LOS OTROS SOCIALISMOS DEL SIGLO XXI

Éxito y fracaso del galeanismo económico: del perro andaluz al milagro original

Brasil, Argentina, Chile y Uruguay... líderes herederos de las luchas sociales de los 70. Mientras, Venezuela, Bolivia y Ecuador abrazan la revolución como marca

Foto: El expresidente de Venezuela, Chávez (c), junto a sus homólogos de Bolivia, Morales (c-i); Argentina, Kirchner (c-d); y Ecuador, Correa (d) (Efe).
El expresidente de Venezuela, Chávez (c), junto a sus homólogos de Bolivia, Morales (c-i); Argentina, Kirchner (c-d); y Ecuador, Correa (d) (Efe).

Nacionalizó sus empresas, expulsó a sus diplomáticos y amenazó con cortarles el suministro petrolero… pero lo más cerca que estuvo Hugo Chávez de acabar con el “imperio estadounidense” fue cuando en 2009 le regaló a Barack Obama una copia de Las venas abiertas de América Latina. “Para Obama con afecto”, rezaba la dedicatoria rubricada de puño y letra por el fallecido “Comandante” bolivariano.

Eso según el propio autor, Eduardo Galeano, quien confesó que sería incapaz de volver a leer su obra cumbre, en la que narra las desdichas del subdesarrollo latinoamericano como una suerte de conjura histórica urdida por el imperio extranjero de turno. “Caería desmayado. Esa prosa de la izquierda tradicional es pesadísima. Mi físico no aguantaría”, dijo el uruguayo, de 73 años, durante la Bienal del Libro de Brasilia en abril. “Me ingresarían en el hospital”.

En la primera década del siglo, la izquierda latinoamericana vivió uno de sus momentos más dulces. En Brasil, Argentina, Chile y Uruguay llegaron al poder líderes herederos de las luchas sociales de los 70. Mientras, Venezuela, Bolivia y Ecuador abrazaron la causa socialista como norte políticoDesde su primera edición en 1971, el ensayo se convirtió en el mantra de cabecera para la izquierda latinoamericana de ayer y de hoy. Pero fue tres décadas después cuando llegaría a tener una influencia política decisiva, cuando una nueva hornada de líderes nacionalistas, encabezados por el propio Chávez, asumió el poder con su copia de Las venas abiertas bajo el brazo para intentar revolucionar por enésima vez el continente.

“Un libro extraordinario que a mí me ayudó a entender de joven América Latina, nuestra historia, nuestra realidad. Siempre ando releyendo a Galeano”, resumió en la cumbre de Trinidad y Tobago el desaparecido líder venezolano, quien lo citaba asiduamente como el abracadabra de un socialismo de nuevo cuño sin hoja de ruta definida.

El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano

El desapego del autor con su texto más celebrado venía fraguándose hace tiempo y, aunque sigue siendo un socialista convencido, afirma ahora sin rubor que no tenía la preparación política y económica necesaria cuando la publicó con apenas 30 años. “No estoy arrepentido de haberlo escrito, pero para mí es una etapa superada”, confiesa.  

Los “te lo dije” no tardaron en aparecer. Algunos en forma de elogios -como la carta del músico panameño Rubén Blades- por la honesta autocrítica hacia una obra más ideológica que analítica, en la que incluso la izquierda moderada detectó simplificaciones, lagunas y maniqueísmos. Otros, como demoledoras invectivas contra un “manual de estilo” del populismo latinoamericano que consideraron fatal para el desarrollo de la región.

“Los idiotas pierden su Biblia”, sentenció el cubano Carlos Alberto Montaner, coautor del Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano (1996), némesis conservadora de “Las venas” que buscaba “explicar lo que ahora confirma el propio Galeano: que su autor sabe muy poco de economía y lo poco que cree saber es totalmente erróneo”.

