el magnate, el preferido por los trabajadores

Donald Trump, el improbable campeón de la clase obrera

Las elites del Partido Republicano le aborrecen, pero cuenta con el apoyo de las bases, muchos de ellos trabajadores castigados por la globalización a quienes dirige sus promesas de recuperación

Foto: Partidarios de Trump durante la Convención Nacional Republicana en Cleveland (Reuters)
Partidarios de Trump durante la Convención Nacional Republicana en Cleveland (Reuters)

Webb Sanderson ha venido desde Knoxville, Tennessee, para entrevistarse con Donald Trump. Mientras va por Cleveland tratando de hilar un camino hacia el magnate, habla con los camareros de la ciudad y los graba con una Tablet gruesa que emite directamente en Facebook. Está preocupado por el deterioro de su sector, la hostelería, y quiere saber cuáles son las propuestas del magnate al respecto.

“Si responde esas preguntas, y creo que lo hará, porque es propietario de hoteles… Estoy preparado para apoyarle oficialmente”, dice a El Confidencial, algunas horas de que Trump sea confirmado como candidato. En 2009, Sanderson fundó un grupo que representa a camareros, gerentes y cocineros de todo el país, cuyo objetivo ahora es transmitir sus necesidades a Donald Trump. ¿Y por qué no a Hillary Clinton? “Estoy intentando ir también a la convención demócrata de Filadelfia, pero tengo un problema presupuestario”, declara. “Además Hillary Clinton no da buenas propinas. Si no da buenas propinas, no será una buena presidenta”.

Sanderson confía en el talento de Trump para manejar la economía, porque, dice, ¡es un empresario! Es la misma ecuación que repiten los seguidores de Trump desde hace un año y a la que se debe parte de su éxito: basta ya de políticos, el país tiene que ser gobernado como una empresa, por alguien "ajeno a la corrupción de Washington".

Trump opera en las sombras de la recuperación económica, que desde 2009 ha creado más de 13 millones de empleos mientras el PIB crece de forma sostenidaLa retórica del magnate describe un país en decadencia, presa de la incompetencia y la debilidad de unos líderes que permiten a emergentes como China robar peso a Estados Unidos. Trump opera en las sombras de la recuperación económica que experimenta el país desde hace siete años. Desde el verano de 2009, EEUU ha creado más de 13 millones de empleos, la mejor racha laboral de la historia, y el PIB crece de forma sostenida. Sin embargo, el ritmo es lento, casi anémico, los salarios continúan prácticamente estancados, la desigualdad ha crecido al máximo histórico, la clase media encoge progresivamente y la percepción económica es catastrófica. Según el Pew Research Center, el 84% de los estadounidenses dicen que la economía es el “asunto más importante de 2016”, por encima del terrorismo.

El discurso económico de Trump  está enfocado a la clase trabajadora castigada por la globalización en los últimos 25 años. Su postura aislacionista, el rechazo a los tratados de libre comercio, compartido por el senador socialista, Bernie Sanders, ha probado ser electoralmente rentable (incluso Hillary Clinton ha puesto distancia respecto al TPP, el tratado con las economías del Pacífico) y le ha granjeado un apoyo masivo en la cuenca minera de West Virginia o en las industrias de Michigan, Ohio o Wisconsin.

Cajas de cereales de Donald Trump, a la venta durante la Convención Republicana (EFE)
Cajas de cereales de Donald Trump, a la venta durante la Convención Republicana (EFE)

"Ha tocado los nervios adecuados"

“Donald Trump ha tocado los nervios adecuados que enfadan a la gente desde hace mucho tiempo”, declara a El Confidencial Robert J. Auth, parlamentario y delegado alterno de Nueva Jersey. “Los trabajadores estadounidenses necesitan esperanza, pero no de la marca Obama. No hay una verdadera recuperación. Seguimos recibiendo esos números del departamento de trabajo que parecen ficticios. Hay que probar otra cosa”.

El magnate promete bajar los impuestos a todas las clases sociales, liberalizar la reforma sanitaria de la actual administración (manteniendo los programas públicos Medicare y Medicaid), anular la ley Dodd-Frank de control financiero, disparar el presupuesto de seguridad fronteriza y renegociar los tratados de libre comercio con China y los vecinos Canadá y México. Un plan que, según el análisis de la agencia Moody’s (coordinado por un antiguo colaborador de Hillary Clinton), destruiría 3,5 millones de empleos, multiplicaría el déficit y causaría una “larga recesión”.

Según Moody's, el programa económico de Trump destruiría 3,5 millones de empleos, multiplicaría el déficit y causaría una "larga recesión"Un programa y un lenguaje llano, directo, agresivo, que resuena en la clase obrera y genera rechazo, curiosamente, en la clase rica que le vio crecer. Su rival, la demócrata Hillary Clinton, es quien recibe el apoyo de los pudientes y casi la totalidad de las donaciones de Wall Street. Así, Donald Trump, nacido en una familia millonaria de Nueva York, con una fortuna estimada en 3.000 millones de dólares, se ha convertido en el improbable campeón de la clase trabajadora blanca de Estados Unidos.

Obreros como Webb Sanderson, que lleva 40 años en la hostelería, o como Kevin Kvasnička, estudiante de 22 años de Cleveland: “Tengo miedo del futuro, especialmente de mi futuro”, declara en español. “No sé qué puedo hacer. Estoy pensando en ir al Ejército cuando me gradúe”.  Kvasnička dice que uno de los mayores problemas es que los inmigrantes vienen al país a quitar el trabajo a los ciudadanos. “Donald Trump quiere apoyar a los americanos y asegurarse de que los ciudadanos de EEUU tienen buenos trabajos. Soy camarero, trabajo 40 horas y no puedo pagar mis estudios”.

El joven pasea con sus amigos por el agitado centro de Cleveland, entre nubes de policías y personas gritando por un megáfono. Su amigo Jessie luce el eslogan de Trump en su visera y porta un rifle AK en la espalda. “Es 'Made in America'”, garantiza.

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