NICK CRANE, EL SKIN QUE ATERRORIZÓ A Inglaterra

¿Se puede ser gay y neonazi?

Nicky Crane, el skinhead que aterrorizó a Inglaterra en los 80, reveló poco antes de morir que era gay. Icono nazi, los jueces le consideraban una bestia

Foto: Nicky Crane en la portada del disco que le convirtió en un icono neonazi.
Nicky Crane en la portada del disco que le convirtió en un icono neonazi.

“¡Estamos aquí, somos maricones y fascistas. Ve acostumbrándote!”. Finales de la década de 1990, Estados Unidos. Se crea American Resistance Corps (ARC), la primera organización que, de forma pública, llama a homosexuales y heterosexuales skinheads (cabezas rapadas) a unir sus fuerzas para crear “un futuro mejor para los blancos sin la interferencia y los estorbos egoístas de otras razas”.

Domingo, 10 de junio de 1984. Reino Unido, cuna del movimiento skinhead. El escenario es completamente distinto. Ken Livingstone -quien más tarde fue alcalde de Londres con el Partido Laborista- organiza un concierto al aire libre para protestar contra los recortes del Gobierno. La gente acude en masa. La mayoría atraídos por el sol y la música, más que por la causa en sí. Para Nicky Crane, sin embargo, cualquiera que asista a eventos de este tipo es un mero provocador al que hay que dejar las cosas claras con unas patadas en la boca. Cuando el grupo The Redskins comienza a tocar las primeras notas, un centenar de fascistas arremete contra el público. Estalla la guerra.

Crane era el responsable del British Movement en Kent. Se encargaba de reclutar gente y organizaba las palizas más violentas a los grupos minoritarios. Salía y entraba en prisión constantemente. Los jueces le consideraban una bestia, peor que cualquier animalEn aquel momento, Crane ya era todo un mito. Lo que decía se hacía; lo que no le gustaba desaparecía del mapa. Para los neonazis era un héroe. Para los negros, su peor pesadilla. Para los grupos de extrema izquierda, el principal enemigo. Lo que nadie sabía era que, aquel hombre que tenía a Hitler como su dios, era gay.

Esta semana se ha cumplido el 20 aniversario de su muerte. El sida acabó con él a los 35 años. Sus últimos días los pasó en una habitación del Soho, realizando vídeos porno homosexuales amateur. Murió solo. Tras confesar su secreto unos meses antes en un programa de televisión, no encontró sitio en ninguno de los dos mundos en los que había vivido. En uno como leyenda, en otro como fantasma. Los neonazis le dieron la espalda. Los homosexuales quedaron horrorizados al saber que un heredero del Führer -el mismo que quemaba a gays y lesbianas con los judíos en los hornos de los campos de concentración- pudiera considerarse uno de los suyos.

Han pasado dos décadas de todo aquello, pero: ¿sigue siendo la homosexualidad un tabú en estos grupos? ¿Se puede ser gay y skinhead? Alegatos como los de ARC podrían dar la respuesta. Pero en la calle, la situación es mucho más compleja.

Un miembro de la English Defence League durante una marcha en Luton, Reino Unido (Reuters).
Un miembro de la English Defence League durante una marcha en Luton, Reino Unido (Reuters).

La doctora Lisa Waldner de la Universidad de St. Thomas (EUUU), responsable de uno de los estudios más importantes en la materia, aclara a El Confidencial que existen diferentes grupos de los llamados cabezas rapadas. Los hay de izquierdas e incluso aquellos que repudian la ideología fascistas, como el SHARP. “Estos últimos están más abiertos a los homosexuales, pero los que son gais y miembros neonazis no revelan su sexualidad. Todavía es un tema tabú”, recalca.

El culto a la masculinidad

Sociólogos, politólogos y psicólogos llevan años analizando un escenario plagado de contradicciones. De hecho, las mismas organizaciones que defienden los derechos de gais, lesbianas y transexuales encuentran dificultades para afrontar la cuestión. “No tenemos expertos en este asunto”, es la respuesta que ofrecen desde la fundación de Manchester, ciudad que acoge varios festivales a lo largo de todo el año dedicados a skins gais.

Primero, la homosexualidad era asociada con el afeminamiento por la extrema derecha y Crane era todo lo contrario de afeminado. Segundo, nadie daría más crédito a una revista antifascista que a la palabra de uno de los suyos. Tercero, nadie quería recibir una paliza del tipo más violento de Inglaterra

Organizaciones como British Gay Skin informan sin tapujos en su página web de todas sus actividades. Eso sí, se definen como “apolíticos”. Cuando se les pregunta por la vida de Crane, dan la callada por respuesta.

Pero, ¿cómo lo afrontan los grupos de extrema derecha? Sheila Jeffrey, autora, entre otros, de Herejía lesbiana, asegura que es posible que “un nacional-socialista sea homosexual o que un skinhead neonazi sea gay”. “De hecho, el culto a la masculinidad, pilar fundamental de esta política, puede ser muy atractivo para algunos hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. Con todo, se convierte en insostenible, como lo fue en la Alemania nazi, cuando se hace público y desacredita el movimiento”, recalca.

Los skinheads nacieron a finales de 1960 en el Reino Unido. Los jóvenes comenzaron a copiar la moda traída por los inmigrantes caribeños. Vestían como ellos y escuchaban su música, una mezcla del ska y reggae. En sus inicios no era un movimiento racista, pero en la década de 1970, sus integrantes empezaron a afiliarse a grupos de extrema derecha, como el British Movement (BM).