Un manifestante opositor durante las protestas contra el Gobierno de Maduro en Caracas (Reuters).
Un manifestante opositor durante las protestas contra el Gobierno de Maduro en Caracas (Reuters).

Galeanismo económico

En la primera década del siglo XXI, la izquierda latinoamericana vivió uno de los momentos más dulces de su historia política. En Brasil, Argentina, Chile y Uruguay llegaron al poder un puñado de líderes herederos de las luchas sociales de los 70 pero ya engranados en partidos más o menos tradicionales, cuya retórica al uso contrastó con una sosegada moderación en sus políticas económicas. Mientras, los outsiders de Venezuela, Bolivia y Ecuador abrazaron sin bemoles la causa socialista como norte político y la revolución como marca electoral.

Guion económico del ecléctico socialismo del siglo XXI: recuperar la soberanía de los recursos naturales ‘saqueados’ por el primer mundo y poner fin a la injerencia política y comercial de multinacionales y gobiernos ‘colonialistas’Y nada mejor que el controvertido texto de Galeano para ver los argumentos que inspiraron el guion económico del ecléctico socialismo del siglo XXI: recuperar la soberanía de los recursos naturales “saqueados” durante siglos por el primer mundo, poner fin a la injerencia política y comercial de multinacionales y gobiernos “colonialistas” y promover un papel dominante del Estado frente al mercado como alternativa a las recetas de los apóstoles del capitalismo global.

Aunque Chávez, Morales y Correa siguieron sendas políticas similares -impulsaron nuevas constituciones, pelearon con los medios privados, criticaron a Estados Unidos y dividieron a sus países entre los que los ven como campeones de los excluidos o autócratas electorales- los resultados del galeanismo económico no pudieron ser más dispares.

El “Perro andaluz” del socialismo

“En todo el mundo, experiencias de partidos políticos de izquierda en el poder (…) fueron demolidas porque estaban correctas. Pero en otras ocasiones, la izquierda ha cometido errores muy graves en el poder”, reconocía en abril Galeano. Y cuando se habla de errores en la Latinoamérica del siglo XXI, las miradas se dirigen hacia la Venezuela bolivariana, el auténtico “perro andaluz” de la economía continental.

El país con mayores reservas mundiales de crudo es hoy día un desastroso escaparate de un nuevo socialismo en el que nadie sabe a ciencia cierta cuánto cuesta un dólar, la mayoría de las empresas nacionalizadas y tierras expropiadas agonizan por corrupción y mala gerencia, mientras que el desabastecimiento y una inflación del 60% interanual han convertido la lista de la compra en una gincana de alto riesgo.

El desorden macroeconómico, que podría llevarlos a la recesión este año, no es nada comparado con la esquizofrenia micro: es más fácil conseguir una medicina en Twitter que en las farmacias, en un afán recaudatorio sin precedentes se cobra un impuesto por respirar ozono en el aeropuerto de Maiquetía, está prohibido poner precio en los anuncios de coches usados para combatir “la especulación”. Ante el alarmante recorte en los vuelos internacionales por las deudas del Gobierno con las aerolíneas, muchos bromean macabramente con nueva generación de “balseros venezolanos”.

El líder venezolano, Nicolás Maduro, contempla un retrato de Hugo Chávez en su funeral (Reuters).
El líder venezolano, Nicolás Maduro, contempla un retrato de Hugo Chávez en su funeral (Reuters).

“Me siento como la Princesa Leia cuando en el Episodio IV de Star Wars mira su planeta Alderaan explotar desde un crucero imperial”, resumió el periodista venezolano Rafael Osío Cabrices pocas semanas después de emigrar a Canadá con su familia. Sin embargo, la versión oficial del desastre no podría ser más galeana. “Detrás de la ‘guerra económica’ está el rostro del imperialismo norteamericano. Los factores de poder en Estados Unidos creen que ha llegado el momento de destruir la revolución bolivariana”, acusó Maduro hace unos meses, tratando de justificar el acelerado deterioro de las finanzas públicas como la intriga definitiva de Washington para acabar con el “legado de Chávez”.

