“Es aberrante decir que mi bisabuelo y Guillermo II querían una guerra en Europa”
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entrevista a LA BISNIETA DEL ARCHIDUQUE FRANCISCO

“Es aberrante decir que mi bisabuelo y Guillermo II querían una guerra en Europa”

Hoy se cumple un siglo del magnicidio que provocó la Primera Guerra Mundial. 'El Confidencial' entrevista a la bisnieta del archiduque Francisco Fernando

Foto: Representación del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y de su esposa, la duquesa Sofía de Hohenberg.
Representación del asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y de su esposa, la duquesa Sofía de Hohenberg.

[Hoy se cumple un siglo del magnicidio que provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial, el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y de su esposa, la duquesa Sofía Hohenberg. Con motivo del aniversario, 'El Confidencial' entrevista a la bisnieta de la pareja, quien rememora la historia de amor que deparó dramáticas consecuencias dinásticas.]

Fue el 28 de junio de 1914. Dos disparos a bocajarro acabaron con la vida del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio austrohúngaro, y su esposa, la duquesa Sofía de Hohenberg. El pistolero, un terrorista serbio llamado Gavrilo Princip, pretendía atraer la atención mundial sobre la ocupación austriaca de Bosnia, que consideraba incompatible con el sueño de erigir una Gran Serbia. Sin embargo, lo que consiguió fue desencadenar una tempestad de acero. “¡Qué desperdicio!”, declara la princesa Sophie Hohenberg, bisnieta de la pareja asesinada.“Ese día un desgraciado terrorista mató a la persona que podía haber marcado la diferencia y evitado el desastre.Al disparar a mis bisabuelos condujo al mundo, sin pretenderlo, a unaespantosa carnicería”.

‘Ese día un desgraciado terrorista mató a la persona que podía haber marcado la diferencia y evitado el desastre. Al disparar a mis bisabuelos, condujo al mundo, sin pretenderlo, a una espantosa carnicería’

Las balas de Princip también dejaron huérfanos a tres vástagos (Sophie, Max y Ernst) que acababan de entrar en la adolescencia. El tiempo ha pasado, pero aún permanece un sedimento de dolor. Un pesar que es palpable al preguntar a la princesa Sophie si estará hoy en la capital de Bosnia. No quiere ni imaginarlo. “Y no creo que ningún miembro de mi familia tenga la más mínima gana de ir”, zanja. La bisnieta del archiduque considera que su actitud no es incompatible con la magnanimidad. Aún recuerda cómo los tres hijos de la pareja perdonaron a Princip en una carta. “Ya no necesito hacerlo”, dice.

Pregunta: Su interés por sus bisabuelos ha sido constante desde su infancia. Ya lo mostraba usted en el colegio…

Respuesta: “En cada vuelta al curso revisaba el libro de Historia para comprobar si mencionaba el atentado deSarajevo. Si era el caso, lo miraba para ver si salía el nombre de mi bisabuela, pues me llamo como ella”.

P.: ¿Temía, por su apellido, la mirada de sus compañeros de clase?

R.: “Sí. Gracias a Dios, sólo tuve que enfrentarme a ello en dos ocasiones”.

Un siglo después de su trágica muerte, las figuras del archiduque (nacido en 1863) y de la duquesa (1868) siguen siendo prácticamente desconocidas, a pesar de que existe una película y se han publicado varias biografías. Para Sophie, la vida de ambos es mucho más que Sarajevo; en realidad estamos ante una historia de amor que deparó dramáticas consecuencias dinásticas, ante una crónica política de los últimos años del imperio austrohúngaro.

En un principio, Francisco Fernando no estaba destinado a ser el heredero: era hijo del archiduque Carlos Luís, segundo de los tres hermanos menores (le precedía Maximiliano, fugaz emperador de México) del Emperador Francisco José. Sin embargo, todo cambió a raíz de la misteriosa muerte del heredero y único hijo varón del Emperador, el archiduque Rodolfo, cuyo cadáver apareció junto al de su amante, Mary Vetsera, en un pabellón de caza cercano a Viena. Dado que Carlos Luis no poseía las virtudes necesarias para ceñir la corona imperial, Francisco Fernando fue designado sucesor del Emperador en aplicación del orden dinástico.

