los cubanos comienzan a despedirde de castro

Cuba, entre los chistes de Fidel, el luto cerrado y lo desconocido

Al margen de pintoresquismos, la ausencia de Fidel deja un vacío difícil de asumir los dirigentes del país y su población, que sigue sumida en una especie de shock colectivo

Tres accesos diferentes a la Plaza de la Revolución y tres puntos de homenaje exactamente iguales. Y en ninguno se observa a simple vista la presencia de las cenizas de Fidel Castro. Solo una gran fotografía del Comandante, en la que se le ve de cuerpo entero mirando al horizonte y ataviado con su icónico uniforme verde olivo.

El memorial a José Martí de la Plaza de la Revolución abrió hoy sus puertas para que los cubanos puedan despedirse de Fidel Castro, cuyas cenizas han sido instaladas en ese emblemático lugar de La Habana, donde permanecerán dos días. Cientos de personas hicieron cola desde primera hora aguardando a que dieran las nueve de la mañana en Cuba para rendir tributo al padre de la revolución en el mismo escenario en el que pronunció la mayor parte de sus largas arengas.

A la misma hora a la que comenzaba este homenaje se dispararon simultáneamente en La Habana y Santiago de Cuba 21 salvas de artillería en homenaje a Castro, que murió a los 90 años tras una década alejado del poder por problemas de salud.

Los chistes de Fidel

De pronto, mueren a la vez Putin, Bush hijo y Fidel. Los tres van a dar de cabeza al infierno y se encuentran con el diablo, que les promete castigos terribles. Ninguno se inmuta: su mayor preocupación son los asuntos que dejaron pendientes en la tierra. Entonces, deciden cerrar un pacto con el demonio. “Te pagaremos lo que quieras, pero tenemos que llamar al reino de los vivos”, le dicen. El primero en tomar el teléfono es el ruso. Habla solo unos segundos, pero el diablo es inflexible: debe pagar millones. Lo mismo sucede con Bush. Al final, llega el turno de Fidel. Promete ser breve, pero toma impulso al calor de su propia prédica y termina convirtiendo su llamada en un discurso de horas mientras sus colegas se frotan las manos esperando el 'facturón'. “¿Me demoré un poquito, eh? ¿Cuánto te debo, hermano?”, pregunta Fidel al diablo. “Veinte centavos”, responde éste. De inmediato, Putin y Bush explotan. La respuesta del demonio no deja lugar a dudas. “Él llamó a Cuba, y de infierno a infierno es local”.

La historia viene a la mente en estos días, cuando toda Cuba se ha cubierto por el luto previsto de una larga semana en la que el cuerpo del “Líder Histórico de la Revolución” recorrerá desde el occidente capitalino hasta las zonas montañosas de su región oriental. Precisamente allí donde nació y desarrolló las principales acciones de su vida como guerrillero, será sepultado el domingo 4 de diciembre.

El sino de recogimiento que estos días se extiende sobre la Isla no basta, sin embargo, para calibrar los verdaderos alcances de una relación –la de Fidel hacia el país que gobernó– que resultó tan compleja como polifacética. Tal vez una de sus aristas más singulares fueran los cuentos sobre la personalidad del hombre fuerte, quien durante décadas se convirtió en uno de los blancos más recurrentes del ingenio popular.

Y eso es algo que le encantaba”, asegura a este diario un funcionario que durante su etapa como dirigente juvenil mantuvo comunicación constante con Castro. “Eran los tiempos de la Batalla de Ideas y Fidel acostumbraba a hacer unas cenas de trabajo larguísimas, que casi siempre se extendían hasta bien entrada la madrugada. Allí nos reuníamos muchos jóvenes, ministros y otras personas para escucharlo y plantear problemas que existían en distintos lugares. Nunca olvidaré como bien tarde, casi amaneciendo, cuando el ambiente se relajaba, él comenzaba a indagar por nuevos chistes a su costa, ¡y no quedaba más remedio que contárselos! Había que verlo riéndose con las historias que le llevábamos. Cuanto más irrespetuosas, más se reía”.

Un guarda de seguridad cerca de una televisión tras el anuncio de la muerte de Fidel Castro, en La Habana (Reuters).
Un guarda de seguridad cerca de una televisión tras el anuncio de la muerte de Fidel Castro, en La Habana (Reuters).

Sembrado en la identidad como pocos otros símbolos, el “Comandante” devino también “Hombre”, “Caballo” y “Jefe”. No por gusto, su 'número' en la lotería, el uno, era habitualmente jugado en los sorteos clandestinos durante las fechas más significativas de su historia personal. “Y no salió pocas veces. De hecho, yo mismo recuerdo haberle apuntado a varias personas que ganaron en ocasiones como el 26 de julio (comienzo de la lucha guerrillera que dirigió contra Batista) y el 13 de agosto (su nacimiento)”, asegura Lázaro, un listero para quien la “bolita” --”aunque la 'tiran' afuera”-- tiene que ver con “esa gente”.

Al margen de pintoresquismos que por estos días sorprenden a los numerosos turistas extranjeros que se encuentran en la Isla, lo cierto es que la ausencia de Fidel Castro deja un vacío difícil de asumir por parte de la dirigencia del país y su población, que en buena medida pareciera estar todavía sumida en una especie de shock colectivo.

“Fueron muchos años, prácticamente toda una vida”, apunta Irma Salceiro, una manzanillero en ruta hacia la capital del país, adonde acude por una cita médica. “Quien más o quien menos, ha tenido a Fidel dentro de su existencia, ha sentido el peso de su decisiones. Yo misma tengo casi sesenta años y no recuerdo un día en el que él no estuviera allí. Segura estoy de que cuando abran el Memorial, serán millones de personas las que pasen por ahí para verlo”.

Su especulación se mueve en la misma cuerda de los organizadores del sepelio, pues –según Eduardo Sáenz Coopat, integrante Comité Provincial del Partido en La Habana– “estamos preparándonos para recibir a millones de personas en el área de la Plaza de la Revolución José Martí; no solo residentes en la capital, sino también muchos llegados desde otras provincias”.

Cientos de kilómetros hacia el este, a lo largo de la Carretera Central, la ruta que enlaza la Isla a todo lo largo de su dilatada geografía, comienzan verse brigadas de mantenimiento que alistan tramos de la vía y revisan puentes y alcantarillas, en previsión de la multitudinaria caravana que en unos días pondrá en pausa los destinos de la Isla.

Fidel Castro, el hombre que lo acaparó todo en este pedazo de mundo –de los chistes a las pasiones de sus habitantes– aún no ha iniciado su último capítulo en la tierra.

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