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Cambio de juego en la lucha contra el Estado Islámico: un pacto con Irán es vital
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LA ESTRATEGIA EN SIRIA ES INCOHERENTE

Cambio de juego en la lucha contra el Estado Islámico: un pacto con Irán es vital

¿Acaso los grupos locales, tribus y sectas luchan con los estadounidenses o contra ellos? ¿Qué tipo de acuerdos se necesitan para que apoyen el esfuerzo de EEUU?

Foto: Soldados británicos arman un RAF Tornado GR4's en una base de Acrotiri, Chipre. (Reuters)
Soldados británicos arman un RAF Tornado GR4's en una base de Acrotiri, Chipre. (Reuters)

Si el presidente Obama verdaderamente desea degradar y destruir al Estado Islámico tendrá que encontrar una manera de colaborar con Irán, el gran poder en el Oriente Medio con el cual los Estados Unidos aún tienen posibilidades. A pesar de que el compromiso con Irán sería difícil y complicado, también representaría un cambio de juego estratégico con efectos beneficiosos que se expenderían a lo largo de la región desde Irak a Siria y Afganistán.

Ahora nos encontramos en la fase aérea de la campaña contra el Estado Islámico. Estas acciones generalmente van bien –piense en las guerras aéreas contra Afganistán, Irak y Libia–. Los Estados Unidos poseen los aviones, cohetes y aeronaves más modernos del mundo y una base militar extraordinaria y capaz. Pero, lo que sigue es, generalmente, desordenado –piense en Afganistán, Irak y Libia–. Las fuerzas terrestres tienen que pelear contra las fuerzas locales y luchar una guerra de guerrillas en un combate irregular.

La pregunta más importante es del ámbito político. ¿Acaso los grupos locales, tribus y sectas luchan con los estadounidenses o contra ellos? ¿Qué tipo de acuerdos para compartir el poder se necesitan para lograr que estos apoyen los esfuerzos estadounidenses?

La pregunta más importante es del ámbito político. ¿Acaso los grupos locales, tribus y sectas luchan con los estadounidenses o contra ellos? ¿Qué tipo de acuerdos se necesitan para lograr que apoyen los esfuerzos estadounidenses?

El problema central en Irak sigue siendo que los sunitas no se sienten representados en el Gobierno de Bagdad. Obama continúa diciendo que hay un nuevo ejecutivo en Irak, pero la inferencia de que este es participativo es falsa. Los sunitas siguen teniendo puestos ceremoniales con poco poder. El ejército continúa estando dominado por los chiitas en los escalones más altos.

El resultado es visible sobre el terreno. En un artículo reciente en el diario The New York Times, se señalaba que “después de seis semanas de ataques aéreos estadounidenses, las fuerzas del Gobierno iraquí apenas han movido a los extremistas sunitas del Estado Islámico de su dominio sobre más de un cuarto del país, en parte debido a que muchas tribus sunitas críticas permanecen en las líneas de banda”.

A pesar de que los Estados Unidos tienen alguna influencia sobre el Gobierno iraquí, la de Irán es mayor. Los partidos religiosos chiitas que hoy en día dirigen el país han sido fundados por Irán durante décadas. Sus líderes vivieron en Teherán y Damasco durante sus largos exilios en el régimen de Sadam Husein. Cuando Washington buscó acabar con el primer ministro anterior, Nuri al-Miliki, fue Irán el que dio el empujón para hacerlo realidad. Si el fin es lograr que el Gobierno iraquí comparta más poder con los sunitas, la ayuda de Irán sería muy valiosa y tal vez vital.

La estrategia de Washington en Siria es incoherente. Busca destruir al Estado Islámico allí y atacar a Jabhat al-Nusra y al grupo Khorasan pero, de alguna manera, no fortalecer al rival principal de estos grupos, al régimen de Bachar al-Asad. Esto es imposible. Cuando estos grupos terroristas pierdan terreno, el ejército que tomará ventaja con mayor facilidad no será el desorganizado y débil Ejército Libre Sirio, sino el régimen sirio.

Si hay una manera de lograr que esta estrategia sea menos contradictoria, esta es trabajar hacia algún acuerdo para compartir el poder en Siria que incluya elementos del Gobierno de Assad tales como generales o jefes de inteligencia. Sin embargo, Washington no posee contacto o credibilidad con ningún individuo perteneciente al régimen de Assad. El Gobierno que sí lo tiene está en Teherán.

Los intereses de Washington y Teherán en Afganistán siempre han coincidido. Irán se opuso a los talibanes, ayudó a expulsarlos y cooperó con los Estados Unidos en la conferencia de Bonn, llevada a cabo luego de la caída de los talibanes, para instalar el nuevo Gobierno de Afganistán de Hamid Karzai. Dado que Afganistán se enfrenta a un futuro incierto con un acuerdo deficiente para compartir el poder, la ayuda de Irán sería una fuerza de estabilización muy grande.

Rohani, presidente de Irán, me dijo esta semana que en una conversación telefónica había acordado con Obama ‘que había muchas áreas en las cuales Irán y EEUU podían cooperar’, pero ‘primero debemos superar el asunto nuclear’

Obviamente, el acuerdo con Irán debería coordinarse cuidadosamente con Arabia Saudita y con otros estados árabes. Pero ahora también comparten un enemigo en común con Irán en el Estado Islámico y grupos parecidos. Y el acuerdo no será un acercamiento; Irán y los Estados Unidos tienen demasiados problemas que los separan, a no ser que las cosas realmente cambien en Teherán.

Hassan Rohani, presidente de Irán, me dijo esta semana que en una conversación telefónica el año pasado, había acordado con Obama “que había muchas áreas en las cuales Irán y los Estados Unidos podían cooperar”, pero “primero debemos superar el asunto nuclear”. Asumiendo que el acuerdo nuclear se había llevado a cabo, le pregunté si podía describir el contorno de tal cooperación y citó un proverbio iraní que dice más o menos: “antes de pensar en otro niño, cuida el que tienes”.

En 1970, cuando Richard Nixon y Henry Kissinger decidieron que Irán sería uno de sus “policías regionales”, lo hicieron reconociendo la importancia geoestratégica de Irán y no simplemente porque apoyaban al Sha. Vali Nasr, un renombrado académico de Irán, señala que si los Estados Unidos “desean limitar su microgestión del Oriente Medio deberán encontrar países que sean estables, influyentes y efectivos con los que se pueda trabajar. Y, potencialmente, Irán es uno de ellos”. Sin embargo, como indica claramente Rohani, todo esto depende del acuerdo nuclear.

(c) 2014, Washington Post Writers Group

*Fareed Zakaria, escritor y periodista indio-estadounidense y doctor en economía política, es un experto en actualidad internacional que ha trabajado para Newsweek o CNN. En la actualidad es columnista del diario The Washington Post.

Si el presidente Obama verdaderamente desea degradar y destruir al Estado Islámico tendrá que encontrar una manera de colaborar con Irán, el gran poder en el Oriente Medio con el cual los Estados Unidos aún tienen posibilidades. A pesar de que el compromiso con Irán sería difícil y complicado, también representaría un cambio de juego estratégico con efectos beneficiosos que se expenderían a lo largo de la región desde Irak a Siria y Afganistán.

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