más de 200.000 personas viven allí

Narcoguerra en Rocinha: así es la favela donde ha muerto una turista española

La mayor favela de Brasil lleva meses envuelta en un enfrentamiento entre traficantes por el control del negocio. El reciente despliegue de policías y militares no ha servido para paliar la situación

Foto: Un miembro del ejército patrulla Rocinha durante una operación contra los narcos, el 11 de octubre de 2017. (Reuters)
Un miembro del ejército patrulla Rocinha durante una operación contra los narcos, el 11 de octubre de 2017. (Reuters)

Ha sido la crónica de una muerte anunciada. Desde que el pasado 17 de septiembre empezó una narcoguerra sangrienta y despiadada en la Rocinha, la mayor favela de Río de Janeiro y de Brasil, el número de víctimas mortales tanto civiles como militares no ha parado de subir. Ayer la escalada de terror culminó con el fallecimiento de María Esperanza Jiménez Ruiz, una turista española de 67 años que había acudido a esta favela para realizar una visita, a pesar de la situación de peligro que se vive en esta región desde hace más de un mes. Las primeras informaciones apuntan a que el conductor de su coche se saltó un control policial y los agentes dispararon, ajenos al hecho de que se trataba de turistas.

La tensión se corta con el cuchillo en este barrio de baja renta, donde viven 70.000 personas según el censo oficial, y más de 200.000 según el cálculo de los propios residentes. Todo empezó durante la celebración de la séptima edición del festival Rock in Rio, cuando un comando de hombres equipados con armamento bélico pesado invadió esta favela para hacerse con el control de uno de los puntos de ventas de drogas más rentables de la Cidade Maravillosa.

“Esto es el infierno. No podemos salir de casa. Mi calle está llena de sangre y de cuerpos decapitados y quemados. Se oyen ráfagas de fusiles a todas horas. Tengo mucho miedo”, contó un residente de esta favela a esta periodista, al mismo tiempo que enviaba un audio que demostraba la virulencia de los ataques a su alrededor. “En los tres años que llevo en la favela, nunca he visto algo parecido. Hace dos días que no puedo salir para ir al trabajo. Estamos presos en casa como cucarachas. Esto no es vida”, dijo este joven, que prefiere no se ser identificado por miedo a posibles represalias y al que atribuimos el nombre ficticio de José.

La terrible contienda que se libra a escasos kilómetros de la playa de Ipanema opone a dos bandos de la misma facción de narcotraficantes, llamada Amigos de los Amigos (ADA). El 'boss' que ha lanzado la ofensiva se llama Antônio Francisco Bonfim Lopes, pero es conocido con el apodo de Nem. Este hombre de 41 años, con un pasado de honesto trabajador y una trayectoria meteórica en el mundo del crimen, es considerado por algunos un demonio y por otros una especie de Robin Hood tropical.

El pasado mes de agosto Nem, que está encarcelado en una prisión de máxima seguridad en el Estado de Rondonia, en el norte de Brasil, ordenó que su sucesor al frente de los negocios, Rogério Avelino da Silva, Rogério 157 para los amigos, dejase la favela. Una de las razones de la ruptura podría deberse a las malas relaciones que Rogério mantenía con Danúbia Rangel, la esposa de Nem que aspiraba a tener más poder en la gestión de los negocios en la Rocinha. Cabe destacar que hace justo un año un violento motín en una cárcel de Rondonia dejó ocho muertos y dio inicio a una serie de rebeliones en varias prisiones de la región amazónica, que destaparon una alianza entre el comando carioca ADA y los narcos del Tercero Comando Puro, de São Paulo, con el objetivo de controlar el flujo de cocaína procedente de Perú.

