DE LAS "NOVIAS DE LA YIHAD" A OSAMA BIN BIEBER

Camisetas gangsta y gatos en Facebook: así atrae el Estado Islámico a sus jóvenes fans

La Yihad busca en zonas desfavorecidas de los países musulmanes y aprovechan los problemas de identidad de adolescentes. Les 'venden' camaradería y heroísmo

Foto: Camiseta de la firma indonesia Zirah Moslem.
Camiseta de la firma indonesia Zirah Moslem.

“¿Miedo? ¿Por qué voy a tener miedo? Yo sólo soy temeroso de Dios”. Así de tajante se muestra Bilal cuando se le pregunta si los productos que vende en su tienda le pueden acarrear problemas con la Justicia. De hecho, afirma, la policía turca ya registró una vez su local y aparentemente no encontró nada ilegal. Situada en una callejuela poco transitada del barrio obrero de Bagcilar, en Estambul, la tienda que regentan Bilal y su socio fue inaugurada el pasado junio, cuando el Estado Islámico (EI) inició su gran ofensiva sobre Irak que le llevó a capturar Mosul y a ocupar todas las portadas de la prensa internacional. El negocio se llama Islam Giyim (Ropa Islámica), pues en su escaparate abundan los velos integrales estilo saudí… pero entre estos productos sobresalen aquellos relacionados con los grupos islamistas radicales: tazas con el rostro del guerrillero checheno Shamil Basayev, banderas del Frente Al Nusra y todo tipo de merchandising -camisetas, gorros, llaveros- con el logotipo del EI.

Un chaval con barba de corte islamista entra en la tienda. Procede de la lejana provincia de Malatya (Anatolia Oriental) y ha llegado a Estambul para asistir a la boda de un pariente, pero se ha escapado de la ceremonia buscando la tienda que, dice, conoció por internet. Tras rebuscar entre los productos adquiere una inmensa pegatina para su coche con el logo del grupo terrorista más temido de la actualidad. Bilal explica que los diseños los hacen ellos mismos “con imágenes descargadas de internet” y que los productos se fabrican en los talleres de un cercano polígono industrial. No son los únicos. Varias empresas turcas ofertan en internet artículos relacionados con el Estado Islámico y con el Islam radical.

Un chaval con barba de corte islamista entra en la tienda. Ha llegado a Estambul para asistir a una boda. Tras rebuscar entre los productos, adquiere una inmensa pegatina para su coche con el logo del grupo terrorista más temido de la actualidadEn otros países, como Líbano, los medios locales también han llamado la atención sobre la presencia de tiendas similares que ofrecen todo tipo de merchandising del EI: chándales, camisetas, banderines como los que cualquier seguidor de un equipo de fútbol colgaría de su espejo retrovisor. En general, muchos de estos negocios operan por internet y entre ellos sobresalen los radicados en Indonesia, donde la legislación respecto a la apología del terrorismo es aparentemente más laxa.

Las camisetas ofrecen diseños modernos -casi siempre en inglés- adaptados a los gustos de los adolescentes, algunas con un estilo que recuerda al de los raperos gangsta o incluso a carteles de las películas de acción de Hollywood, como una producida por la firma indonesia Zirah Moslem en la que posan varios yihadistas armados bajo el lema “Mujahideen around the world”, en una imagen rematada con la frase “United we stand”, muy popular entre los seguidores del histórico equipo de fútbol de Manchester.

“Están movilizando a la juventud musulmana”

Los vendedores de este tipo de productos niegan tener relación con el Estado Islámico, asegurando que se limitan a seguir las leyes del mercado y ofrecer lo que la gente demanda. La mayoría de los expertos está de acuerdo en que no existe un nexo orgánico entre el Califato y la venta de este merchandising, pero advierten de que su proliferación refuerza la imagen de marca global de los yihadistas. “Lo que es más relevante es que el EI está movilizando a la juventud musulmana a través de productos comerciales que apoyan su marca de islam radical utilizando una narrativa sólida y el mercado libre”, explicaba recientemente Scott Mann, un ex boina verde y director del Stability Institute, a la cadena estadounidense Fox News.

Es lo que el investigador Jarret Brachman ha definido como Jihobbyism (mezclando las palabras jihad y hobby) y que define como la fascinación por la yihad y los grupos armados islamistas. Los jihobbyistas son “muy activos en el consumo y producción de ideología online” y admiran a estos grupos “del mismo modo que otros siguen a sus equipos de fútbol”: “Conocen las estadísticas de sus jugadores favoritos y conocen sus antecedentes. Conocen a sus equipos y los animan como si fueran cheerleaders”.