El reloj que provocó un escándalo

Como heredero, estaba obligado a contraer matrimonio y tener hijos para garantizar la sucesión. Y fue aquí cuando las cosas se torcieron. Francisco Fernando conoció en un baile a la condesa Sofía Chotek, quien procedía de una familia noble de Bohemia pero no era de sangre real. Se enamoró perdidamente. Sin embargo, las normas dinásticas de los Habsburgo eran implacables al respecto: el archiduque que contrajese un matrimonio desigual renunciaba inmediatamente a la sucesión y a formar parte de la Familia Imperial.

La pareja mantuvo su romance en secreto. Francisco Fernando multiplicó sus visitas a la residencia de los archiduques Federico e Isabel, pero no para pedir la mano de una de sus hijas, sino para ver a Sofía. La estratagema funcionó hasta el día en que se olvidó su reloj de cadena

Por ello, la pareja mantuvo en secreto su romance. Uno de los destinos militares del nuevo heredero estaba ubicado cerca de la residencia de los archiduques Federico (hermano de la Reina Regente María Cristina de España) e Isabel, de quién Chotek era dama de compañía. Francisco Fernando multiplicó sus visitas al lugar, pero no para pedir la mano de una de sus hijas, como pretendía la archiduquesa, sino para ver a Sofía. La estratagema funcionó hasta el día en que el heredero se dejó en la casa su reloj de cadena. Éste cayó enmanos de la archiduquesa Isabel, que montó en cólera al descubrir que escondía una foto de Sofía. El escándalo estaba servido.

No obstante, Francisco Fernando no dio su brazo a torcer. Durante años aguantó todo tipo de presiones para que cambiase de parecer, incluidas las eclesiales. El archiduque, católico ferviente, no dudó en tachar de “cretino” a su antiguo preceptor, el monseñor Godfried Marschall, quien intentó persuadirle para que no contrajera matrimonio con Chotek.

“Era guapa, inteligente y con mucho sentido del humor”

Al final Francisco Fernando se salió con la suya, aunque pagando un alto precio: en junio de 1900, en el transcurso de una sórdida ceremonia celebrada en Viena, el archiduque, con su mano sobre los Evangelios, prometió que su mujer nunca sería proclamada emperatriz ni otorgaría a sus hijos derecho sucesorio alguno. La única y magra compensación que obtuvo fue la elevación de Sofía al rango de princesa de Hohenberg (más tarde ascendería a duquesa) pero sin estatus real. Esto significaba que en los actos oficiales pasaba por detrás de todas las archiduquesas, por muy esposa del heredero que fuese.

Sophie Hohenberg, bisnieta del archiduque Francisco Fernando.La boda fue celebrada con sencillezel 1 de julio de 1900 en la parroquia de una aldea de Bohemia, sin la presencia de Francisco José ni de ningún otro miembro de la dinastía, con la excepción de la madrastra y las dos hermanas de padre del contrayente. Desde entonces se ha especulado a menudo acerca de las intenciones de Francisco Fernando una vez alcanzado el trono. Algunos creen que habría sido capaz de faltar a su juramento, convirtiendo a su esposa en emperatriz. Una hipótesis que Sophie Hohenberg soluciona de un plumazo. “La cuestión ni se plantea, pero hubiera sido una estupenda esposa del emperador, era capaz de asumir las obligaciones propias de una emperatriz”, opina.

Biógrafos e historiadores coinciden en destacar la bondad de la consorte. Sophie, que ha tenido acceso a los archivos familiares y que conoció a la hija mayor de sus bisabuelos, no escatima en elogios hacia su antepasada. “Era guapa, inteligente, paciente y creo que con una alta dosis de humor”, cuenta.