Rogério no acató la orden de su antiguo jefe, muy activo a pesar de la reclusión, y fue más allá. El 13 de agosto tres hombres de confianza de Nem fueron encontrados muertos en un coche en la carretera de acceso a la Rocinha. Poco después, aliados del exjefe de la favela fueron expulsados del lugar. La cúpula de la facción ADA, con el apoyo del Tercero Comando de la Capital de São Paulo, decidió reaccionar y unirse para desterrar a Rogério de la Rocinha. Rogério por su parte aceptó la ayuda de una facción enemiga, el temido Comando Vermelho (Comando Rojo).

Un grupo de jóvenes de Rocinha observan una marcha que pide paz, el 19 de octubre de 2017. (EFE)
Un grupo de jóvenes de Rocinha observan una marcha que pide paz, el 19 de octubre de 2017. (EFE)

Militares en la favela

Tras unos días de intensos tiroteos, el 24 de septiembre el Gobierno central decidió enviar un contingente de 950 soldados para intentar reestablecer el orden. Los militares cercaron los accesos a la favela, sin conseguir aportar una solución definitiva. Cinco días después, abandonaron la Rocinha y los combates fueron reanudados, mientra la violencia se recrudecía.

En la semanas siguientes, los tiroteos se convirtieron en el pan de cada día para los habitantes del lugar. “La noche que tuve que acompañar a mi cuñada al hospital para parir a su segundo hijo fue terrible. Por la tarde un helicóptero de la Policía Militar comenzó a disparar de forma indiscriminada sobre la población. Volaba muy bajo y vomitaba ráfagas de fusil sin piedad. Recuerdo el sonido amenazador de ráfagas larguísimas y los gritos asustados de los niños. Estábamos todos encerrados en casa, sin ninguna intención de pisar la calle, hasta que mi cuñada rompió aguas”, contó José en un encuentro posterior con El Confidencial.

“Tuvimos que salir a la fuerza para ir al hospital, pero en la puerta de mi casa había un cadáver con un cuchillo clavado en la espalda. Al lado, un cuerpo acribillado a tiros. Tuvimos que mancharnos los zapatos de sangre para que mi cuñada pudiese dar a luz. Lo que sale en la prensa no es ni el 5% de lo que realmente pasa en la Rocinha. Es peor que una película de miedo. Mi sueño es pillar un buen curro y poder sacar a toda mi familia de allí”, asegura José.

La narcoguerra de la Rocinha tiene todos los ingredientes de una serie televisiva sobre narcos, con intrigas, traiciones y efectos de sorpresa. La lista de personajes cinematográficos es inmensa. Por un lado está Danúbia Rangel, la mujer de Nem, arrestada el pasado 10 de octubre tras una larga investigación policial. Esta rubia despampanante de 33 años se había pasado las semanas anteriores a su detención mostrando su generosos pechos en Instagram y jactándose de ser una “reina”.

Con un largo historial delictivo y mucha experiencia en el negocio de la droga, Danúbia era conocida como la Viuda Negra, porque había estado casada con otro narco que fue asesinado por la Policía, y como la Sheriff, por sus amplias responsabilidades en la Rocinha. A finales de septiembre había sido expulsada de la Rocinha por su enemigo número uno, Rogério 157, y se había escondido en casa de una amiga para escapar al cerco policial. Allí permaneció, conectada con el mundo a través de Instagram, hasta que fue detenida. Lo peor para ella fue tener que soportar la humillación de aparecer en los periódicos luciendo un look muy poco glamouroso y bastante diferente del que presumía en las redes sociales.

Rogério 157 es el otro gran protagonista de esta violenta contienda. Su apodo se debe al artículo 157 del Código Penal, que tipifica el robo. Originario del Estado de Minas Gerais, comenzó su carrera en el crimen vendiendo objetos robados por los narcos. Su popularidad alcanzó el tope en el año 2010, cuando invadió un hotel de lujo en el barrio de São Conrado junto a una decena de criminales de la Rocinha, después de una operación policial en su favela. Los criminales, armados con fusiles, pistolas y granadas, hicieron 35 rehenes entre huéspedes y trabajadores. Su alianza con Nem se remonta a esta época.