Fachada de Islami Giyim. (Facebook)
Fachada de Islami Giyim. (Facebook)
¿Es esto un nuevo ejemplo de la “banalidad del mal”? Quizás no tanto en el sentido expresado por Hannah Arendt -que centraba su argumentación en la mecanización y burocratización del acto del exterminio en el régimen nazi-, pero sí como parte de esa banalización de la crueldad a la que ha llevado la sobreexposición a la violencia por medio del cine, la televisión y los juegos de ordenador. El Estado Islámico, que se maneja como pez en el agua en internet, ha dado un paso más allá respecto a sus predecesores de Al Qaeda. No sólo centra sus mensajes en la propaganda del miedo -ejecuciones masivas, decapitaciones…-, que está principalmente dirigida a sus adversarios, o en las injusticias cometidas contra la población musulmana a fin de movilizar a la Ummah islámica, sino que interactúa con sus potenciales seguidores también a través de mensajes reconfortantes y positivos.

Las “novias de la Yihad” y Osama Bin Bieber

Es el caso de Yilmaz, un holandés de origen turco que dejó las Fuerzas Armadas del país de los tulipanes para unirse a la yihad en Siria, desde donde mantiene informado al mundo de sus andanzas, primero con sus fotos -de estilo un tanto hipster y con mucho filtro- en su cuenta de Instagram y después mediante sus post en un blog de Tumblr.com. También responde a preguntas de sus fans a través de Ask.fm, una red social ampliamente utilizada para captación por el EI. En Tumblr.com, cuya cuenta mantiene activa, Yilmaz no sólo publica fotos de su vida como yihadista, sino también de niños pasándolo bien en las zonas controladas por el EI y, especialmente, de gatos.

El Estado Islámico, que se maneja como pez en el agua en internet, ha dado un paso más allá respecto a Al Qaeda. No sólo centra sus mensajes en la propaganda del miedo, sino que interactúa con sus potenciales seguidores a través de mensajes reconfortantes y positivosUna pasión que comparte con Aqsa Mahmood, una joven británica que, tras ser captada por el EI, se marchó a Siria para ser desposada por un yihadista y en cuya cuenta de Facebook y Twitter alternaba -hasta que fueron cerradas- selfies de sus nuevas amigas (todas veladas de pies a cabeza), con llamamientos a la Yihad y fotos de mininos. Las instantáneas que publican estas “novias de la yihad” dan la impresión de que las jóvenes reclutas “van por ahí haciendo galletitas, como si fuese una fiesta tupperware yihadista”, explica la experta en terrorismo Mia Bloom a The Guardian. Este lenguaje pop utilizado por los yihadistas llega a su paroxismo en uno de sus fichajes de junio: el británico Mohammad Hadi, de 18 años, apodado por sus nuevos compañeros de lucha Osama Bin Bieber, un alias que integra lo más granado del terrorismo islamista -Osama Bin Laden- y de la música adolescente -Justin Bieber-.

En muchos de los vídeos producidos por el muy profesional Al Hayat Media Center, la oficina de propaganda del EI, se ve a yihadistas felices disfrutando de su particular “aventura” en un franco sentimiento de camaradería. “Aunque hay abundantes vídeos que muestras a los combatientes de los grupos extremistas cometiendo abominables actos de asesinato y represión, la imagen general que dan los combatientes extranjeros de sus vidas en Siria sugiere camaradería, buena moral y una actividad constructiva, todo ello mezclado con un comedido sentido del heroísmo, diseñado para atraer a sus amigos y para incrementar su propia autoestima”, sostiene un informe de The Soufan Group sobre los yihadistas extranjeros en Siria.

Aqsa Mahmood.
Aqsa Mahmood.

El intento de crear un sentido de grupo -se está “entre amigos”-, de dar una misión -luchar contra los enemigos del Islam y defender a los musulmanes- y de ofrecer una “aventura” rodeada de un aire de heroísmo romántico, son los mensajes que subyacen en la propaganda del EI y que resultan capitales a la hora de captar a voluntarios y simpatizantes ya que su objetivo son principalmente los más jóvenes, aprovechando que se encuentran en una edad en que persiguen crear su propia identidad y que, en el caso de los hijos y nietos de inmigrantes musulmanes en países occidentales, buscan un sentido de pertenencia que las grandes metrópolis no pueden ofrecerles. En este aspecto, los seguidores del EI en internet se organizan como otras subculturas, con sus propios códigos y grupos de amigos virtuales. De hecho, en declaraciones a la cadena NBC, Melanie Smith, investigadora del King College London que sigue la pista de 21 adolescentes británicas que han marchado a Siria para casarse con yihadistas, califica a estas chicas como “fangirls” del Estado Islámico, no muy diferentes de las groupies que se desviven por su cantante preferido.

Los yihadistas son cada vez más jóvenes

Una lectura atenta de los casos conocidos y de los grupos a través de los que se mueven en red los simpatizantes del Estado Islámico indica que la mayoría de ellos son jóvenes, incluso adolescentes. Es más, el estudio de The Soufan Group muestra que incluso quienes han marchado a Siria a engrosar las filas yihadistas son de menor edad que en anteriores contiendas que han atraído igualmente a islamistas extranjeros. “El arco de edad típico va de 18 a 29 años, aunque hay muchos ejemplos de gente de 15 a 17 y también de treintañeros. Esto hace que la edad media sea bastante más baja que en la yihad afgana (de la década de 1980), en la que los voluntarios tenían una media de entre 25 y 35 años y sigue la tendencia general desde mediados de la década de 2000 de que los reclutas del extremismo sean cada vez más jóvenes”, apunta el informe de este grupo con sede en Nueva York.

