UN PRESTIGIOSO CIRUJANO BRASILEÑO REVELA UNA OPERACIÓN DE 1996

Una hamburguesa, el capricho de Gadafi en plena operación de cirugía estética en un búnker

El cirujano plástico brasileño Liacyr Ribeiro nunca pensó que aquel congreso al que iba a asistir en Trípoli (Libia) en 1994 iba a tener un final

Foto: Una hamburguesa, el capricho de Gadafi en plena operación de cirugía estética en un búnker
Una hamburguesa, el capricho de Gadafi en plena operación de cirugía estética en un búnker
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    El cirujano plástico brasileño Liacyr Ribeiro nunca pensó que aquel congreso al que iba a asistir en Trípoli (Libia) en 1994 iba a tener un final digno de la mejor película de James Bond. Después de 15 años de silencio, Ribeiro y el doctor Fabio Naccache cuentan ahora cómo en 1995 el dictador Muamar  Gadafi los contrató para realizarle una cirugía plástica en el rostro y un implante capilar. “Se realizó en un búnker perfectamente equipado, el mejor quirófano en el que he trabajado fuera de Estados Unidos. A mitad de la intervención Gadafi me pidió detenerla. Tenía hambre, quería comerse una hamburguesa”, confiesa ahora sonriente Ribeiro. Gadafi, que pagó con un sobre repleto de dólares y francos suizos, tenía en aquel momento 50 años.

    El vanidoso dictador líbio estaba muy preocupado. Así se lo confesó al especialista brasileño en aquel lejano 1994. “Doctor yo lidero este país. Estoy envejeciendo y no quiero que los jóvenes libios crean que lo estoy haciendo”, reconoció Gadaf. “Lo examiné y le dije que tenía que realizarle una cirugía en el rostro. ‘No quiero eso, deja marcas’, me dijo. Gadafi me dio una clase de face lip”. El dictador libio tenía pronunciadas marcas en la cara  “debido al sol, los párpados muy caídos y estaba empezando un proceso de calvicie”. Gadafi les exigió que la cirugía debía ser imperceptible para el pueblo libio.

    Todo había comenzado unos días antes en Trípoli. Ribeiro participaba en un congreso de cirugía plástica. Allí conoció al ministro de Sanidad del país africano. “Me gustaría que usted examinase a una persona a la que quiero mucho, -me dijo-. Yo pensé que era su mujer, nunca que fuera Gadafi. Cogió su propio coche y me condujo al palacio que fue bombardeado en 1986 por Ronald Reagan. Llegamos a un búnker. Dentro fue donde conocí a Gadafi”.

    El cirujano continúa. “Gadafi quería que la operación se realizase en ese mismo momento. Le dije que no podía ser, tenía que hacer análisis, exámenes y traer el material quirúrgico de Brasil. Un año después volví a Libia en compañía del doctor Fabio Naccache, especialista en implante capilar”, asegura Ribeiro al periodista Paulo Enrique en su programa Domingo Espetacular de la ‘Rede Record’. Hasta el último momento, la cirugía para rejuvenecer al dictador fue rodeada de misterio. Ocurrió de madrugada y duró cuatro horas. “Gadafi tenía una pequeña calvicie, que podría ser corregida con un microtrasplante de cabello”, confeso el doctor Naccache.

    "Tuvimos que para la operación"

    En el búnker, el quirófano impresionó a los doctores. “Tenía dos centros quirúrgicos como jamás he visto, sólo en Estados Unidos. Dos salas de cirugía con recuperación y hasta un gimnasio con una piscina olímpica dentro del búnker”, recuerda mostrando fotografías quince años después. Pero la situación más esperpéntica estaba por llegar: “En medio de la cirugía Gadafi me dijo: ‘Quiero comer, tengo hambre, quiero una hamburguesa’. Era increíble, pero tuvimos que parar la operación, lavar todo el equipo quirúrgico y sedar nuevamente al paciente con anestesia local “. Todos los doctores que participaron en la operación eran extranjeros: Gadafi tenía miedo a ser asesinado por un libio fanático.

    Una semana después llegó el momento de regresar a Brasil. “El ministro de Sanidad, que me había contratado, me preguntó cuál era el precio de la operación. Le dije que no tenía que pagar nada, que era una honra operar a un estadista. Pero me respondió que los árabes no dan regalos, ‘pagamos con dinero’. Fue cuando sacó del traje un sobre. No puedo decir cuánto cobré por la intervención, sólo que me pagaron en dólares y francos suizos”, recuerda Ribeiro, ex presidente de la Sociedad Brasileña de Cirugía Plástica.

    ¿Por qué Gadafi eligió al doctor Ribeiro? “Según me dijo su ministro fui el único de aquel congreso que no intenté engañarlo, con promesas médicas que no se podían cumplir. Gadafi parecía un experto en operaciones de cirugía plástica”. Eso sí, 15 años después el cirujano tiene claro que Gadafi “morirá luchando, por lo que yo conocí no creo que se suicide”, sentencia Ribeiro sobre el tirano libio, aquel que no se resistió a una buena hamburguesa durante su operación de cirugía estética en uno de sus búnker.

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