¿hay un conflicto no declarado en río?

Periodismo de guerra a la fuerza en un país rico que (oficialmente) no está en guerra

2.900 muertos entre enero y mayo. 14 tiroteos diarios y un robo cada dos minutos. La escalada de violencia lleva a uno de los principales periódicos de Río a crear una sección de guerra

Foto: Agentes de policía toman posiciones tras un tiroteo en la favela Pavao Pavaozinho, en Río de Janeiro. (Reuters)
Agentes de policía toman posiciones tras un tiroteo en la favela Pavao Pavaozinho, en Río de Janeiro. (Reuters)

“Mi trabajo se parece al de un reportero de guerra porque lo que estamos viviendo en Río de Janeiro es una guerra. Hay 98 policías asesinados en menos de un año. Eso no es normal”. Ivan Teixeira es un avezado periodista de sucesos que trabaja en el 'Jornal de Hoje', un periódico local de la Baixada Fluminense. Esta región registra el 33% de todos los casos de violencia del Estado de Río de Janeiro. Se trata de más 5.000 personas asesinadas en los últimos cuatro años.

Todos los días, de lunes a viernes, Ivan acude a la Delegación de Homicidios de Belford Roxo, el municipio con el mayor número de muertes violentas de la región. De allí se dirige al lugar del crimen –siempre hay al menos uno, no falla– a bordo de una Fiat 1 en compañía de su conductora Marcia y de su Nikon 3200. “Acabo de volver de Areia Branca, un sitio muy peligroso de Belford Roxo, completamente dominado por los narcos. Un joven de 20 años ha sido asesinado con balas y puñaladas. Esta modalidad es nueva, no la había visto nunca”, cuenta a El Confidencial.

A sus 58 años, llleva más de 30 en la profesión. Gana 1.500 reales por mes (unos 403 euros), que le sirven para complementar su pingüe jubilación. “Creo que voy a trabajar hasta que me muera. Me encanta lo que hago, acompañar a la Policía y participar en las operaciones”, reconoce este reportero, que de joven quiso ser agente. Iván se inició en el reporterismo desde lo más bajo, vendiendo periódicos en el tren. “Después trabajé en la imprenta, cuando todavía se usaban los fotolitos. Allí me apasioné por la fotografía. Hice un curso, empecé a salir para hacer las fotos y con el tiempo acabé escribiendo también el texto”, cuenta Ivan, cuyo sueño sería cubrir un conflicto como el de Irak o Siria. “Me encanta la adrenalina, creo que nací para esto”, agrega.

El Estado ha perdido el control en 843 áreas de la ciudad, según un estudio de la Secretaría de SeguridadEn la región suburbana en la que vive y trabaja, adrenalina no le falta. Desde que en Río de Janeiro fueron implantadas las Unidades de la Policía Pacificadora (UPP), hace una década, los índices de criminalidad subieron vertiginosamente en esta parte del Estado de Río. Muchos criminales y narcos huyeron de las favelas ocupadas por las fuerzas de seguridad y se establecieron en los municipios de la Baixada Fluminense, donde siguieron con sus negocios basados en la droga y la violencia.

“Yo he visto muchas veces la muerte de cerca. Una vez aquí, en Belford Roxo, fui a cubrir un homicidio en una favela llamada Castelar, pero los narcos me expulsaron. Un tipo con cara de pocos amigos me dijo que tenía dos minutos para irme del lugar. La Policía ni siquiera había llegado todavía. Había muchísimos hombres armados con fusiles y pistolas. Yo pensé que ese día iba a morir, que me dispararían por la espalda en cuanto me diese la vuelta. Comencé a caminar y esperé los tiros resignado, pero no ocurrió nada gracias a Dios”, cuenta Ivan. “Otra vez en la favela de Rocinha [una de las mayores de América Latina] un niño de 12 años me apuntó una arma a la cabeza porque no creía que tuviese el permiso de la Asociación de Moradores (residentes) para entrar. Solo no me mató porque un vecino intercedió y le pidió que me dejase salir con vida de la favela. Hoy es común ver a chicos de 12 ó 13 años armados con fusil”, añade.

