LA EXTREMA DERECHA NO GANA EN NINGUNA REGIÓN

La pinza izquierda-derecha en Francia logra contener a Le Pen... de momento

Tras los buenos resultados obtenidos por la extrema derecha en la primera ronda de las regionales francesas, la colaboración entre los otros dos grandes partidos evita su paso a la Administración

Foto: Marion Marechal Le Pen, candidata del FN y sobrina de Marine Le Pen, valora los resultados. (Reuters)
Marion Marechal Le Pen, candidata del FN y sobrina de Marine Le Pen, valora los resultados. (Reuters)

La barrera anti-Frente Nacional construida con el 'harakiri' socialista ha dado resultado: el partido de Marine Le Pen no dirigirá ninguna región de Francia. En cabeza en tres importantes regiones en la primera vuelta, la ola azulmarina no ha resistido el dique que los electores de izquierda han erigido junto a sus 'enemigos'  del centro-derecha. Finalmente, los conservadores del expresidente Nicolas Sarkozy gobernarán siete regiones y los socialistas del actual jefe de Estado, François Hollande, que ahora dominaban todas menos una, mantendrán seis. 

Socialistas y conservadores, PS y Los Republicanos (LR) respiraban anoche aliviados, y la reacción general se trasformó en onomatopeya: ¡Uff! Para el Gobierno socialista, el sacrificio de retirar a sus candidatos en las regiones donde habían acabado en tercer puesto, y por lo tanto desaparecer en parlamentos regionales tan importantes como Norte-Paso de Calais-Picardía, Provenza-Alpes-Costa Azul y Alsacia-Champaña-Ardena-Lorena, ha valido la pena. François Hollande y Manuel Valls pueden presumir ahora de haber conseguido impedir el paso del FN a la Administración regional de media Francia.  

Pero no se trata de una victoria para el PS, y así lo reconoció Valls en su primera reacción: "Tenemos que conseguir que los electores voten por alguien, y no contra alguien". Para el Gobierno de Hollande, que pierde elección tras elección después de haber llegado al poder en 2012, una región en manos de la organización de Marine Le Pen hubiera supuesto un golpe simbólico que habría pasado a los libros de historia política. 

El primer ministro francés, Manuel Valls. (Reuters)
El primer ministro francés, Manuel Valls. (Reuters)

 

Sarkozy no agradeció expresamente a los votantes de izquierda su victoria en las regiones que se disputaba con el FN. Sin embargo, en la gran región del Norte, donde uno de sus rivales internos, Xavier Bertrand, disputaba la presidencia a la propia Marine Le Pen, los aplausos de los conservadores a la inmolación socialista local fueron nutridos y sinceros. También fue el caso en Provenza-Costa Azul, donde la izquierda aliada a la derecha evitó el triunfo de Marion Marechal Le Pen, que había obtenido una mayoría de un 42% hace una semana. 

En las reacciones de Valls y Sarkozy había elementos comunes. En primer lugar, reconocer que los resultados del domingo no indican que el voto del Frente Nacional se estanque. Bien al contrario. Valls y Sarkozy coinciden también en considerar que el 'shock' de la primera vuelta les obliga a "escuchar más al pueblo". 

La enseñanza para el Frente Nacional es que, a pesar de su avance, sigue dando miedo. La desdemonización no ha calado entre muchos franceses

El jefe del Gobierno enunció la prioridad que su gabinete debe abordar, si no quiere volver a repetir los fracasos electorales de los últimos años: la lucha contra el paro. Valls, que 'histerizó' el debate entre las dos vueltas agitando el fantasma de una "guerra civil" entre franceses, se apropió anoche de conceptos como patriotismo -algo que los socialistas y la izquierda habían olvidado y, a veces, despreciado durante décadas. 

Para los socialistas, la pérdida de la región Isla de Francia, la de París, es una bofetada más. El presidente de la Asamblea, Claude Bartolone, fue batido por la candidata sarkozista, Valerie Pecrese. Bartolone había contribuido a 'lepenizar' la campaña acusando a su rival de centroderecha de "defender a la raza blanca".

El Frente Nacional sigue siendo el primer partido

El 'ufff' de los 'partidos del sistema', 'la casta', el 'UMPS', como les denomina Marine Le Pen, no puede esconder que el Frente Nacional triplica sus votos en relación a los últimos comicios regionales y recibe el respaldo de más de seis millones de franceses. El FN sigue siendo el primer partido de Francia si se tiene en cuenta que sus rivales se presentaban en coalición con otras formaciones políticas. 

La explicación de la 'derrota' frentista es para sus dirigentes sencilla: solo "la politiquería", la connivencia "antidemocrática" entre socialistas y conservadores puede impedir la victoria de la "voluntad popular". En este punto coincidían con el líder del Frente de Izquierda, Jean-Luc Melenchon, quien afirmaba que si el FN no obtiene ninguna región es "gracias solo a un subterfugio".

La pinza izquierda-derecha en Francia logra contener a Le Pen... de momento

La enseñanza para el Frente Nacional del voto definitivo en las regionales es que, a pesar de su avance, todavía sigue dando miedo. La desdemonización iniciada por la hija del viejo líder ultra no ha calado entre muchos franceses. Nada menos que cuatro millones de abstencionistas en la primera vuelta han acudido a las urnas una semana después, activados por el aparato de propaganda reforzado del Gobierno y de la prensa de la 'gauche-caviar' y los 'bobós', que han vuelto a utilizar el miedo como único argumento para movilizar a la ciudadanía.

El alivio en los cuarteles generales de los partidos que se consideran republicanos no puede tampoco ocultar que una mayoría de jóvenes y de obreros ven en el FN la única esperanza para mejorar su presente y su futuro. Anoche, sarkozistas y socialistas volvían a repetir que, a partir de ahora, "nada puede seguir igual". La misma frase que se machacó en 2002, cuando Jean Marie Le Pen eliminó en la primera vuelta de las presidenciales al socialista Lionel Jospin

Desde entonces, el ideario histórico del Frente Nacional sobre la globalización económica, la inmigración y el empuje del islamismo ha recuperado su vigencia, resucitado por la actualidad. Y ante esos problemas, ni los socialistas ni el centro-derecha han sabido dar respuestas satisfactorias, según reflejan las urnas. 

Marine Le Pen señalaba anoche su próximo objetivo: las presidenciales de 2017. Los socialistas tienen apenas año y medio para frenar el aumento del desempleo e invertir la curva decreciente de popularidad. Partido Socialista, Los Republicanos, los centristas y la extrema izquierda tienen apenas 18 meses para recuperar las voces de millones de franceses que respaldan al Frente Nacional y que hasta ahora han sido despreciados, insultados y minusvalorados por los partidos que se consideran como los únicos representantes de los valores republicanos. 

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