LA OMS DECLARÓ UNA ALERTA MUNDIAL HACE DÍAS

En la mayor reserva mundial de la polio

La polio está ya en diez países y sigue exportándose. Pakistán encabeza la lista, con 54 casos. Este diario viaja al epicentro de la enfermedad, en Peshawar

Foto: La policía protege a un trabajador de la campaña contra la polio en Peshawar el pasado 30 de marzo. (Reuters)
La policía protege a un trabajador de la campaña contra la polio en Peshawar el pasado 30 de marzo. (Reuters)

La polio está ya en diez países y sigue exportándose. De Siria a Irak, de Camerún a Guinea, de Pakistán a Afganistán… Ante el peligroso rebrote detectado en Asia y África y el riesgo de propagación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decretó hace días una alerta mundial, declarando la enfermedad como emergencia de salud pública de importancia internacional. El país que registró más casos el año pasado fue Afganistán, con 193, aunque la lista la encabeza ahora Pakistán, con 54. El Confidencial viaja al epicentro de la enfermedad, en las afueras de Peshawar.

Un gran cartel pintado sobre un muro de piedra entre campos de cultivo anuncia la campaña de vacunación contra la polio en el distrito paquistaní de Surazai Payan, que limita con las áreas tribales fronterizas con Afganistán. Prácticamente, esta aldea agrícola a las afueras de Peshawar, capital de Khiber Pasthunja, está controlada por insurgentes talibanes que no les dan la bienvenida a los forasteros.

Pakistán es uno de los tres países, junto con Afganistán y Nigeria, en lo que la poliomielitis es todavía endémica. Desde 1999, la Organización Mundial de la Salud (OMS) trabaja junto con las autoridades paquistaníes para erradicar la polio en el país. Las áreas donde habitan familias de mayoría pastún, como es el caso de Surazai Payan, son las más complicadas a la hora de concienciar a la población, debido a su mentalidad tradicional y cultura cerrada. En ocasiones, los padres se han negado a vacunar a sus hijos por convicciones religiosas erróneas.

Kurban Ali nació sano, pero ahora tiene la polio. Su familia es humilde y sin educación, e influenciada como muchas otras por los sermones de los mulás que atacan las campañas de inmunización en las mezquitas Kurban Ali nació sano, pero ahora tiene la polio. Este bebé de siete meses se perdió en dos ocasiones la campaña de vacunación porque sus padres consideraron que no era importante suministrarle a su pequeño las gotas para prevenir esta enfermedad. Ahora se arrepienten y han intentado, sin éxito, que su bebé pueda recuperar la movilidad de la pierna derecha. Ali arrastrará toda la vida una discapacidad física.

“Un día, sin más, mi sobrino no podía mover la pierna. No sabíamos qué le pasaba. Acompañé a mi hermano al hospital Leady Reading de Peshawar e ingresamos al bebé. Los médicos nos informaron de que Ali había contraído la polio. Intentamos hacer todo lo posible, pero ya era demasiado tarde”, cuenta a El Confidencial Asmatullah, tío del pequeño.

La familia de Ali es humilde y sin educación, e influenciada como muchas otras por los sermones de los mulás que atacan las campañas de inmunización en las mezquitas. Este bebé es uno de los 90 casos registrados por la OMS en 2013. La mayoría de los niños se han contagiado en la ciudad de Peshawar, que ha sido declarada “la mayor reserva mundial de la polio”. Esta ciudad de cuatro millones es el principal centro urbano del noroeste de Pakistán y gran parte de la población de la zona se mueve a través de ella, lo que facilita que se propague la enfermedad.

Una trabajadora sanitaria suministra la vacuna a un niño el pasado marzo en Karachi, Pakistán (Reuters).
Una trabajadora sanitaria suministra la vacuna a un niño el pasado marzo en Karachi, Pakistán (Reuters).

¿El mayor aliado de la polio?: los talibanes

A todo ello hay que sumar los ataques sistemáticos a los trabajadores sanitarios que suministran las gotas contra la polio desde que los talibanes prohibieron la vacunación a raíz de la operación que acabó con Osama Bin Laden, en mayo de 2011. Sólo el año pasado más de 30 vacunadores y personal de seguridad fueron asesinados, y once personas lo fueron en los dos primeros meses de 2014.

La participación en la operación del doctor Shakil Afridi, que supuestamente brindó ayuda a la CIA para localizar al líder de Al Qaeda con una campaña falsa de vacunación, ha generado la paranoia de que las potencias extranjeras utilizan a los vacunadores para espiar en las comunidades locales. Los líderes religiosos extremistas se han opuesto a las campañas de vacunación alegando que es una conspiración de Estados Unidos para esterilizar a los niños paquistaníes y así controlar el crecimiento de la población musulmana. Otros dicen que las gotas de estos preparados de antígenos no son halal (permitido en el islam) y contienen proteínas de cerdo.