Golpes bajos en la corte vienesa

Virtudes que demostraron ser perfectas para compensar el carácter complicado de su marido. Fue un éxito: Francisco Fernando y Sofía fueron una de las parejas más felices de la realeza europea de principios del siglo XX. Hubo una total compenetración entre ambos durante los catorce años que duró el matrimonio. De no haber sido así, difícilmente podrían haber aguantado la interminable lista de mezquindades y golpes bajos perpetrados por los dignatarios de la corte vienesa y que tanto entorpecieron las ya de por sí complicadas relaciones entre Francisco José y su sobrino y sucesor.

Pregunta: ¿Cómo se llevaban?

Respuesta: “Hoy sigue siendo complicado desmenuzar esa relación. Para empezar, quiero subrayar que mi bisabuelo tenía un profundo respeto por Francisco José; no sólo era su tío, sino y sobre todo el Emperador y el jefe de familia. Y si no estaban de acuerdo sobre la manera de guiar el ‘buque Austria-Hungría’, el Emperador siempre tenía la última palabra”.

P.: Pero Francisco Fernando no se paraba en barras a la hora de dar su opinión…

R.: “No era obsequioso, desde luego. Y Francisco José, como hizo con su hijo Rodolfo y como haría más tarde con su sobrino Carlos, intentaba impedir que Francisco Fernando interviniera en los asuntos de Estado. Pero él era consciente de cuáles iban a ser sus responsabilidades en un futuro y no podía permanecer callado ante los peligros internos y externos que acechaban a la Doble Monarquía”.

Francisco Fernando tenía su personalidad política, para bien y para mal. Una de cal y otra de arena, se podría decir. Por una parte, desde que unos oficiales se burlaron de su acento húngaro, profesó una profunda hostilidad hacia el reino de Budapest. Los magiares se lo devolvían: cuando el archiduque fue asesinado, el conde Iván Tisza, a la sazón primer ministro húngaro, declaró: “Se ha cumplido la voluntad del Cielo”.

Francisco Fernando y Sofía fueron una de las parejas más felices de la realeza europea. De no haber sido así, difícilmente podrían haber aguantado la interminable lista de mezquindades y golpes bajos perpetrados por los dignatarios de la corte vienesa

Esta mala relación entre el heredero y la segunda pata sobre la que descansaba el equilibrio del imperio hacía temer los peores augurios. Francisco Fernando tenía la intención contradictoria de conceder el sufragio universal a Hungría y no a Austria: quería barrer, en el primer caso, a señores feudales y magnates que se aferraban a sus privilegios, y temía, en el segundo, la eclosión de una clase media liberal y democrática. “Al final”, puntualiza Hohenberg, “el Emperador instauró el sufragio universal en todos sus territorios; no podía ignorar la tendencia que imperaba en Europa”.

La otra cara, algo más progresista, de la moneda de Francisco Fernando fue su lucidez estratégica. Sabía que una nueva guerra en Europa se llevaría por delante, como sucedió, a los Habsburgo y a los Romanov. De ahí sus esfuerzos por entenderse con los monarcas de San Petersburgo, Londres y Berlín, con quienes nunca llegó del todo a congeniar, y también por estrechar relaciones con Rumanía, país fronterizo e inestable.

Pregunta: ¿Se hubiera salvado el Imperio austro-húngaro si hubiera reinado su bisabuelo? Los historiadores le atribuyen veleidades reformistas…

Respuesta: “Mire, la Historia es la que es y no se puede rehacer. ¿Estaba mejor preparado Francisco Fernando que Carlos? Seguramente. No obstante, la situación de Europa a principios del Siglo XX era harto compleja: la presencia, ya arraigada, del nacionalismo y del individualismo, y la aparición de nuevos desafíos estratégicos como el petróleo lo corroboran. ¿Que hubiera sido del mundo sin Sarajevo? Sólo Dios lo sabe”.

El calvario de los Hohenberg y “el robo checo”

Lo que no terminó en Sarajevo fue el calvario de los Hohenberg. Al poco de acabar la I Guerra Mundial, las autoridades de la recién creada Checoslovaquia dieron un par de horas a los tres jóvenes huérfanos para recoger sus pertenencias y abandonar el castillo bohemio de Konopiste y su bosque de 6.000 hectáreas, heredados de sus padres junto al castillo austriaco de Arstretten y la finca de Chlumetz. En 1921, el Parlamento checoslovaco, con objeto de plasmar en su ordenamiento jurídico las disposiciones del Tratado de Saint-Germain (que disolvió Imperio austrohúngaro), votó la Ley 354.

