LAS PAUTAS DEL TERRORISMO YIHADISTA EN EUROPA

El atentado contra el semanario 'Charlie Hebdo', una acción con precedentes

El atentado contra Charlie Hebdo es la sexta trama terrorista en Europa contra objetivos relacionados con la publicación de caricaturas críticas con el islam.

Elaborar un análisis sobre el atentado contra la revista francesa Charlie Hebdo pocas horas después de haberse cometido, sin rastro de los asesinos y a falta de una reivindicación pública es una tarea arriesgada. No obstante, aunque sea de manera provisional y especulativa, resulta conveniente poner en orden las escasas piezas con las que contamos.

De entrada, todo parece apuntar a un atentado yihadista. Con una prudencia comprensible, las autoridades francesas han evitado pronunciarse oficialmente al respecto. Pero tanto el blanco elegido como el diseño y modus operandi de la acción, así como los gritos que algunos que algunos testigos dicen haber escuchado a los terroristas, se corresponden con otras actuaciones previas del islamismo radical. Este hecho no sería una novedad en Europa, donde en mayo de 2013 dos yihadistas mataron a cuchilladas a un soldado británico en Londres, o donde un año más tarde un retornado de Siria tiroteaba mortalmente a cuatro personas en el museo judío de Bruselas.

Tampoco lo es en la propia Francia, que ya sufrió una campaña de atentados por parte de grupos yihadistas argelinos entre los años 1994 y 1996, y que en marzo de 2012 experimentó algo similar a lo acontecido ayer en París cuando Mohamed Merah mató a tiros a un total de siete personas en tres acciones diferentes en Montauban y Toulouse.

Si damos por válida esta primera conclusión, lo siguiente que podemos deducir es la persistencia del terrorismo yihadista sobre ciertas categorías de objetivos a la hora de planificar atentados. Es conocida la obsesión de Al Qaeda y de sus filiales por todo lo relacionado con la aviación civil, tanto los aviones como los aeropuertos. Son numerosos los complots y atentados fallidos que han apuntado contra tales blancos desde el 11-S. También lo es su fijación contra los sistemas de transporte urbano: 11-M y atentados del metro de Londres en julio de 2005, así como otras tramas terroristas abortadas por las fuerzas de seguridad.

Concentración de tributo a las víctimas del ataque en la Plaza de la República de París (Reuters).
Concentración de tributo a las víctimas del ataque en la Plaza de la República de París (Reuters).

En una línea similar, el atentado contra Charlie Hebdo es la sexta trama terrorista que tiene lugar en Europa contra objetivos relacionados con la publicación de caricaturas críticas con el islam. Es otro blanco recurrente. La primera acción de este tipo se produjo en marzo de 2006, cuando un pakistaní de 28 años entró con un cuchillo en el periódico alemán Die Welt con el fin de asesinar a su editor en jefe por haber reproducido las polémicas caricaturas de Mahoma.

En 2010 hubo cuatro tramas más, todas en Dinamarca. En una de ellas un somalí trató de irrumpir con un hacha en el domicilio de uno de los dibujantes de las caricaturas. Y en otra –en el denominado por los terroristas ‘proyecto Micky Mouse’, por su relación con los dibujos– los yihadistas pretendían entrar a tiros en la sede de la revista Jyllands Posten (que reprodujo las primeras caricaturas satíricas de Mahoma en septiembre de 2005) para secuestrar a su personal y, en un acto de barbarie propio del actual autoproclamado Califato, lanzar las cabezas desde la ventana. Detrás de este complot terrorista se encontraba Al Qaeda Central, y fue desarticulado a tiempo por la policía danesa.

Con estos antecedentes, lo sucedido en París concuerda con pautas ya conocidas del terrorismo yihadista en suelo europeo. Tampoco es una novedad que el atentado se ejecutase con armas de fuego, lo cual es preocupante.

A pesar de su menor letalidad en comparación con los atentados con explosivos, las acciones con fusiles de asalto pueden resultar igualmente atractivas desde el punto de vista terrorista. La clave se encuentra en la selección de blancosHasta hace pocos años una proporción muy elevada de los atentados y complots yihadistas en Europa se basaban en el uso de explosivos. Pese a su potencial letalidad, el deseo de adquirir explosivos aumentaba las posibilidades de que los terroristas fueran descubiertos o acabasen siendo víctimas de sus propios artefactos al fabricarlos o transportarlos. De esto último se produjeron quince casos entre los años 2001 y 2012, resultando muertos o heridos los propios terroristas.

Sin embargo, las armas ligeras son relativamente más fáciles de conseguir y de emplear con éxito. Sobre todo si los autores del atentado cuentan con algún tipo de formación militar o de experiencia en combate. Desde luego, los de ayer daban la impresión de contar con ese bagaje (¿adquirido en Siria o Irak?). Y el problema es que otros muchos retornados de los casi 2.000 europeos que han marchado a dicho conflicto volverán con esa experiencia. Allí son relativamente pocos los que reciben entrenamiento en fabricación de explosivos, pero la inmensa mayoría sí manejan con soltura armas de fuego.

A pesar de su menor letalidad en comparación con los atentados con explosivos, las acciones con pistolas o fusiles de asalto pueden resultar igualmente atractivas desde el punto de vista terrorista. La clave se encuentra en la selección de blancos que garanticen impacto mediático internacional. Así lo hizo el ya mencionado Mohamed Merah cuando mató a tiros a tres niños en una escuela judía de Tolouse, y así lo han logrado también los terroristas que han asaltado Charlie Hebdo.

*Javier Jordán es profesor titular de Ciencia Política y miembro del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI) de la Universidad de Granada.
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