Desde la semana pasada, uno de los principales periódicos de Río de Janeiro ha dicho basta a la escalada violencia y ha decidido crear una sección llamada “Guerra”. En su editorial, la dirección de 'Extra', que pertenece al grupo 'O Globo', explica las razones de una decisión tan atrevida. “La creación de una sección de guerra fue la forma que encontramos de gritar: ¡esto no es normal! Es la opción que tenemos para no dejar nuestra mirada periodística acomodada delante de la barbarie. Somos conscientes de que el discurso de guerra, en caso de ser desvirtuado, sirve para encubrir la truculencia policial que primero dispara y después pregunta. Pero defendemos la guerra basada en la inteligencia, en la lucha contra la corrupción y que tenga como blanco no a la población civil, sino el poder económico de las mafias y de todas sus articulaciones. (…) Tenemos la esperanza de perder, un día, el título de ser el único diario del planeta que tiene una sección de guerra en un país que se resiste a reconocer que está en guerra”.

El Confidencial ha visitado la redacción de 'Extra', situada en el centro de la ciudad. El viceredactor jefe de la sección local, Giampaolo Braga, y el reportero Rafael Soares reconocen que hubo un debate interno sobre la nueva nomenclatura. “La idea partió de Octávio Guedes, director de redacción, quien considera que lo que está sucediendo en Río de Janeiro se sale del padrón de normalidad, de lo que él llama de padrón de civilización”, explica Giampaolo. “Hurtos y robos acontecen en cualquier gran ciudad del mundo, pero ver a un ambulante que vende perritos calientes atracado a punta de fusil o un feto de casi nueve meses asesinado en la barriga de su madre ante de nacer por una bala perdida se sale de la normalidad”, añade este periodista, en referencia a un suceso que recientemente ha sacudido la conciencia colectiva de Río.

El debate se debe a la elección del nombre de la nueva sección. La palabra guerra tiene una carga semántica y simbólica muy fuerte. “No hubo unanimidad en la redacción. Pero llegamos a la conclusión de que el nombre no iba a cambiar el trabajo de denuncia y de apoyo a los derechos humanos de los residentes de las áreas más pobres, que venimos haciendo desde hace cinco o seis años”, asegura Rafael. Al final se llegó a un acuerdo. “El significado de esta sección de Guerra es intentar no normalizar lo que es anormal o bizarro”, agrega este reportero de 26 años.

¿Hay una guerra no declarada en Río de Janeiro? Los datos muestran que 2016 se registraron 4.212 tiroteos, un 30% más que en 2015 y un 400% más que en 2011. En lo que va de año, la media ha sido de 14 tiroteos diarios y de un robo o hurto cada dos minutos. Entre enero y mayo de 2017, más de 2.900 personas han muerto de forma violenta. Para completar este escenario aterrador, cerca 10.000 efectivos del Ejército brasileño han sido desplazados a la Cidade Maravilhosa para intentar restablecer el orden y la paz. Además, un reportaje exclusivo realizado por Rafael Soares muestra que el Estado ha perdido el control en 843 áreas de la ciudad, según un estudio confidencial realizado por la Secretaría de Seguridad de Río.

Efectivos del ejército brasileño patrullan la favela de Manguinhos, en Río de Janeiro. (Reuters)
Efectivos del ejército brasileño patrullan la favela de Manguinhos, en Río de Janeiro. (Reuters)

La rutina de tiroteos entre narcotraficantes y policías está alcanzando niveles inéditos. Esta semana, 27.000 alumnos residentes en varias favelas se quedaron sin clases. En la comunidad de Jacarezinho, donde ha habido casi dos semanas ininterrumpidas de combates armados, varias escuelas han cerrado sus puertas por precaución y no tienen previsión de reapertura.