Despliegue de soldados en Rocinha, el pasado 10 de octubre de 2017. (EFE)
Despliegue de soldados en Rocinha, el pasado 10 de octubre de 2017. (EFE)

La milicia de Rogério

En la actualidad sus actividades ilegales le reportan cerca de 100.000 reales por mes (unos 26.600 euros). Además de la venta de drogas, este narco ha implantando una especia de milicia dentro de la favela, es decir, una red de extorsión parecida a la Camorra napolitana, que controla las principales actividades económicas de la Rocinha. Los hombres de Rogério cobran impuestos a los comerciantes y a los mototaxistas. Recientemente habían duplicado el precio de la bombona de gas para financiar la compra de armas, lo que enfureció a Nem, conocido por su perfil asistencialista.

El propio Nem es un personaje que parece haber salido de la imaginación de un guionista. Trabajó durante años como repartidor de la revista asociada a la principal compañía de Internet y de televisión por cable. Durante 25 años se resistió a la atracción que la vida de los narcos ejerce en muchos jóvenes de la favela. En 1999 acabó rindiéndose a sus encantos para poder costear los carísimos tratamientos médicos de su hija de nueve meses, a la que le habían diagnosticado una enfermedad rara. Su perfil criminal es tan refinado que ha llegado a seducir al periodista británico Misha Glenny, que el año pasado publicó una biografía del que es posiblemente el narcotraficante más peligroso de Brasil en la actualidad.

En septiembre, al principio del confronto bélico que ha causado la muerte de la turista española, Nem tuvo la osadía de ofrecer al Estado de Río de Janeiro una solución para la reciente ola de violencia. A través de su abogado Jaime Fusco, se propuso como mediador a cambio de ser trasladado a una cárcel en Río de Janeiro o por lo menos en una ciudad más cerca. “La idea es colocarnos a disposición del Gobierno del Estado para buscar juntos una salida a esta ola de violencia. Si el abogado es esencial para la Justicia, el criminalista es fundamental para promover la paz. Río vive un momento delicado. Somos autoridades y sabemos que podemos ser mejor aprovechados por el Estado para que haya este diálogo”, dijo el abogado de Nem. La respuesta de Roberto Sá, secretario de Seguridad de Río de Janeiro, fue tajante. “La Policía no negocia con los criminales. Lo que la Policía hace es descubrir al criminal, arrestarlo y entregarlo a la justicia”, dijo al día siguiente.

Desde entonces, los combates han seguido con virulencia en la ciudad más turística de Brasil, que se prepara para la celebración de la tradicional Noche Vieja. La famosa fiesta al aire libre en la playa de Copacabana congrega cada año a cerca de dos millones de personas, de los que unos 865.000 son turistas. A pesar de este escenario bélico, las empresas turísticas han seguido promocionando las visitas a la Rocinha y a otras favelas, indiferentes a los riesgos que conllevan.

A principio de octubre el Confidencial acompañó a un grupo de extranjeros que acudió en todoterreno a esta favela, inconscientes del peligro que corrían. Tanto la carretera de acceso como las propias calles de esta comunidad estaban llenas de policías armados de fusiles. Los turistas entrevistados dijeron que no sentían miedo y manifestaron el deseo de conocer una favela por dentro.

Todavía es pronto para saber qué llevó a la española María Esperanza a visitar la Rocinha junto a su hermano y a su cuñada. Recientemente, los guías oficiales que residen en varias favelas habían conseguido la promesa de Riotur, el organismo turístico de Río de Janeiro, de que volvería a incluir las favelas en los mapas turísticos de la ciudad. La administración había excluido esta información frente al aumento de violencia en las principales favelas de Río. Ahora queda por ver si los turistas extranjeros seguirán acudiendo a estos barrios encaramados en las montañas de la ciudad, en busca de emociones fuertes y de una experiencia diferente.

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