LIDERA POR PRIMERA VEZ UN SONDEO ELECTORAL

La ultraderecha de Le Pen adelanta a la izquierda y al centro en Francia

El Frente Nacional francés, liderado por Le Pen, encabeza por primera vez la intención de voto para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo año

Foto: La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen. (EFE)
La presidenta del Frente Nacional, Marine Le Pen. (EFE)

La ultraderecha francesa sale de la marginalidad. El Frente Nacional de Marine Le Pen lidera por primera vez un sondeo de intención de voto para las elecciones al Parlamento Europeo del próximo año, por encima de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) y el Partido Socialista (PS), y se afianza como alternativa a las dos formaciones que han dominado en los últimos años el panorama político galo.

Una encuesta de la empresa Ifop difundida este miércoles por el semanario Le Nouvel Observateur cifra en el 24% la intención de voto para la ultraderecha de Le Pen, dos puntos por encima de la UMP y cinco del PS. La lista del Movimiento Demócrata y la Unión de Demócratas e Independientes (UDI) obtendría un 11%, mientras que Los Verdes lograrían un 6%. El sondeo, realizado en base a 1.893 entrevistas, no aclara cómo quedarían repartidos los escaños en el Parlamento Europeo, donde Francia tiene derecho a 72 diputados.

El avance de la formación ultraderechista y nacional populista creada en 1972 por Jean-Marie Le Pen, excombatiente de las guerras coloniales de Indochina y Argelia y padre del movimiento de extrema derecha moderno europeo, debe ser visto como una severa advertencia tanto para el socialismo que ocupa actualmente el poder en Francia como para la oposición. El Frente Nacional (FN) ya no es un monstruo, se ha convertido en una alternativa viable a las dos formaciones predominantes en el país.   

El estudio sale a la luz pocos días después de la simbólica victoria de la ultraderecha en las elecciones parciales celebradas en el cantón de Brignoles (en el sureste del país), ante una incertidumbre creciente en los dos partidos mayoritarios y especialmente en la izquierda, que ha quedado apeada para la segunda vuelta. El candidato del Frente Nacional, Laurent López, venció ampliamente a sus rivales, con el 40,4% de los votos. Cabe destacar el resultado de otra formación de extrema derecha, el Partido de Francia, cuyo candidato cosechó el 9,1% de los sufragios.  

“Ya somos el primer partido de Francia”

Las reacciones a dichos resultados mostraron hasta qué punto el avance de Le Pen preocupa a los partidos mayoritarios. “Tortazo”, “consternación” o “advertencia” fueron los calificativos más empleados. Contrastan con el exagerado triunfalismo de la hija del fundador del Frente Nacional, quien reivindicó que la formación que dirige “es ya el primer partido de Francia”.     

Mítin de la campaña de marine le pen en parís
Mítin de la campaña de marine le pen en parís
Con un discurso plagado de asuntos como la inseguridad, la migración, la crisis o el desempleo, Marine Le Pen, de 48 años, se ha empeñado en eliminar la etiqueta de racista y extremista que pendía sobre el FN desde que tomó las riendas del mismo en 2011. Con una estrategia de implantación local, no ha dejado de ganar popularidad. Hasta el punto de que un reciente sondeo la situaba como el tercer político más popular de Francia, sólo superada por el ministro del Interior, Manuel Valls (quien recientemente desató la polémica por unas declaraciones sobre los gitanos), y el expresidente Nicolás Sarkozy.

Dicha estrategia ha conseguido lo que el fundador del partido, que llegó a la segunda vuelta de las presidenciales en 2002, nunca logró: situarse por encima de los socialistas y de la derecha y triplicar el número de militantes hasta los casi 70.000 que tiene actualmente.

Muchos analistas se aventuran a dibujar las razones del avance del FN. Algunos consideran que es un partido al que votan, cada vez en mayor medida, antiguos seguidores de la izquierda. Otros señalan que entre las clases medias galas, incluido los obreros más afectados por la imparable destrucción de la industria, se extiende el desánimo. Al rechazo a una inmigración que no parece adaptarse a los usos sociales de Francia se suma el temor a una delincuencia creciente y un François Hollande en sus horas más bajas.     

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