LA CLAVE ES QUÉ DIRECCIÓN TOMARÁ el KREMLIN

¿Puede el presidente Putin controlar a los insurgentes del Este de Ucrania?

¿Quiénes lideran la rebelión prorrusa y cuál es su relación con Moscú? Tras el derribo del avión malasio, la clave está en qué dirección tomará Putin

Foto: Un miliciano prorruso muestra un muñeco encontrado entre los restos del avión derribado en Ucrania (Reuters).
Un miliciano prorruso muestra un muñeco encontrado entre los restos del avión derribado en Ucrania (Reuters).

La guerra de Ucrania alcanzó ayer su fase internacional tras el derribo del avión de Malaysia Airlines con 298 personas a bordo, 283 de ellas pasajeros, a 60 kilómetros de Rusia. Si se confirma la autoría prorrusa en el ataque al avión (como pueden indicar las armas antiaéreas en su posesión y las conversaciones supuestamente pinchadas por Kiev en el lugar del siniestro), la pregunta es inevitable: ¿Qué dirección tomará el presidente ruso, Vladímir Putin, centrado desde mayo en mantener un perfil relativamente discreto en Ucrania?

Algunos analistas no han tardado en comparar la política de Putin con un bumerán: apoyar a unos rebeldes que, tarde o temprano, llevarían el conflicto fuera de los límites de Ucrania. Aunque sigue siendo difícil probar la implicación rusa en el control y pertrecho de los insurgentes, como insisten Kiev y Washington, es posible identificar un hilo conductor entre los viejos conflictos separatistas de la exURSS y la guerra del Donbás, sin duda la pieza mayor por extensión, número de habitantes y cercanía con Europa. ¿Quiénes lideran la rebelión prorrusa y cuál es su relación con Moscúnbsp;

Aunque sigue siendo difícil probar la implicación rusa, es posible identificar un hilo conductor entre los viejos conflictos separatistas de la exURSS y esta guerra. ¿Quiénes lideran la rebelión prorrusa y cuál es su relación con Moscú?Lejos quedan los tiempos en que titushki locales y del sur de Rusia reventaban manifestaciones para dar la imagen de una Ucrania inestable. O cuando los habitantes más desfavorecidos de Donétsk salieron al frío para defender la estatua de Lenin, símbolo de un pasado que añoraban, por miedo a que la tumbasen los militantes proKiev. Los rebeldes ni siquiera se presentan ya mostrando su pasaporte ucraniano e insistiendo en que Moscú no tiene nada que ver en su revuelta.

El Errol Flynn que dirige a los rebeldes

El liderazgo separatista se ha rusificado. Primero surgió de la niebla Igor Girkin, alias Strelkov, un esquivo militar moscovita forjado en los conflictos de Transnistria, Serbia y Chechenia. Con su fino bigote al estilo Errol Flynn y esa afición, aparentemente rusa, de rememorar batallas históricas vestido de época, Girkin ha sido descrito como un hombre de hablar tranquilo, preciso, “muy inteligente”.

Girkin, acusado por Kiev de ser miembro del GRU (el servicio ruso de inteligencia militar), es conocido por dirigir sus filas con rigor estalinista. Según The New York Times, Girkin ordenó castigar con fusilamiento episodios de saqueo. No se conoce su edad exacta; ni siquiera se había dejado ver en público hasta principios de julio en Donétsk. Pese a su origen e historial, no está confirmado que obedezca órdenes del Kremlin.

Luego salió a la palestra, cual estrella de rock, el primer ministro de la República Popular de Donétsk, Aleksandr Borodái, que recorría las calles en un vistoso convoy de milicianos armados. Borodái, que deja brillar una pistola bajo sus chaquetas color vivo, también es moscovita; tiene una licenciatura en Historia y se presenta como “especialista en conflictos étnicos”. Su hoja de servicios incluye, como la de Girkin, el papel de asesor en la reciente anexión rusa de Crimea. Ambos han publicado numerosos artículos en revistas nacionalistas preocupadas por las minorías rusas.

El nuevo liderazgo no tardó en purgar las filas separatistas: arrestó al autoproclamado alcalde de Slaviansk, Viacheslav Ponomarióv, por una supuesta adicción a las drogas, y robó protagonismo a líderes como Denis Pushilin, vecino del Donbás que había puesto voz al inicio de la revuelta. El Batallón Vostok, con fuerte presencia rusa, tomó el control de las fuerzas rebeldes en un esfuerzo por imponer disciplina y mayor eficacia en los combates.

El liderazgo separatista se ha rusificado. Primero surgió de la niebla Igor Girkin, alias Strelkov, un esquivo militar moscovita forjado en los conflictos de Transnistria, Serbia y ChecheniaA Girkin y Borodái se unió la semana pasada un viejo conocido de los servicios secretos rusos: Vladímir Antyufeyev, considerado “el mayor experto en el arte del conflicto congelado”. Atyufeyev, que se responsabilizará de la seguridad en Donétsk, comenzó su labor al frente de los antidisturbios soviéticos en Letonia; siguió en las regiones separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur y terminó en Transnistria, donde encabezó el KGB hasta 2012.

La escena, los conflictos fronterizos de la exURSS, está servida; también los actores, expertos en la guerra sumergida, y la orquesta: una milicia armada con tanques, lanzamisiles y equipos de defensa antiaérea. ¿Es Putin el director? Ucrania coincide con la doctrina militar enunciada por el general ruso Valery Gerasimov, que apuesta por combinar acciones rápidas, presión económica y uso masivo de la propaganda para difuminar los bandos y minimizar pérdidas. Una estrategia diseñada para lidiar con escenarios de inestabilidad, dice Gerasimov, como la “primavera árabe”.

La popularidad de Putin bate récords en Rusia (superior al 80%, especialmente entre los jóvenes) desde que absorbió Crimea sin ni siquiera reconocer la participación militar rusa. Su combinación de fuerza y diplomacia. Sea como fuere, el derribo del avión donde volaban casi 300 personas obliga a Putin a posicionarse y acelerar el desenlace.

Escribo estas líneas desde Abjasia, una estrecha franja de tierra subtropical apretada entre el Cáucaso y el Mar Negro. Es una república escindida de Georgia y reconocida por seis países, la mitad de ellos minúsculos, que ha pasado por algo parecido a lo que ahora mismo vive el este de Ucrania: una guerra donde los rusos, según algunas hipótesis, armaron a los rebeldes contra el ejército georgiano. A día de hoy, Rusia subvenciona a Abjasia y controla su frontera con Georgia.

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