el fundador de la revista fallece en el atentado

Cabu, el dibujante que se atrevió a burlarse de los fanáticos y silenciaron a balazos

La publicación satírica más parecida a la francesa Charlie Hebdo, cuya sede ha sido atacada por terroristas y han matado a doce personas. Entre ellos figura

Foto: Los dibujantes franceses Georges Wolinski (a la izquierda) y Cabu (a la derecha), en Cannes, en 2008. Ambos asesinados esta mañana. (Reuters)
Los dibujantes franceses Georges Wolinski (a la izquierda) y Cabu (a la derecha), en Cannes, en 2008. Ambos asesinados esta mañana. (Reuters)

Charlie Hebdo atacada por terroristas y con doce personas muertas. Entre ellos figura el dibujante y uno de las piezas claves de la cabecera: Cabu (Jean Cabut), cofundador del semanario, que publicó en portada la caricatura de Mahoma, en respuesta a los dibujos daneses de 2006 y que acarrearon polémica y demanda. Pelo a tazón, gafas redondas y un brillante espíritu adolescente que le impedía retirarse y dejar de morder el lápiz.  

Estaba trabajando en la redacción cuando entraron los asesinos y dispararon, tenía más de setenta años, fue soldado en la guerra de Argelia –donde pasó 27 meses- y se convirtió a la fe antimilitarista y anarquista. Era un excelente dibujante, además de tener una de las visiones más ácidas de la realidad política y social de su país. Muy popular en Francia desde los años setenta, tras la creación de la revista Hara-Kiri (antecedente de Charlie Hebdo) y la colaboración con programas de televisión en los que aparecía dibujando.

Cabu fue el autor de aquella imagen en la que aparecía Mahoma sobre un fondo rosa “abrumado por los fundamentalistas”, llorando, con las manos en la cara, indignado: “Es muy difícil ser amado por idiotas”. Un número especial. Si hay algo que no soportan los fanáticos es el humor, porque es el síntoma que desvela una sociedad con plenas garantías de libertad de expresión.

Albert Monteys, uno de los fundadores de Orgullo y Satisfacción y ex dibujante de El Jueves explica a este periódico que Cabu es uno de los grandes del humor gráfico francés. Se reconoce desolado porque ha sido “un golpe muy fuerte contra la libertad de expresión” y hace un llamamiento a toda la sociedad para defender el trabajo en libertad de los humoristas. “El humor gráfico está siendo atacado, se le considera peligroso. Con el rey y con la política te juegas una demanda, un juicio y poco más. Pero esto es un cambio de paradigma y hay que reaccionar”, cuenta. Dibujar como oficio de riesgo.

La amenaza es el humor

“Nuestro único poder es seguir haciendo lo que hacíamos antes. Nuestra lucha es el dibujo y seguir opinando desde el ingenio”, cuenta Monteys, que comparte con la cabecera francesa el empeño contra la complacencia con la izquierda, la derecha y los fanatismos religiosos. “La gran pregunta es por qué el humor es tan peligroso para el fanatismo. El humor es el final de la fe, porque hace que la gente pierda el respeto a las cosas y las cuestione”.  

La revista más cercana al semanario francés en nuestro país es Mongolia, que como reconoce Eduardo Galán, uno de sus fundadores, es deudora de Charlie Hebdo. Remite al agudo texto que el dibujante Darío Adanti publicó hace unas semanas, El humor es el primer muerto (actual a su pesar), para entender por qué el humor duele tanto.

“Este brutal ataque indica hasta qué punto el humor está comprometido con la libertad de expresión de una sociedad. El humor se ríe de todo aquello que es rígido e incuestionable. El humor satírico ataca lo indiscutible. Mongolia también ha sufrido la intolerancia religiosa, pero no vamos a parar, que lo sepan”, asegura. Galán dice que no hay dibujante en el mundo que acceda al chantaje de extremistas religiosos y envía condolencias a la gran familia de la publicación francesa.  

Cuando Cabu bajaba a la calle y abocetaba con urgencia los ambientes parisinos, era el Robert Doisneau del dibujo pero sin tanto azúcar. De hecho, sus personajes retratados se convertían  en mártires del ridículo, porque Cabu exageraba sus caracteres, el contexto, la situación hasta explotar la estupidez. Sarkozy llevaba cuernos cuando pasaba por su mano, “para darle un aire de diablo”. El expresidente francés amenazó con un café al dibujante para tratar de quitarse el complemento demoniaco. Sin embargo, muchos prefieren las armas a los cafés. Incluso los juicios, a lo largo de su carrera profesional ha tenido que hacer frente a 11 y todos los ha ganado. La resistencia a la libertad no descansa, pero la libertad tampoco.   

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