El “milagro originario”

La sintonía ideológica entre Chávez y Morales hizo a muchos augurar que el país más pobre de Sudamérica iba a seguir en breve el rumbo venezolano hacia la debacle. Pero los pronósticos se han mostrado por el momento errados y la economía andina está en su mejor momento en un siglo. En 2013, la expansión del Producto Interno Bruto (PIB) fue del 6,8%, máximo en casi tres décadas, encadenando un crecimiento de ocho años consecutivos que ni siquiera la crisis global pudo frenar.

La receta del “milagro originario”, según sus propios chefs, se remonta al 1 de mayo de 2006, cuando Morales cumplía su promesa electoral de nacionalizar los hidrocarburos. “Se acabó el saqueo de los recursos naturales por parte de las empresas petroleras internacionales”, fue la significativa frase escogida para el magno evento por un presidente que se define “indígena, socialista y antiimperialista”.

Desde la llegada de Morales al Palacio del Quemado en 2006, año tras año las cuentas han arrojado un inédito superávit fiscal que rompieron con cuatro décadas consecutivas de déficit y el país pudo reducir a la mitad su deudaDesde entonces, es casi una tradición que el exsindicalista cocalero celebre el Día del Trabajador tomando las operaciones de alguna empresa extranjera, ya sean campos de gas y petróleo, minas, telecos, eléctricas o servicios aeroportuarios. Bolivia pasó de tener seis empresas estatales en 2005 a manejar 23 el año pasado. Nada comparado con las casi 2.000 que estatizó su colega Chávez, pero suficientes para poner la seguridad jurídica en entredicho.

Pero, al contrario que en el caso venezolano, las nacionalizaciones están siendo rentables para Bolivia y en 2013 lograron ingresos récord conjuntos por casi 10.500 millones de dólares con un beneficio neto aproximado de 960 millones de dólares; mientras la inversión extranjera directa, pese a los recelos, tocó máximos de 10 años el pasado ejercicio.

Una simpatizante de Morales durante un acto de la organización 'Gran Poder' en La Paz (Reuters).
Una simpatizante de Morales durante un acto de la organización 'Gran Poder' en La Paz (Reuters).

Gracias a la bonanza de las materias primas y las estatizaciones, el Gobierno maneja ingentes recursos -el gasto público supone el 40% del PIB- para financiar planes sociales y transferencias directas a la población que han impulsado la demanda agregada interna y diezmado la pobreza. Y para ello no han tenido que endeudarse, todo lo contrario. Desde la llegada de Morales al Palacio del Quemado en 2006, año tras año las cuentas han arrojado un inédito superávit fiscal que rompieron con cuatro décadas consecutivas de déficit y el país pudo reducir a la mitad su deuda.

La ONU alaba su modelo de protección social que ha logrado reducir a la mitad la desigualdad, mientras el FMI y el Banco Mundial aplauden su prudencia fiscal y buen manejo macro. “Nuestras calificaciones de Bolivia reflejan su sólido balance fiscal y externo, su amplia liquidez externa y sus perspectivas de crecimiento favorables”, resumió la agencia Standard & Poor’s cuando subió en mayo la calificación crediticia del país a niveles inéditos augurando al menos cuatro ejercicios más de crecimiento.

La cuadratura del círculo

Correa no nacionalizó ninguna empresa. Hizo algo mucho más difícil: un default de deuda exitoso. Ecuador colocó holgadamente el mes pasado 2.000 millones de dólares en deuda soberana pese a que en 2008 repudió bonos por 3.200 millones de dólares que una auditoría calificó de “ilegítimos”. Muchos analistas pronosticaron que el movimiento iba a ser un tiro en el pie para la pequeña economía ecuatoriana. Pero, el tiempo demostró que Correa pudo ahorrar unos 7.000 millones de dólares al servicio de la deuda, mantener la senda del crecimiento y volver seis años después a los mercados pagando un cupón inferior al 8%, bastante menos de lo que necesitarían Argentina o Venezuela para vender papeles.