De acuerdo a cifras de la CIA, el EI cuenta con entre 20.000 y 31.500 militantes en Siria e Irak. Además, estima que unos 15.000 voluntarios extranjeros han acudido a luchar como yihadistas en Siria, principalmente al EI, aunque también a otros grupos como el Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda en ese país. De estos, entre 2.000 y 3.000 proceden de países occidentales, principalmente europeos, de los que, según Soufan, en torno a un 6% son conversos al islam y el resto inmigrantes de segunda o tercera generación. Con todo, el dudoso honor de encabezar la lista de países de procedencia de yihadistas le corresponde a Túnez (3.000), Arabia Saudí (2.500), Marruecos (1.500), Turquía (400-1.000) y Rusia (más de 800).

‘La imagen que dan los combatientes extranjeros de sus vidas en Siria sugiere camaradería, buena moral y una actividad constructiva, todo mezclado con un comedido sentido del heroísmo, diseñado para atraer', sostiene un informe de The Soufan Group

“Como suele pasar con otras dimensiones del terrorismo yihadista, no hay un perfil único", opina el profesor de la Universidad de Granada y experto en yihadismo, Javier Jordán, en declaraciones a El Confidencial. "Lógicamente lo que interesa ahora mismo al EI son combatientes comprometidos, por lo que busca a gente joven. Pero éstos pueden ser de un perfil económico desfavorecido o de clase media, pueden tener estudios o no, pueden residir legalmente en el país o ser inmigrantes irregulares, y, llamativamente, pueden ser musulmanes practicantes o individuos con una práctica religiosa descuidada pero que conecta con la identidad, la acción y los deseos de aventura”. 

Precisamente, esta última característica es subrayada por otros expertos, ya que la falta de un conocimiento profundo del islam hace que puedan ser más fácilmente manipulados por la visión simplista de los yihadistas. “Había ciertas cosas en las que nos fijábamos. Por ejemplo, gente que no conociese bien la religión”, asegura Mubin Shaikh, un antiguo reclutador de los talibanes que ahora trabaja como asesor antiterrorista para el Gobierno de Canadá, en declaraciones a IBT. Un experto en islam político turco consultado por El Confidencial y que no desea ser nombrado sostiene que en Turquía las tarikat (congregaciones religiosas), incluso las más conservadoras, no apoyan al EI, sino que los yihadistas cosechan apoyo de nuevas agrupaciones.

Combatientes del Estado Islámico en Khazer (Irak). (Reuters)
Combatientes del Estado Islámico en Khazer (Irak). (Reuters)
En el país eurasiático, los yihadistas buscan reclutas entre aquellas personas con problemas personales -enemistados con su familia, en proceso de divorcio o incluso adictos al alcohol o las drogas a los que reconvertir al fundamentalismo-, en definitiva, aquellos a los que es más fácil separar de su núcleo familiar y de amistades. Es el caso revelado por el diario turco Hürriyet hace unas semanas: Svetlana, una kirguiza rusófona y cristiana que, casada en Turquía y sin muchas amistades, mataba las horas y los días en internet hasta que un reclutador afgano la convenció de convertirse al Islam y trasladarse a Siria, donde se llevó también a su hijo para mayor desesperación de su marido, el empresario turco Sahin Aktan. El Estado Islámico también pesca seguidores en los barrios obreros de las grandes ciudades turcas. En varios distrito del extrarradio de la parte occidental de Estambul, donde conviven turcos suníes y chiíes, así como kurdos y refugiados sirios, se han producido diversos incidentes. La rama urbana del grupo armado kurdo PKK ha atacado varios pisos francos del EI y ha matado a un supuesto salafista y presuntos simpatizantes yihadistas han atacado con cócteles molotov al menos dos mezquitas chiíes.

En una de ellas, situada en el distrito de Esenyurt, el imán chií Hamza Aydin relata a El Confidencial que diez días antes del ataque del 8 de julio, un hombre, junto a dos jóvenes, se personó en la mezquita y le amenazó con que todos los templos chiíes serían destruidos. “Le pregunté a los mozos, que son vecinos del barrio, de qué conocían a ese hombre y me dijeron que se lo habían encontrado y que él les enseñaba cosas sobre el islam. Pero ese no es el verdadero islam, no se puede forzar a la gente a convertirse. El islam es convivencia”, dice Aydin. Tras el ataque, que provocó graves daños en la mezquita, la policía trató de encontrar a los dos jóvenes, sin éxito. Habían desaparecido. “Creemos que los salafistas tienen lugares en Esenyurt donde se ocultan y están tratando de lavar el cerebro a algunos jóvenes”, denuncia el imán.
Mundo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios