos países, en particular del Este de Europa y el Báltico.

La misión es también lograr que OSCE siga funcionando como estructura, en un escenario en el que ha erosionado la arquitectura internacional creada después de la Guerra Fría. Las discrepancias entre los estados dificultan que el organismo lleve adelante propuestas que deben ser aprobadas por los 57 países miembros deben estar de acuerdo para adoptar cualquier decisión, como también ha recordado Alessandro Azzoni, el representante italiano ante la OSCE. Por eso, “el diálogo tiene que ser con todos”.

En esta línea, según Politi, “Italia llevará adelante el lento trabajo de la diplomacia, sin modificar el camino ya trazado”, y podrá sobre la mesa también su experiencia en la resolución de los conflictos secesionistas (Sicilia, Tirol del Sur, Padania) que el país ha afrontado sin violencias de calado. “Es necesario que relancemos el diálogo entre Este y Oeste”, ha insistido Azzoni.

No en vano, se ha destacado que “se prestará la máxima atención a la función de la OSCE en los conflictos prologados”. Esto, en referencia a Nagorno Karabaj, el enclave que ha enfrentado a Azerbaiyán y Armenia y donde a comienzos de 2016 volvieron a estallar enfrentamientos; a Transnistria, una región prorrusa que se separó de Moldavia en contra de la voluntad del país; y al conflicto en 2008 entre Georgia, de un lado, y las repúblicas prorrusas de Osetia del Sur y Abjasia y la propia Rusia de otro. Todos territorios anteriormente pertenecientes a la URSS y asuntos por los que Moscú ha hecho peligrar en el pasado el presupuesto económico de la OSCE, sin el que el organismo no puede funcionar.

Marines rusos durante una ceremonia en la base de Sevastopol, Crimea. (Reuters)
Marines rusos durante una ceremonia en la base de Sevastopol, Crimea. (Reuters)

El Mediterráneo, en el centro

Otra cuestión que será prioritario para Roma es la inmigración, donde los esfuerzos diplomáticos italianos se han multiplicado durante el Gobierno del progresista católico Paolo Gentiloni. El objetivo es poner en marcha lo discutido durante la Conferencia de la OSCE para la región del Mediterráneo, una cita en la que Italia pidió mayor colaboración en la reubicación de los migrantes entre los países europeos e iniciativas ante la situación humanitaria en los países africanos de tránsito y origen de los inmigrantes que intentan viajar a Europa.

Una posición, esta, ratificada luego también en la cumbre de los países de EUMed (Italia, Francia, España, Chipre, Malta, Grecia y Portugal), en la que el grupo pidió “máxima solidaridad” y “decisiones firmes” para que “el peso” de la inmigración sea compartido a nivel comunitario. Un anuncio que supuso una clara toma de posición de este bloque ante las reticencias del Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia).

“La OTAN no está preparándose para afrontar una guerra en Europa, quiere más bien que se bajen los decibelios de las confrontaciones”

Pese a lo simbólico del acto -EUMed es un organismo de carácter informal- la declaración constituyó un toque de atención al venir de una organización compuesta por siete países del sur y centro de Europa que representan una población de más de 197 millones. La reunión, además, se llevó a cabo en momentos de gran activismo de Italia en el frente migratorio, tras el anuncio de una misión militar italiana en Níger y la continuación de sus operaciones en Libia, dos iniciativas activadas en el 2017 precisamente para frenar los flujos migratorios hacia el Mediterráneo central.

“El tema mediterráneo es clave para Italia. El país intentará a toda costa meter este asunto entre los temas a debatir en la agenda de la organización”, comenta Raffaele Michele, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Luiss de Roma. “No hay dudas de que, al ostentar el cargo, Italia podrá poner el acento sobre algunas cuestiones muy precisas”, ha razonado igualmente Roberto Virzo, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Sannio.

El punto de partida, en todo caso, es modesto. En lo que se refiere a la crisis ucraniana, el principal logro de la presidencia austríaca fue prolongar la misión de la OSCE en la frontera ruso-ucraniana, que se inició en julio de 2014. Por ello, el objetivo más inmediato de Italia es también “la plena actuación de los acuerdos de Minsk” de febrero de 2015. De hecho, si bien este pacto puso fin al enfrentamiento a gran escala y directo entre el Ejército ucraniano y los rebeldes prorrusos, todos los días se producen escaramuzas. Así, la cifra de muertos ha superado los 10.000 y los heridos suman casi 25.000 personas, entre civiles, militares ucranianos e integrantes de los grupos rebeldes, según cifras del Gobierno de Kiev.

Otra de las preocupaciones es la elevada corrupción que afecta al Estado ucraniano y la situación de los derechos humanos y sobre el estatus de Crimea, la península anexionada por Rusia en 2014. Dos puntos sobre los que la estrategia de Italia aún no es clara.

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