refleja la debilidad de las organizaciones

El terrorista de la puerta de al lado: la peor pesadilla de los servicios de Inteligencia

Es la nueva estrategia terrorista. Algunos expertos lo consideran síntoma del acorralamiento, otros lo ven como la pesadilla perfecta

Foto: Dzhokhar Tsarnaev, uno de los autores del atentado contra la maratón de Boston en abril de 2013 (Reuters).
Dzhokhar Tsarnaev, uno de los autores del atentado contra la maratón de Boston en abril de 2013 (Reuters).

Dos hombres enmascarados armados con kalashnikovs salen de un coche, dejando las puertas abiertas para facilitar la huida. Entran en una oficina, ametrallan a los trabajadores, y salen dando gritos. Se acercan con parsimonia a un policía herido y lo rematan de un disparo. Al día siguiente, un encapuchado mata a otra agente en un incidente similar. No hace falta más. Toda Francia, Europa, están en alerta máxima. El mundo entero está en shock.

Este episodio pone de manifiesto el cambio de paradigma en la estrategia del terrorismo de corte yihadista, que, al menos en los países occidentales, parece haber abandonado gradualmente la comisión de atentados masivos en favor de pequeñas acciones más o menos espectaculares, a veces con un objetivo no demasiado selectivo, pero que provocan el mismo impacto emocional en el público.

Es una adaptación a la situación de creciente presión a la que se han visto sometidos los terroristas

“Podemos hablar de una adaptación a la situación de creciente presión a la que se han visto sometidos los terroristas. En realidad los cambios y la proliferación de este tipo de atentados son hasta cierto punto una señal de debilidad. Se ataca de esta manera en parte porque se ha fracasado en distintas tentativas orientadas a perpetrar atentados más ambiciosos y letales”, afirma Luis De la Corte, miembro de la directiva del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en cuestiones de terrorismo.

“En su propaganda y en sus experiencias pasadas se ve claro que su preferencia sería la de continuar cometiendo atentados de gran magnitud”, explica este profesor especializado en cuestiones de terrorismo. “Muchos intentos de atentar han fracasado porque las capacidades y recursos disponibles no estaban a la altura de la ambición de los planes a desarrollar. Por otro lado, experiencias pasadas han demostrado que operaciones realizadas con armas de fuego en entonos urbanos pueden llegar a generar conmoción pública y captar una considerable atención mediática”, comenta.

Alerta constante

Los servicios de inteligencia lo tienen claro desde hace tiempo: ahora mismo, la mayor amenaza son los llamados “lobos solitarios”, individuos autorradicalizados sin contactos ni apoyos en organizaciones terroristas externas, que deciden atentar por su cuenta. “Tenemos que permanecer alerta contra cualquier actor independiente aquí en territorio nacional que pueda decidir atentar en cualquier momento”, afirmó en octubre Jeh Johnson, Secretario de Seguridad Nacional de EEUU, en una entrevista con la CNN.

“El núcleo central de Al Qaeda era una estructura relativamente tradicional de mando y control, donde alguien era reclutado, entrenado en un campamento en el extranjero y después enviado a cometer un atentado terrorista. El nuevo fenómeno que veo y que más me preocupa es alguien que nunca se ha encontrado con otro miembro de esa organización terrorista, que nunca se ha entrenado en un campamento, que simplemente recibe inspiración de las redes sociales, la literatura, la propaganda, el mensaje, para cometer un acto de violencia en este país”, explicó Johnson. Es el caso, por ejemplo, de Dzhokar y Tamerlan Tsarnaev, los jóvenes de origen checheno responsables de la colocación de una bomba casera durante la maratón de Boston, en abril de 2013, en la que murieron tres personas y más de doscientas resultaron heridas o mutiladas.

