fuerte carácter intergubernamental de la UE

Cataluña: ¿encaja una independencia en el puzle europeo?

La pieza de la independencia de Cataluña, a la espera del devenir de los acontecimientos, a día de hoy no se encuentra entre aquellas con más fácil encaje

Foto: Eurocámara de Estrasburgo. (EFE)
Eurocámara de Estrasburgo. (EFE)

La independencia de Cataluña sacudiría la Unión Europea. Y, ahora que tras una década de crisis las aguas parecen volver a calmarse, justo cuando se quiere inaugurar el 'renacimiento europeo', son muchos los que miran con preocupación hacia España. Al sentimiento le ha puesto palabras Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea: “No me gustaría (…) Ya es relativamente difícil con 28 países, con 27 no va a ser más fácil, pero con 98 creo que esto es imposible”.

¿Hay lugar en la Unión Europea para una Cataluña independiente? Hay quien no dudaría en responder a esta pregunta a la ligera. “No, porque se quedaría fuera al separarse de España”, dirían unos. “Sí, porque Europa al final los reconocerá como demócratas y les abrirá sus brazos”, asegurarían otros. Pero la cuestión es mucho más compleja: se entrelazan el derecho, la política y la historia. Y además, salvo imprevistos, una Cataluña independiente no va acorde con el 'zeitgeist', el 'espíritu del tiempo', que se respira en Europa. Y los motivos son varios.

No más retrasos al 'renacimiento europeo'

Tras una década de crisis, la Unión Europea sabe que al fin ha llegado el momento de calentar motores para emprender reformas de calado. El Brexit, el empuje que ha supuesto la victoria del francés Emmanuel Macron y la reelección de Angela Merkel en Alemania sientan las bases para que arranque al fin la discusión sobre qué futuro quiere Europa. Y, ahora con las aguas más calmas, nadie tiene ganas de abrir un nuevo frente, menos aún uno que desestabilice España.

Una Cataluña independiente no va acorde con el 'zeitgeist', el 'espíritu del tiempo', que se respira en Europa. Y los motivos son varios

“La UE tiene un problema claro con que los países y las regiones reclamen su soberanía para poder decidir sin coordinarse con otros (…) Y si los países son soberanos, es evidente que cuantos más haya, más difícil será poder impulsar proyectos”, apunta Berta Barbet, investigadora posdoctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona. Una dinámica que no encaja con las aspiraciones de crear proyectos como “presupuestos para la eurozona” o un “fondo monetario europeo”.

Además, España forma parte junto a Italia del 'Grupo de Versalles' en el que el eje franco-alemán pretende apoyarse para sacar reformas adelante. Además, en la UE se pone mucho en valor el modo en que España ha logrado volver a salir a flote tras el rescate financiero y no interesa que la cuarta economía de la eurozona vuelva a estar en el disparadero de los mercados financieros, pese a que por el momento estos no han dado grandes signos de nerviosismo.

¿Un efecto dominó?

“Si ustedes dejan que España se rompa por Cataluña, una fila de fichas de dominó la seguirá por todo el continente, y en lugar de una Europa a Veintisiete tendríamos una Europa de miniestados”. La advertencia la lanzó el líder del PP español en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons. Un temor que tiene eco en algunas capitales de países con regiones que tienen fuertes identidades, como Alemania, Italia o Francia.

Esteban González Pons. (EFE)
Esteban González Pons. (EFE)

Otros países —como los Bálticos, Eslovenia o Bélgica— tienen una mayor sensibilidad hacia los reclamos independentistas de Cataluña. Pero su peso no es suficiente como para crear una corriente de opinión que cambiara las tornas, por lo que salvo que los acontecimientos se precipitaran, la independencia de la región cuenta con muy pocos —y no explícitos— apoyos.

Un club de estados

La Unión Europea es un proyecto de estados. Y, por paradójico que parezca, un proyecto supranacional en que los países ceden competencias, al mismo tiempo, refuerza la importancia de las capitales. Ya lo decía Macron: “Mi único interlocutor es Mariano Rajoy”. Ninguna región puede sentarse a la mesa donde dialogan las cabezas de los estados centrales. Y es precisamente en este foro donde se toman las decisiones que cambiar el rumbo de la UE, para bien y para mal.

Aunque la UE cuenta con instituciones europeas, estas dependen mucho de las capitales. Y, como bien saben tanto la Comisión Europea como la Eurocámara, no pueden hacer mucho en contra de ellas. Incluso si estas quisieran mediar —un jardín que se prefiere evitar— en la cuestión catalana, nunca lo harían sin el apoyo de los países. Bruselas como tal no es una vía de escape para los independentistas.

“El problema [para los independentistas] está en la naturaleza misma de la UE como club de estados. En su momento se habló de la idea de ‘ampliación interna’ de la UE, algo que no ha encontrado acomodo en ningún discurso europeo sencillamente porque la respuesta ha sido que es un asunto interno y que debe resolverse de acuerdo a la ley”, subraya Pol Morillas, investigador principal para Europa de CIDOB.

La UE, el último dique de contención

“Dicho de una manera un poco bruta: Europa ha sido el DIU de la DUI [declaración unilateral de independencia]. Lo que convierte en imposible una independencia en 2017 es ser miembro de la UE”, asegura una fuente comunitaria a El Confidencial. ¿Es la UE la mejor vacuna contra secesiones? Ahora que desde Bruselas se advierte de que separarse de un Estado miembro supone abandonar la UE, con todo lo que esto conllevaría, la Unión se ha convertido en un elemento desincentivador para los independentistas. Pero no siempre se ha visto así.

Sandra León: "El papel de la Unión Europea en el encaje del nacionalismo catalán, y de otros nacionalismos en Europa, es ambivalente"

“El papel de la Unión Europea en el encaje del nacionalismo catalán, y de otros nacionalismos en Europa, es ambivalente”, explica Sandra León, politóloga y profesora en la Universidad de York. Y es que hay quien considera que la integración en la Unión mina a los países, al debilitar algunas de sus competencias tradicionales como la Defensa —uno de los grandes proyectos que se espera abordar en la nueva reforma europea— y la gestión del mercado común. “En consecuencia, reduce la necesidad de pertenencia a una estructura estatal”, apunta León.

Pero al mismo tiempo la UE tiene un fuerte carácter intergubernamental, y los estados se respaldan los unos a los otros. Siempre ha sido así en la construcción europea, donde las regiones apenas han tenido voz, pese a la existencia de una institución llamada comité de las Regiones, que no tiene peso alguno en el universo decisorio de Bruselas.

Durante la crisis, el papel de las capitales se reafirmó. Y tanto las dinámicas internas como las propuestas que circulan apuntan a que esto va a seguir siendo así. No está claro qué tipo de puzle es el que se está ahora construyendo en la UE, pero sí que algunas piezas tienen más fácil encaje, mientras que otras parece que se quedarán fuera de la mesa de juego. Y la de la independencia de Cataluña, a la espera del devenir de los acontecimientos, a día de hoy no se encuentra entre las primeras.

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