Los periodistas, como la mayoría de los cariocas, también se ven afectados por esta guerra que sacude solo algunos barrios de Río de Janeiro. El pasado 17 de julio, la reportera de televisión Anabel Reis se quedó atrapada en la 'Linha Vermelha' (Línea Roja), la carretera que une el aeropuerto con el centro. Anabel estaba volviendo a la redacción después de grabar un reportaje para su programa, 'Balanço Geral', de la cadena Record, cuando se topó con un atasco descomunal causado por un fortísimo tiroteo entre narcos y Policía. Aprisionada en la línea de tiros juntos a decenas de personas que intentaban volver a su casa después del trabajo, hizo lo mejor que sabe hacer: informar. Y lo hizo casi esquivando las balas, como puede verse en este vídeo.

“La sensación era que en cualquier momento cualquiera de nosotros podía recibir el impacto de una bala, porque los tiros venían de varias direcciones. Había un policía en el medio de la calzada. Teníamos miedo de que los narcos intentasen abatirlo y por error acertasen a algún civil”, cuenta Anabel a este diario. “Lo que más me marcó es que había varios niños llorando, muertos de miedo. Los padres consiguieron dejarlos en el recinto del batallón de la Policía, pero no pudieron entrar con ellos. También encontré a una señora embarazada que intentaba protegerse de los tiros detrás del lateral del coche. Otra escena surrealista fue la de una señora mayor sentada fuera del coche en una silla de playa, la típica silla plegable que todo el mundo en Río lleva en el maletero. La señora tuvo que bajar del coche por seguridad, pero no tenía fuerzas para quedarse en pie y recurrió a la silla de playa, hasta que la Policía le pidió que se resguardase en el lateral de la calzada”, agrega.

Esta reportera de 28 años asegura que no sintió miedo y que se concentró en el reportaje. Sin embargo, este episodio le sirvió para reflexionar sobre el grado de peligro que existe en su ciudad. “Fue la primera vez que presencié un tiroteo tan intenso. Me impactó más como ciudadana que como periodista. No me gustaría pasar por esta situación si estuviese yendo o volviendo del aeropuerto”, asegura. Aún así, Anabel rechaza la etiqueta de reportera de guerra. “No estamos en guerra todo el tiempo. Pero es verdad que hay días en que afrontamos situaciones anormales y en los que me siento en una guerra”, reconoce.

De hecho, cuando acompaña a la Policía en alguna operación Anabel se ve obligada a usar un chaleco antibalas, con el que incluso aparece en cámara. “A lo mejor no me gusta usar la palabra guerra porque sugiere una solución a través de un conflicto armado. Y yo no creo en esta solución. Las fuerzas del orden pueden incluso ganar una batalla, pero cada vez que arrestan o matan a un narcotraficante, hay muchos jóvenes que quieren ocupar su puesto. Es una realidad muy compleja. Me incomoda la palabra guerra porque aquí nadie va a rendirse, ni va a haber acuerdos de paz”, reflexiona.

Casquillos de bala reunidos por los residentes de un barrio de Río tras un tiroteo entre policía y narcos. (Reuters)
Casquillos de bala reunidos por los residentes de un barrio de Río tras un tiroteo entre policía y narcos. (Reuters)

Al preguntar a estos periodistas cuál es la escena más fuerte que han presenciado en todos los años que llevan recorriendo los lugares más peligroso de Río, y tal vez de América Latina, no dudan en hablar de los niños. “Una imagen que no sale de mi cabeza es la de un chaval asesinado con un tiro en la cabeza al que tuve que fotografiar. Todavía tenía lágrimas en los ojos. Apareció en el barrio de Tinguá, en Nova Iguaçú, y hasta hoy nadie sabe quién le mató y por qué. Esta imagen me chocó”, cuenta Ivan. ('Jornal de Hoje')