Peshawar es la mayor reserva mundial de la polio. Esta ciudad de cuatro millones es el principal centro urbano del noroeste de Pakistán y gran parte de la población de la zona se mueve a través de ella, lo que facilita que se propague la enfermedad El peligro que corren las trabajadoras y voluntarias en la lucha contra la polio de ser atacadas por fanáticos ha afectado gravemente a las campañas de erradicación de la enfermedad. “Para poder erradicar definitivamente la polio es necesario que se implementen más medidas de seguridad”, reconoce a este diario Neas Muhamed, jefe del equipo de vacunación de la polio en la localidad de Swabi, a unos 40 kilómetros de Peshawar.

Hace apenas unas semanas fue atacado un dispensario médico en un hospital de esta localidad donde se guardaba la vacuna inmunizante. “Los talibanes están utilizando su campaña de distorsión y asesinatos selectivos contra trabajadores sanitarios como arma política, porque saben que la principal prioridad del Gobierno es erradicar la polio”, denuncia este responsable gubernamental mientras camina sobre los escombros del edificio y hace el recuento de las pérdidas.

“Se ha desperdiciado el trabajo de dos meses –lamenta el doctor–. Todos los informes están destruidos por el fuego y las vacunas no se pueden utilizar. Pero lucharemos hasta el final. No vamos a dejarnos intimidar por ellos (los talibanes)”.

Administración de vacunas contra la polio en aeropuerto de Karachi (Efe).
Administración de vacunas contra la polio en aeropuerto de Karachi (Efe).

“Encontré a mi hijo cubierto de sangre, aterrado”

Para muchas mujeres paquistaníes, la única oportunidad de trabajar es como asistente en la campaña contra la polio. Naila Naz de 28 años, murió el 1 de enero en un ataque talibán contra el microbús en el que viajaba con otra empleada sanitaria y cuatro maestras de la ONG local Support with Working Solution. Todos los pasajeros y el conductor perecieron en este ataque, el peor que se recuerda desde que empezó en 2012 la campaña de terror contra los luchadores contra la polio.  

El grupo de mujeres regresaba a Swabi desde Ambar, una remota aldea, después de una jornada  de trabajo cuando fueron tiroteadas por unos desconocidos en la carretera. Naz iba acompañada de su hijo de tres años, a quien los atacantes sacaron del autobús antes de ejecutar al resto de pasajeros. “Encontré a Ehsan en el hospital cubierto de sangre y aterrado. Aún sigue traumatizado”,  explica con voz rota Zain Ul Hadi, el viudo de Naz y padre de otros tres hijos.

‘Encontré a Ehsan en el hospital cubierto de sangre y aterrado. Aún sigue traumatizado’, explica con voz rota Zain Ul Hadi, el viudo de Naz y padre de otros tres hijos“No sé quién pudo hacerlo ni por qué querrían matar a mi mujer  y sus compañeras. Ellas estaban ayudando a la gente del pueblo con el centro de salud y la escuela. He perdido el sustento de mi familia”, lamenta Ul Hadi, que padece una enfermedad cardiaca que le impide trabajar. Antes vivían con los 100 euros que traía al mes su esposa. Precisamente, el día del trágico incidente “habían ascendido a mi mujer, iba a ganar 50 euros más mensuales”, cuenta.  La ONG en la que trabajaba Naz ha conseguido que la familia reciba una ayuda que ronda los 70 euros.

“No me importa arriesgarme si puedo salvar a un niño”

El silencio rodea al cementerio de Jelsai, una aldea 18 kilómetros de Swabi. Gul Rahim mantiene las manos en alto mientras invoca para sí la memoria de su hija Amsyet, de 25 años, que murió en el ataque contra las trabajadoras de la polio, a principios de enero. “Mi hija fue asesinada por ayudar en la campaña de la polio. A la gente de aquí no nos gustan los equipos contra la polio. No son bienvenidos. Sólo traen problemas y muertes”, sentencia con rabia este militar retirado de 65 años. Su hija era maestra, pero quiso echar una mano en la organización de la campaña de vacunación. Acabó siendo tiroteada por unos desconocidos. 

Cuando la vida te quita a tu hijo de dos años por un estúpido accidente doméstico, sólo piensas en poder ayudar a otros niños para que crezcan sanos y salvos. Con esa determinación se nos presentó Nagar Nur, trabajadora sanitaria en Peshawar. Su pequeño murió electrocutado al tocar unos cables pelados que no estaban protegidos con cinta aislante. “No me importa correr peligro si puedo salvar la vida de un niño”, asiente, firme y convencida. 

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