“La vida antes que la deuda”, solía entonar el mandatario, economista formado en Estados Unidos y Europa, para defender la prioridad de las políticas sociales sobre los intereses económicos. No lo tuvo fácil. Poco después de asumir el poder en 2007, Ecuador fue uno de los países más golpeados por la crisis financiera internacional, que desplomó los precios del crudo y hundió las remesas de las que dependen millones de familias. Su respuesta a la contingencia es considerada hoy día un modelo a seguir para los países emergentes por los economistas de izquierda.

La presidenta Cristina Kirchner saluda a la multitud durante un acto ante la Casa Rosada (Reuters).
La presidenta Cristina Kirchner saluda a la multitud durante un acto ante la Casa Rosada (Reuters).

Pese a no tener máquina para imprimir billetes, ya que la economía está dolarizada desde 2000, Correa huyó de la austeridad y aplicó un plan de estímulo fiscal equivalente al 5% del PIB que multiplicó por seis la inversión en obras públicas con construcción de carreteras, hospitales y escuelas, mientras utilizaba las reservas internacionales para dar créditos en agricultura, infraestructura y vivienda. “El New Deal ecuatoriano”, lo definió Mark Weinsbrot, del Centro Para la Inverstigación Económica y Política (CEPR).

También reformó de arriba abajo el sistema financiero y les aumentó los impuestos, pese a que los analistas advertían otra vez consecuencias catastróficas. Y en vez de precarizar el empleo, prohibió la tercerización y puso un salario mínimo incluso para empleadas domésticas, lo que aumentó las cotizaciones a la seguridad social. El resultado fueron ingresos fiscales récord (del 26% del PIB en 2006 al 48% del PIB en 2013).

En vez de nacionalizaciones al uso, Correa prefirió el circunloquio de la renegociación de contratos en minas, telecomunicaciones y banca con más regalías para las arcas públicas lo que, unido al aumento de la recaudación, le permitió duplicar el gasto público hasta al 50% del PIB y reducir en un tercio la pobreza en siete años. The Economist, poco proclive a los gobiernos izquierdistas de América Latina, atribuyó el éxito de Correa a una compleja mezcla de “suerte, oportunismo y habilidad”. Leyeron bien, The Economist dijo “habilidad”.

¿Cuestión tiempo?

Los economistas ortodoxos no se dejan impresionar por estas cifras y señalan que si bien ambos gobiernos pueden exhibir sólidas cifras macro y lograron democratizar mejor el auge económico de la última década, el “milagro” depende casi exclusivamente de la exportación de hidrocarburos. Un punto débil que tiene mucho que ver con el enfoque “venas abiertas” de sus líderes: la sospecha permanente hacia el sector privado nacional, considerado en muchas ocasiones cómplice del saqueo histórico del que habla Galeano.

El populismo es muy difícil de evaluar, porque en el corto plazo crea esta falsa sensación de prosperidad. Pero es cuestión de tiempo que estos modelos colapsen, porque generan los incentivos incorrectos dándole todo el poder a uno de los agentes más ineficientes de la economía que es el sector público”, dijo Alberto Ramos, analista de Goldman Sachs en una entrevista desde Nueva York con El Confidencial. “No es un desarrollo sostenible”, concluyó.

Puede que el enfrentamiento con los empresarios esté retrasando el salto cualitativo y cuantitativo hacia la decisiva diversificación de estas pequeñas economías, pero los aludidos arguyen que tras décadas aplicando las teorías del FMI solo cosecharon miseria y desigualdades sociales. Ahora el Estado es su respuesta. O como lo sintetizó Evo Morales cuando le preguntaron este año por secreto de su éxito: “¿Antes quién manejaba la economía nacional? Los ‘Chicago Boys’. Ahora son los ‘Bolivian Boys’”.

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