“Hace dos años un chico de 11 años fue llevado a la Comisaría y salió el mismo día, porque no tenía ni edad para ser arrestado. Me pasé una semana buscándolo, hasta que lo encontré en una favela de Río, el morro de Tuiuti. Le entrevisté y me quedé varios días pensando en este niño de 11 años que no tenía casa y que vivía huyendo. Su familia, miserable y desestructurada, no sabía nada de él. El chico me dio la entrevista fumando un porro enorme de marihuana. Era muy conocido en su comunidad. Hasta hoy me pregunto qué habrá sido de él. Me gustaría encontrarlo de nuevo”, relata Rafael. ('Extra')

“Hubo otra historia que cubrió Rafael. Era también un chico de 11 años que murió en un tiroteo con la Policía en la favela de Lins. El niño siempre estaba armado. Encontramos un vídeo en el que estaba jugando con una cometa, con su pistola enfundada en el bermuda. Cuando ves a niños de 10 u 11 años disparando a los policías, te preguntas si hay una forma de invertir este proceso de reproducción de la violencia. Son niños que por su edad ni siquiera son imputables”, afirma Giampaolo ('Extra').

Estamos viviendo una guerra en la que el narco siempre vence. No imagino un buen futuro para Río, ni para Brasil“Lo que más me impacta es el efecto de la violencia en los niños, como es del caso de las escuelas que quedan muy cerca de las zonas de tiro. Me choca que el día a día de estos niños sea tan violento. Viven una realidad muy diferente de los otros niños que habitan en barrios residenciales. Ver a pequeños que saben cómo protegerse de los tiros, que saben comportarse en estas situaciones de violencia extrema es chocante”, añade Anabel (TV Record).

La mayoría de estos periodistas ve el futuro con cierta preocupación. “Estamos viviendo una guerra en la que el narcotráfico siempre vence. No imagino un buen futuro ni para Río de Janeiro, ni para Brasil. Nuestros gobernantes están robando en vez de pensar en la población y de la seguridad pública. Y encima quieren esconder la realidad de Río de Janeiro. ¿Te parece normal que haya tantas personas muriendo por balas perdidas? Esto es lo que quieren esconder, pero no lo van a conseguir. Lo periodistas vamos a seguir contando lo que vemos, a pesar de las amenazas”, asegura Ivan.

El joven Rafael Soares también admite que ha recibido intimidaciones de algunos policías por sus coberturas. “Los narcos no amenazan a los periodistas que hacen reportajes en contra de ellos, los policías sí. Tienen más facilidad para encontrarme que los narcos, que viven presos en las favelas”, afirma este reportero, que desea una reforma estructural en Río de Janeiro que pasa por ampliar la inversión en educación y sanidad. “El problema es que es una cuestión política muy problemática. En los últimos años hemos visto que nuestra clase política no está preocupada con los intereses de la población, pero no podemos perder la esperanza”, dice.

Su jefe critica el gasto realizado en los últimos años en el Estado de Río para mejorar los niveles de seguridad pública. Ha sido una batalla perdida, según él, por la megalomanía del exgobernador de Río de Janeiro, actualmente encarcelado por corrupción y malversación. “Se han gastado en seguridad casi 50.000 millones de reales (13.438 millones de euros). Ha sido un inversión brutal: se ha destinado más dinero para la seguridad pública que para la educación y la sanidad. La plantilla de la Policía aumentó de 32.000 a 50.000 agentes. Se desperdició un río de dinero en comprar equipamientos y en formar a nuevos policías y hoy la situación está peor que antes”, señala Giampaolo.

Para este periodista, en Río no van funcionar las soluciones “incrementales” de siempre, como aumentar el número de policías en la calle o recurrir al Ejército. “Son necesarias otras medidas más disruptivas. Tal vez la única salida sea despenalizar las drogas a nivel nacional: acabar con el narcotráfico acabando con las drogas ilícitas. Solo que esto es un debate complejo que genera resultados complejos y a largo plazo”, concluye.

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