Las implicaciones están claras: mientras las organizaciones terroristas tradicionales pueden ser infiltradas hasta cierto punto, es prácticamente imposible vigilar a una persona sin antecedentes ni contactos en el submundo radical, pero que un día, simplemente, sale de su casa y decide atentar contra su vecino. El concepto de “lobo solitario”, de hecho, fue acuñado por el movimiento neonazi en EEUU, al igual que el de “resistencia sin líderes”. En la amalgama de tendencias que componen la extrema derecha estadounidense, la idea de la necesidad de un levantamiento armado contra el gobierno “ilegítimo” del país es bastante popular, y en esa insurrección, todos los pretendidos “patriotas” tendrán la oportunidad de aportar su granito de arena, sin necesidad de someterse a un mando centralizado.

Y lo cierto, como bien sabe el FBI, es que la mayoría de los atentados cometidos con éxito en los EEUU han sido obra de individuos aislados, algunos de los cuales estuvieron en activo durante años antes de ser atrapados, como es el caso de Theodore Kaczynski, más conocido como “Unabomber”, quien entre 1978 y 1995 cometió un total de 16 atentados que mataron a tres personas e hirieron a otra veintena. Si su propio hermano no le hubiese denunciado como sospechoso, podrían haber sido muchas más.

Theodore Kaczynski, conocido como “Unabomber”, quien entre 1978 y 1995 cometió 16 atentados (Reuters).
Theodore Kaczynski, conocido como “Unabomber”, quien entre 1978 y 1995 cometió 16 atentados (Reuters).

Utilizados por el Estado Islámico y Al Qaeda 

Ahora, grupos como el Estado Islámico y Al Qaeda parecen haber cobrado conciencia de esa capacidad. “Es obvio que el terrorismo de lobos solitarios se ha incrementado en los últimos años, pero ya era así antes de que se creara el ISIL. Fue adoptado como estrategia deliberada por Al Qaeda a finales de los 90”, confirma Peter Neumann, director del Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización y la Violencia de Londres. De hecho, el antiguo líder de Al Qaeda en la Península Arábiga, el estadounidense de origen yemení Anwar Al Awlaki, escribió en la revista Inspire, su principal órgano de propaganda: “Es mejor apoyar al Profeta atacando a aquellos que le calumnian que viajar a las tierras de la yihad como Irak o Afganistán”.

Sus ideas calaron. En 2009, Nidal Malik Hasan, un psiquiatra y mayor del ejército estadounidense que había intercambiado correspondencia con Al Awlaki, mató a trece de sus compañeros en la base militar de Fort Hood, en Texas. Al año siguiente, otro musulmán devoto, Arid Uka, abatió a dos pilotos norteamericanos en el aeropuerto de Frankfurt. En 2012, un francés de origen argelino de 23 años, Mohammed Merah, desencadenó una serie de tiroteos en Toulousse y Montauban en los que murieron tres soldados franceses, tres niños y un adulto judíos. La forma de operar era siempre la misma, abriendo fuego por sorpresa desde una motocicleta. El joven se había radicalizado durante un viaje a Afganistán y Pakistán, en el que se había convertido en miembro de Al Qaeda. Merah murió a manos de las fuerzas antiterroristas de la policía durante el asedio del apartamento en el que se había refugiado.

No es que Al Qaida haya renunciado a cometer atentados en Occidente, pero ha preferido dedicar recursos a la implantación de sus planes en sus propios países

“Este cambio de estrategia también es una consecuencia de que las organizaciones del entorno de Al Qaeda y similares hayan dado prioridad a sus agendas locales frente a los ataques en suelo occidental. No es que los hayan desechado, pero han preferido dedicar recursos a la implantación de sus planes en sus propios países. Se recurre entonces a intentar dar continuidad a las acciones en suelo occidental de forma indirecta, tratando de inspirar a simpatizantes y seguidores total o parcialmente independientes a actuar en Occidente”, explica el profesor De la Corte. 

“Ciertamente, en los últimos años ha crecido el número de actores solitarios y la tendencia probablemente continúe. Sin embargo, la singularidad y otros rasgos de los auténticos casos de actores solitarios lleva a sobreestimar la frecuencia de los mismos. En España, por ejemplo, los sujetos con perfil de actor solitario detenidos y condenados en los últimos años por implicación yihadista configuran una exigua minoría”, indica.

