El príncipe saudí Alwaleed bin Talal dona íntegra su fortuna a obras de caridad
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El príncipe saudí Alwaleed bin Talal dona íntegra su fortuna a obras de caridad

En total, 29.000 millones de euros que irán a parar a fines benéficos según se ha encargado de anunciar el propio miembro de la familia real de este país

Foto: El príncipe saudí Alwaleed bin Talal (Reuters)
El príncipe saudí Alwaleed bin Talal (Reuters)

La sangre azul saudí corre por sus venas. Pertenece a la Familia Real por ser hijo del Príncipe Talal y la Princesa Mona Solh, además de por ser nieto del rey fundador de Arabi Saudí. Lejos de ser conocido únicamente por su árbol familiar, el príncipe saudí Alwaleed bin Talal es un viejo conocido de la prensa. Algunos de sus escándalos han traspasado fronteras y sus excentricidades han sido recogidas por 'Vanitatis'. Sin embargo, ahora este príncipe ha vuelto a saltar a la palestra por un gesto mucho más noble: ha anunciado que donará toda su fortuna a obras de caridad.

En total, 29.000 millones de euros que irán a parar a fines benéficos. Un patrimonio conseguido gracias a sus múltiples acciones en diferentes empresas, como Kingdom Holding Company –del que es máximo accionista–, y a los paquetes de partes alícuotas en News Corp, Citibank, los hoteles de lujo Savoy de Londres, el George V de París o la cadena Fairmont Raffles, además de en empresas enfocadas a las tecnología como Apple, Twitter, AOL o Motorola.

La nada despreciable cifra de ceros que acumula el príncipe Alwaleed bin Talal ha sido recogida en la revista Forbes como la trigésimocuarta fortuna más jugosa del mundo. Ahora, esta gran cantidad se destinará a fines humanitarios según el propio miembro de la Familia Real saudí se ha encargado de difundir. Al parecer, ha tomado la inspiración de la Fundación Gates y todo el dinero irá a parar a la suya propia, llamada Alwaleed Philanthropies.

Pagado (nunca mejor dicho) de sí mismo

Alwaleed bin Talal es consciente de la ingente fortuna que acumula, e incluso se muestra orgulloso de ella. De hecho, en 2013 demandó a la revista Forbes por haber hecho un cálculo erróneo de su capital: ocupaba el puesto número 26 en la lista de los más ricos del mundo cuando en realidad le correspondía aparecer 16 lugares más arriba, es decir, en el número diez. La imagen es muy importante para este príncipe saudí, y no duda en demostrarlo.

La casa del fundador de Arabia Saudí acumula retratos del príncipe por todos lados, incluyendo los colgados en las gruesas paredes de mármol que mandó construir. Además, hay otros lujos que este rico saudí puede permitirse, como la compra del avión más grande de Airbus –el A-380–, con una capacidad para acoger hasta a 800 personas y un trono a bordo.

Entre los caprichos más llamativos, la petición de una sala de oración donde las alfombras distribuidas por el suelo cambiaran de posición para que, de manera automática, se orientaran hacia la Meca y pudiera seguir los rituales musulmanes sin mirar la brújula. También dispone de un zoo privado.

Su ex, defensora de los derechos de las mujeres

Dalal bint Saud bin Abdulaziz y Ameera al-Taweel han sido las dos únicas ocupantes de su corazón, del que salieron despedidas tras sendas separaciones. Ameera, sin embargo, sigue vinculada con la vida del príncipe a través de la fundación que lleva el nombre de su exmarido, ya que es vicepresidenta de la misma.

Además, se convirtió en estandarte de la defensa por los derechos femeninos con su lucha por el derecho de las mujeres saudíes a conducir y por el permiso de no llevar velo aunque fueran musulmanas. En ambas contiendas, Alwaleed bin Talal apoyaba a su exesposa acudiendo con ella a diferentes eventos donde ella no cubría su pelo.

Hace siete años, en 2008, el príncipe fue acusado de violar a una modelo hispanoalemana que afirmaba haber sido invitada a un yate de lujo en Ibiza. Según su testimonio, la mujer fue drogada y violada por varios de los tripulantes, que pertenecían a la Familia Real saudí. Alwaleed bin Talal aportó documentos que justificaban que él se encontraba en Francia cuando sucedieron los hechos, por lo que el caso quedó desestimado por falta de pruebas.

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