es la versión "civil" del m-16

AR-15: el rifle de la masacre de Orlando es más fácil de comprar que un iPhone 6

En EEUU, este fusil de asalto es el arma más popular entre aquellos que deciden cometer un asesinato en masa como el de Florida. Todo intento de restringir su venta ha fracasado

Foto: Rifles AR-15 en una estantería de sede central de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego en Virginia, el 15 de diciembre de 2015 (Reuters)
Rifles AR-15 en una estantería de sede central de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego en Virginia, el 15 de diciembre de 2015 (Reuters)

El fusil de asalto AR-15, usado en la masacre de Orlando, es el arma favorita de los asesinos en masa de Estados Unidos. Fue utilizado en el ataque de San Bernardino, California, el pasado diciembre, cuando una pareja de islamistas radicales mataron a 14 personas. Y en un centro de estudios de Oregon, el mes anterior. 10 muertos. Y en la masacre del colegio Sandy Hook, en 2012, cuando un adolescente mató con él a 26 personas, 20 de ellas niños. Ese mismo año se había usado para acribillar a 12 personas en un cine de Colorado.

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El AR-15 es un fusil de asalto ligero, hecho de plástico y aluminio, que puede ser automático o semiautomático y tener varios calibres e infinitos accesorios. Es la “versión civil” (usada para autodefensa, entrenamiento, caza o deporte) del popular M-16, la alternativa americana al temido AK-47 soviético, certero y fácil de manejar.

Fue fabricado en los años cincuenta para reemplazar a los rifles de la Segunda Guerra Mundial, pero era tan ligero que el ejército lo desechó. La empresa Colt adquirió el diseño, lanzó una agresiva campaña de marketing y logró que lo probase el general Curtis LeMay. Este reventó con él dos sandías en una granja de Maryland; quedó tan impresionado que lo propuso al Pentágono.

“Fue diseñado por el ejército de Estados Unidos para hacerle a los enemigos de guerra exactamente lo que ha hecho esta mañana: matar un número masivo de gente con la máxima facilidad y eficacia”, declaró ayer a la prensa el abogado Josh Koskoff, representante de los familiares de las víctimas de la masacre de Sandy Hook.

A pesar de su fama letal, el AR-15 es muy fácil de obtener. Su venta es legal a nivel federal y en la mayoría de los estados; sólo seis la limitan y dos (Massachussets y Nueva York) prohíben algunos modelos. En Florida, el estado en el que tuvo lugar la matanza este fin de semana, no hace falta licencia para adquirir un AR-15; sólo tener 18 años y un carné de identidad. El rifle se puede llegar a comprar por un precio inferior a 500 dólares, menos de lo que cuesta un iPhone 6.

Un tirador dispara un AR-15 en un campo de tiro en Springville, Utah, en diciembre de 2015 (Reuters)
Un tirador dispara un AR-15 en un campo de tiro en Springville, Utah, en diciembre de 2015 (Reuters)

Los problemas mentales no son un problema

El AR-15 se ha convertido en el símbolo del debate sobre el control de armas; hasta ahora todos los intentos para sacarlo del mercado han sido frustrados. La mayoría de las versiones estuvieron prohibidas entre 1994 y 2004, pero la Asociación Nacional del Rifle ha evitado que se actualice la ley. Después de la matanza de Sandy Hook hubo intentos para prohibirlo. La consecuencia, como suele ocurrir cada vez que la Casa Blanca intenta limitar el acceso a las armas, es que sus ventas se dispararon. En Estados Unidos puede haber unos nueve millones de armas de asalto en circulación, según cifras de 2014.

Según The New York Times, la “vasta mayoría” de las últimas 16 matanzas en Estados Unidos fueron efectuadas con armas compradas legalmente y con la rutinaria comprobación de antecedentes. Al menos la mitad de los asesinos tenían un historial de problemas mentales, lo cual no tuvo ninguna importancia a la hora de conseguir un arma.

Estados Unidos es el país más armado del mundo, con 88,8 armas de fuego por cada 100 habitantes. Entre el 1 de enero de 2013 y el 1 de octubre de 2015, cuando tuvo lugar la matanza en el centro de estudios de Oregon, hubo en Estados Unidos 994 tiroteos masivos (con al menos cuatro muertos o heridos, sin contar el tirador), casi uno diario.

El presidente, Barack Obama, durante su comparecencia tras la tragedia, volvió a pedir más control. “Esta masacre es un recordatorio más de lo fácil que es para alguien poner las manos en un arma que le permite disparar a gente en un colegio, o en un templo, en un cine, o en una discoteca. Tenemos que decidir si este es el tipo de país que queremos ser. No hacer nada también es una decisión”. Era la vez número 14 que comparecía tras una masacre.  

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