¿cuál es su verdadera capacidad en europa?

El terrorismo yihadista y la falsa Guerra Santa contra Occidente

El ataque contra el semanario Charlie Hebdo destruye la falsa creencia de que el terrorismo yihadista está llevando a cabo una Guerra Santa contra Occidente

Foto: Concentración en tributo a las víctimas del ataque contra el semanario 'Charlie Hebdo' en Fráncfort, Alemania (Reuters)
Concentración en tributo a las víctimas del ataque contra el semanario 'Charlie Hebdo' en Fráncfort, Alemania (Reuters)

Más allá de la condena unánime y la repulsa internacional que ha suscitado el ataque terrorista perpetrado contra el equipo directivo del semanario Charlie Hebdo, conviene realizar una serena reflexión sobre las causas, el alcance y las consecuencias que la amenaza del terrorismo yihadista supone para los ciudadanos europeos.

Si nos atenemos a los datos del Global Terrorism Database, en Europa Occidental se han censado 15.349 actos terroristas en el período entre 1970 y 2013, de los que sólo 36 superaron los 10 muertos por atentado. Los ataques con bombas y explosivos supusieron más de la mitad del total, mientras que los asaltos armados, similares al ocurrido en París, significaron tan sólo un 10% de los atentados.

Paralelamente, y en el mismo período, en la zona del Magreb y Oriente Medio se produjeron 27.655 atentados, de los que 1.365 superaron los 10 muertos. Del total de ataques terroristas, el 58% lo fueron con bombas o explosivos y un 24 % fueron asaltos armados.

El ataque destruye la falsa creencia de que el terrorismo yihadista está llevando a cabo una Guerra Santa contra Occidente. La mayoría de los atentados terroristas provocados por Boko Haram, Al Qaeda o el Estado Islámico se realizan contra los propios musulmanes y sólo una minoría afecta a ciudadanos o países occidentalesEste contraste de cifras nos permite comprobar que el atentado contra Charlie Hebdo se corresponde con un tipo de acción terrorista poco frecuente no sólo en Francia, sino también en el resto de Europa. Al mismo tiempo destruye la difundida y falsa creencia de que el terrorismo yihadista está llevando a cabo una Guerra Santa contra Occidente. La mayoría de los atentados terroristas provocados por Hezbolá, Boko Haram, Al Qaeda o el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) se realizan contra los propios musulmanes y sólo una minoría afecta a ciudadanos o países occidentales.

En efecto, durante las décadas de los 70 y los 80 el terrorismo de origen árabe tenía poco que ver con el fundamentalismo islámico. Se trataba de un terrorismo asociado directamente con el conflicto palestino-israelí o los nacionalismos árabes, que fue alimentado por la bipolaridad Este-Oeste y, en algunos casos, patrocinado por regímenes autocráticos como los de Irán, Libia, Siria o Arabia Saudí, que veían en el terrorismo una fórmula mucho menos costosa y arriesgada que la guerra para defender sus intereses políticos y/o económicos en la zona.

Es a partir de comienzos de los años 90 cuando el fundamentalismo islámico comenzó a nutrir masiva y decisivamente los grupos terroristas de corte religioso. El Grupo Islámico Armado (GIA) y, poco más tarde, Al Qaeda se convirtieron en los modelos de grupos terroristas a emular por sectores islámicos radicalizados.

Una mujer deja una nota de condolencia por el ataque contra Charlie Hebdo en la embajada francesa en Londres (Reuters).
Una mujer deja una nota de condolencia por el ataque contra Charlie Hebdo en la embajada francesa en Londres (Reuters).

Una limitada capacidad operativa en Europa

Inicialmente, tales organizaciones surgieron y operaron fuera de Europa (el Magreb, Oriente Próximo, zona del Golfo, países africanos como Kenia o Tanzania), pero con el tiempo expandieron sus actividades a los países occidentales, incluyendo Estados Unidos, Francia, Holanda, Reino Unido o España.

Por tanto, a diferencia del terrorismo social, que ha sido una amenaza a la seguridad de algunos países europeos desde el siglo XIX, el islamismo de corte yihadista es relativamente reciente y su capacidad operativa en Europa es limitada. Ello se debe al hecho indiscutible de que la inmensa mayoría de las poblaciones islámicas de inmigrantes han logrado su adaptación a las condiciones socio-culturales europeas y sólo una minoría muy exigua se ha vinculado a los grupos terroristas.

La capacidad operativa del islamismo de corte yihadista en Europa es limitada. Ello se debe al hecho de que la inmensa mayoría de las poblaciones de inmigrantes han logrado adaptarse a las condiciones socio-culturales europeasNo obstante, sería peligrosamente ingenuo pensar que la amenaza del terrorismo yihadista en Europa está desapareciendo y, por tanto, que no hay urgencia para establecer una política antiterrorista verdaderamente europea y transnacional. En realidad, lo que se está produciendo es una lenta pero preocupante transformación. Cada vez más claramente el yihadismo islamista está arraigando en sectores marginales de las poblaciones europeas descendientes de inmigrantes musulmanes de origen magrebí, turco o pakistaní.

La causa más frecuente es el desarraigo social y cultural que se produce en algunos de los hijos y nietos de una generación de inmigrantes que, obligados a adaptarse a las condiciones de vida occidentales, mantienen firmes en el entorno familiar sus convicciones religiosas y sus formas de vida originarias. En semejantes casos, la inseguridad emocional y personal suele provocar reacciones de agresividad individual o colectiva, como las que se apreciaron en Francia en las manifestaciones de los barrios periféricos de las grandes ciudades en 2005, que son fácilmente canalizadas mediante el discurso de la verdad absoluta que difunden los imames fundamentalistas y los líderes yihadistas hacia el suicidio mártir en el ataque terrorista indiscriminado o el atentado cruel y selectivo como el realizado contra Charlie Hebdo.

Cabe esperar, por tanto, que en los próximos años asistamos a un incremento de las acciones de grupos terroristas yihadistas en nuestros países o de acciones de violencia practicadas por individuos conocidos como “lobos solitarios”. En ambos casos, la respuesta no puede ser otra que una política antiterrorista eficaz respaldada por la unánime respuesta social contra los actos de tales grupos o personas. En esta respuesta colectiva las poblaciones islámicas europeas deberían implicarse más activamente que lo hacen actualmente, ya que son ellas las primeras amenazadas por las consecuencias de tales actos terroristas.

*Rafael Calduch Cervera es Catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.

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