En su apartado 3, la Ley indica que “los bienes y propiedades de la antigua familia soberana de Austria-Hungría están constituidos por los del antiguo Emperador Carlos y su esposa Zita, y por los de los demás miembros de la familia, de forma particular por los del antiguo heredero Francisco Fernando y sus descendientes”.Un apartado que Sophie Hohenberg considera nulo de pleno derecho. “Lo de los checos es un robo; intelectualmente es deshonesto. En 1921, Francisco Fernando llevaba siete años muerto y su herencia se zanjó en 1916. Desde esa fecha, el dueño de Konopiste era mi abuelo Max”.

Desde que unos oficiales se burlaron de su acento húngaro, profesó una profunda hostilidad hacia el reino de Budapest. Los magiares se lo devolvían; cuando el archiduque fue asesinado, el conde Iván Tisza, a la sazón primer ministro húngaro, declaró: ‘Se ha cumplido la voluntad del Cielo’

Cuando éste último y sus hermanos nacieron, ya no eran ni Habsburgo ni dinastas debido a la renuncia de Francisco Fernando; eran simplemente Hohenberg. Siguiendo esa lógica, Austria no confiscó ningún bien ni al duque Max ni a sus hermanos, “la prueba fehaciente de que el Tratado de Saint-Germain no se aplica a ellos”. Es el principal argumento de Sophie Hohenberg para seguir reclamando la devolución de Konopiste, (su hermana mayor, la princesa Anita, es la dueña de Artstretten, que ha convertido en atracción turística).

Hasta la fecha, todo han sido reveses judiciales: al del Supremo checo se sumó el del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Pero la princesa Hohenberg no pierde la esperanza. Considera que Konipiste es el combate más importante de su vida y asegura que no se han agotado las vías judiciales. Reconoce, no obstante, que se siente como David ante Goliat. “Soy un eslabón más de la cadena familiar y, después de mi muerte, llegará otro para sustituirme. Quién sabe. Mi abuelo luchó toda su vida para recuperar sus bienes y yo no voy a desanimarme en el primer intento. En mi familia pensamos siempre a largo plazo. Es nuestra principal baza”.

El largo plazo y también una capacidad de de aguante excepcional. El apellidarse Hohenberg costó a los tres hijos de Francisco Fernando y Sofía la deportación al campo de concentración de Dachau en 1938, a raíz de la anexión de Austria por la Alemania nazi. Los hermanos sobrevivieron a Dachau, pero su salud se resintió tremendamente. Las secuelas acabaron con la vida del duque Ernst cuando sólo tenía 50 años.

Pregunta: ¿Hay una ‘maldición Hohenberg’?

Respuesta: “No creo que estemos malditos. Al contrario, hemos tenido suerte en la desgracia. La generación de mi abuelo tuvo un comportamiento admirable en la adversidad: supo continuar su tarea con valentía, fe y humor, dando un magnífico ejemplo a las generaciones siguientes. Tuvieron una vida fuera de lo común; y si en algún momento esa existencia se pudo asemejar a una bajada a los infiernos, siempre hubo alegría”.

P.: Volviendo a Sarajevo, sigue circulando una leyenda según la cual, días antes del atentado, el archiduque Francisco Fernando y Guillermo II de Alemania habrían diseñado en Konopiste un plan para desencadenar lo antes posible una guerra en Europa.

R.: “Esa es una historia aberrante montada de cabo a rabo en 1916 por el periodista británico Henry Wickam Steed. Propaganda en estado puro. Lo fascinante es que haya gente dispuesta a creerse semejante sandez. Esta leyenda no ha hecho sino fomentar el odio hacia los Habsburgo y también originó las palabras “de forma particular por los del antiguo heredero Francisco Fernando y sus descendientes”, incluidas en la ley 354, facilitando de paso el robo de los checos.

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