Manual del terrorista casero

En septiembre de este último año, miembros del EI, en respuesta a los bombardeos de la coalición internacional contra dicha organización, hicieron un llamamiento en foros yihadistas para que sus simpatizantes en EEUU atentasen en Nueva York y Las Vegas. “Si podéis matar a un hereje norteamericano o europeo, especialmente si es un despreciable y sucio francés, o un australiano, o un canadiense, entonces confiad en Alá y matadle del modo que sea”, decía uno de los portavoces del grupo.

“Podéis buscar soldados, encontrar donde viven, localizar sus fotos en la red, y después aparecer por sorpresa y sacrificarles”, añadía en otro momento. También distribuyeron un manual titulado “A los lobos solitarios en Estados Unidos: Cómo fabricar una bomba en tu cocina, crear escenas de terror en lugares turísticos y otros objetivos”. No era una idea demasiado innovadora, puesto que la revista “Inspire” ya había publicado en 2010 un artículo titulado “Fabrica una bomba en la cocina de la casa de tu madre”.

Si podéis matar a un hereje norteamericano o europeo, especialmente si es un despreciable y sucio francés, o un australiano, o un canadiense, entonces confiad en Alá

Pero en este caso hubo consecuencias: un mes después, un converso canadiense llamado Martin Couture-Rouleau esperó pacientemente durante dos horas en su coche hasta que se presentó la oportunidad de atropellar a dos soldados canadienses, uno de los cuales murió en el acto, y el otro resultó gravemente herido. Durante la persecución subsiguiente, Couture-Rouleau llamó a los servicios de emergencia para decir que lo había hecho “por Alá”, antes de ser abatido por la policía. La investigación posterior determinó que, a través de internet, se había convertido en un firme partidario del Estado Islámico.

No era más que el principio: apenas dos días después, el 22 de octubre, Michael Zehaf-Bibeau, otro converso con problemas mentales y un historial de adicción, inició un tiroteo en el centro de Ottawa que se saldó con un muerto y tres heridos, así como con la muerte del propio terrorista. Y al día siguiente, en Nueva York, un tercer converso atacó con un hacha a cuatro agentes de policía, hiriendo gravemente a dos de ellos antes de que los demás le disparasen. Poco después, un danés fue tiroteado al salir de su trabajo en Riad, la capital de Arabia Saudí, en un atentado que fue reivindicado por el Estado Islámico.

Combatientes del autodenominado Estado Islámico durante un desfile militar en Raqqa (Twitter).
Combatientes del autodenominado Estado Islámico durante un desfile militar en Raqqa (Twitter).

Francia, el país más golpeado

Pero el país más afectado por estos actos ha sido Francia. Además de los atentados de estos dos últimos días, en diciembre se produjeron otros dos incidentes de este tipo. El día 20, un burundés nacionalizado francés atacó con un cuchillo a unos agentes de policía en una comisaría de Tours, hiriendo a tres de ellos. Dos días después, en Dijon, otro conductor marroquí se dedicó a perseguir peatones durante más de media hora, hiriendo gravemente a once personas. Ambos lo hicieron al grito de “Alá es grande”.

¿Quiénes ejecutan este tipo de acciones? “Hay bastante variabilidad en los perfiles, más allá de decir que la mayoría son gente más o menos jóvenes, lo cual no es muy significativo (la violencia la perpetra con mayor frecuencia la gente joven que la de más edad), y que la mayoría son hombres también, igual que en otros actos de violencia”, comenta De la Corte. “Dependiendo de los países, el nivel socioeducativo puede variar. Hay datos que indican que individuos de baja extracción social y carentes de ocupación pueden estar más implicados, pero no hay conclusiones claras, porque también se encuentran individuos de clase media, especialmente en países occidentales”, asegura.