Líder neonazi de día, homosexual de noche

Crane era el responsable del BM en Kent. Se encargaba de reclutar a la gente y organizar las palizas más violentas a los grupos minoritarios. Salía y entraba en prisión constantemente. Los jueces le consideraban una bestia, “peor que cualquier animal”. Cuando no cumplía condena, por el día se reunía con sus camaradas. Por las noches, se convertía en un fantasma y acudía a Heaven, el pub gay por excelencia de la capital británica. Era un veinteañero que pasaba totalmente desapercibido.

A mediados de los 80, en Londres comenzaban a salir a escena los cabezas rapadas homosexuales. Murray Healy, autor de Skins gay: Clase, masculinidad y apropiación del queer (maricón, en inglés), asegura que los homosexuales tenían muchas razones para adoptar esta apariencia. “Algunos habían sido skinheads antes de reconocer su sexualidad. Otros encontraron que, en una época en la que todos los hombres homosexuales se suponían que eran afeminados, triunfaban más. También había mucho fetichismo vinculado a la hiper-masculinidad", apunta.

En este contexto, incluso las esvásticas y consignas racistas eran cuestión de moda y no de creencias. “Se negaban a interpretar estos tatuajes políticamente. La gente pensaba que era parte del ritual de la autenticidad, que sólo se estaba jugando un papel”, recalca Healy.

De hecho, cuando los llamados Sharps -aquellos que luchaban contra los prejuicios raciales- denunciaban estos símbolos de extrema derecha, muchos skinheads heterosexuales apolíticos lucían apología fascista simplemente por estética.

Un joven vestido con una camiseta con la imagen de Nicky Crane (Gavin Watson).
Un joven vestido con una camiseta con la imagen de Nicky Crane (Gavin Watson).
El nacimiento de un icono…

El caso de Crane era distinto. Él no sólo llevaba en su cuerpo los símbolos del nazismo, él vivía bajo sus pilares. En 1981, sin embargo, cuando el periodista Garry Bushell ilustró con su fotografía un álbum recopilatorio de las bandas del movimiento Oi!, decidió borrar todos sus tatuajes con un programa de tratamiento de imágenes. Tiempo después admitió que había cometido un error. El disco fue finalmente retirado del mercado, pero la imagen de Crane dio la vuelta al mundo y se convirtió en emblema de grupos neonazis. Camisetas, póster, chaquetas… Había nacido un icono.

Pero en medio de la fama, Searchlight publica un artículo que no deja indiferente a nadie. La revista era antifascista, pero, pese a sus inclinaciones políticas, también era de lectura obligatoria para los activistas de la extrema derecha. Cada mes, sacaban a la luz todo tipo de chismes sobre la escena neonazi y sus miembros la compraban para ver si habían merecido alguna mención. El titular de abril de 1985 tuvo su impacto: “El jueves por la noche se pudo ver en la discoteca Heaven a Nicky Crane”. La respuesta de sus camaradas fue ignorar el reportaje, hacer como si nada hubiera pasado.

Primero, la homosexualidad era asociada con el afeminamiento por la extrema derecha y Crane era todo lo contrario de afeminado. Segundo, nadie daría más crédito a una revista antifascista que a la palabra de uno de los suyos. Tercero, nadie quería recibir una paliza del tipo más violento de Inglaterra.

Searchlight volvió a la carga en 1987: “Crane, el mejor ejemplo para la derecha de un psicópata clínico. Está detrás de un movimiento skin gay, que se reúne los viernes por la noche en un pub del este de Londres”. Su doble vida comenzaba a desquebrajarse. Con los neonazis mantenía su reputación: nadie quería ver lo que ya era evidente. Pero los homosexuales le cerraron las puertas de sus locales.

…Y su descenso a los infiernos

Tras otra monumental pelea durante las conmemoraciones del Bloody Sunday -unos desfiles anuales que aún hoy generan tensión en Irlanda del Norte- Crane desaparece. Pasa una larga temporada en Tailandia. A su vuelta, cuenta toda la verdad en Out, un programa de Channel 4. Las imágenes se emitieron el 27 de julio de 1992.

En 1981, el periodista Garry Bushell ilustró con su fotografía un álbum recopilatorio de las bandas del movimiento Oi!. El disco fue finalmente retirado del mercado, pero la imagen de Crane dio la vuelta al mundo y se convirtió en emblema de grupos neonazisCon 34 años, explica abiertamente que le gustan los hombres y reniega de su pasado neonazi. Sus antiguos camaradas le dan la espalda. No saben cuál de las dos afirmaciones es más fuerte. Un año más tarde, muere de una infección pulmonar a la que su cuerpo, enfermo de sida, no puede hacer frente.

La doctora Lisa Waldner señala que Crane fue, sin duda, una figura que desafió el tabú de la homosexualidad entre los skinheads de extrema derecha. “Puede servir de ejemplo a otros, pero el tabú sigue ahí. No se ha roto”, remarca. Los neonazis, según la experta, siguen considerando la homosexualidad “antinatural” y factor responsable de llevar “a la raza blanca al suicidio”. “A través de su look, intentan expresar una masculinidad dominante y ven a los homosexuales como una perversión, ya que creen erróneamente que gais y lesbianas blancas no ayudan a crear niños blancos”, apunta.

Con todo, a pesar de que parezca contradictorio, todavía hay centenares de gais en todo el mundo que siguen optando por ser miembros de grupos racistas y otras organizaciones anti-homosexuales, ya que consideran que ser skinhead es “una parte importante de su identidad”. “Algunos esperan que con el tiempo, al igual que ha ocurrido con la Iglesia e incluso el Ejército, que han cambiado su percepción, los grupos a los que pertenecen también lo hagan”, concluye.

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