El asunto de los perfiles no ha sido demasiado esclarecedor, aunque se siga insistiendo en las hipótesis de baja educación y menor nivel socioeconómico

“El asunto de los perfiles no ha sido demasiado esclarecedor, aunque se siga insistiendo en las hipótesis de baja educación y menor nivel socioeconómico. Así, el minucioso estudio realizado por los investigadores Fernando Reinares y Carola García Calvo, del Real Instituto Elcano, es muy revelador de esa variabilidad de perfiles en España: el rango de edad es amplio, desde varones de 25 hasta 39 años, aunque la edad sea cada vez más baja. Curiosamente son mayoría los que están casados y con hijos. Su nivel educativo y estatus ocupacional son muy variados. Los datos se oponen por tanto al estereotipo del terrorista joven, carente de estudios y/o trabajo y sin ataduras familiares”, indica este experto.

Pero además, en muchos de estos casos, como el del conductor de Dijon, existe un historial de enfermedades mentales. “Esto es interesante. Al introducir la estrategia de los actores independientes, en muchos casos solitarios, y al tratar de instigar a través de la propaganda a cualquier individuo ideologizado y radicalizado en la orientación yihadista a cometer atentados por su cuenta, se incrementa la posibilidad de que haya individuos con algún tipo de trastorno mental o con una trayectoria personal antisocial o delictiva previa”, explica De la Corte.

Terroristas con problemas mentales

“Esto cambia el patrón de la organización terrorista convencional. En una organización yihadista grande o en un grupo terrorista al uso, los individuos con trastornos mentales brillan por su ausencia, porque no son controlables, pueden generar problemas en la coordinación, y los atentados tradicionales requieren de una gran planificación. Pero cuando animas a cualquier tipo de persona a actuar de forma violenta, los que primero pueden captar ese reclamo son aquellos que ya estaban previamente predispuestos por sus características a actuar con violencia, lo cual genera un patrón de actuación mucho más impredecible”, señala este experto, si bien apunta que “es verdad que este tipo de individuos son generalmente menos capaces de cometer atentados de alta letalidad”.

Este tipo de estrategia, además, parece haber sido adoptada por algunos palestinos, que en los últimos meses han cometido varios de estos actos de terrorismo individual, apuñalando o atropellando por sorpresa a ciudadanos israelíes. El incidente más sangriento fue el atentado perpetrado contra una sinagoga de Jerusalén, en el que dos palestinos armados con un hacha y una pistola mataron a cinco personas e hirieron a otras ocho, aparentemente en venganza por el presunto linchamiento de un conductor de autobús a manos de unos colonos israelíes en los días previos. Y aunque estos episodios no están relacionados con las reclamaciones de los grandes grupos yihadistas, es llamativa la adopción de los mismos métodos.

En el terrorismo son muy frecuentes los fenómenos de emulación y de contagio

“Lo que pasa es que en el terrorismo son muy frecuentes los fenómenos de emulación y de contagio. De la misma manera que muchas veces se pueden incrementar los suicidios ordinarios cuando proliferan informaciones sobre personas que se han quitado la vida, a veces las metodologías terroristas generan las mismas dinámicas. Cuando tienes informaciones sobre gente que actúa en solitario, sin apoyo ni órdenes de ninuna organización, ese es un modus operandi que se puede imitar, das ideas a otra gente para que actúe de esa misma forma”, indica De la Corte. “Cuando tú, a través de las redes sociales y los medios de comunicación promueves este tipo de actividades, cualquiera puede apuntarse a ellas, incluyendo a los palestinos, que ya tienen una serie de motivos de agravios enraizados que aumentan la probabilidad del recurso a la violencia”, dice.

De momento, el grado de conmoción logrado con los asesinatos de París es equiparable al de los grandes atentados masivos de antaño. Con todos los países fronterizos en alerta, esta “pequeña acción”, presuntamente llevada a cabo por musulmanes franceses entrenados en Siria, ha puesto de manifiesto que la peor pesadilla de los servicios de inteligencia occidentales (que las decenas de miles de extranjeros, muchos de ellos europeos, que hoy militan en organizaciones como el Estado Islámico en Oriente Medio, decidan regresar a sus países y atentar en casa) podría no ser ninguna fantasía, sino una terrible realidad.

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