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Un populista revolucionario convierte Sudáfrica en los Estados Unidos del continente negro
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EL POLÉMICO ZUMA LOGRA LO QUE NO CONSIGUIÓ MANDELA

Un populista revolucionario convierte Sudáfrica en los Estados Unidos del continente negro

Sudáfrica parece que comienza a aceptar el papel que, por peso económico, le toca jugar en el entorno africano. El país lo hace con cierta desgana,

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Un populista revolucionario convierte Sudáfrica en los Estados Unidos del continente negro

Sudáfrica parece que comienza a aceptar el papel que, por peso económico, le toca jugar en el entorno africano. El país lo hace con cierta desgana, casi más obligado que decidido, y empujado en cierto modo por el impulso de una Copa del Mundo que acostumbró a los sudafricanos a tener voz y veto en el panorama internacional. Sudáfrica se está convirtiendo a pasos agigantados en los Estados Unidos del continente, un rol incómodo que acarrea tantas palmadas en la espalda como futuribles puñales.

Y es que la legendaria desgana sudafricana para interferir en los asuntos políticos del entorno, cuando todo hacía pensar que la llegada de la democracia los convertiría en espejo para el resto, viene de aquella visión paternal asociada a Nelson Mandela. “Al principio, una política exterior basada en la brillante reputación mundial de Mandela permitió al país proyectarse como un ciudadano internacional ejemplar. El Gobierno aspiraba a desempeñar un papel constructivo en toda África, hacer de portavoz de los intereses del tercer mundo en las Naciones Unidas y otras instancias y promover el fin de la plétora de conflictos que aquejaban al continente”, explica Jack E. Spence, del Centro Británico de Asuntos Exteriores.

No sucedió así: Sudáfrica se convirtió en un hermano mayor que perdona todos los desmanes bajo el irrefutable argumento de que los protagonizaban “los gobiernos de nuestros hermanos negros”, sin entender que las víctimas también lo eran. Tal vez Zimbabue fuera el mejor ejemplo de los problemas que encuentra Sudáfrica con su política exterior. “La diplomacia sosegada del ex presidente Mbeki no dio resultado. La minoría gobernante en Sudáfrica creía que era más importante la solidaridad en pro de la liberación de los negros, como la que unía a Mbeki con Mugabe. Los derechos humanos quedaban inevitablemente relegados”, dice Spence.

Un estadista populista revolucionario

Sin embargo, Sudáfrica ha experimentado un giro importante en su política exterior en el último año. El presidente Jacob Zuma, un hombre que está madurando de populista revolucionario a estadista africano populista revolucionario, realiza casi una gira semanal para resolver conflictos en los que Sudáfrica es cada vez más un juez importante. La semana pasada se fue a Rusia a entrevistarse con su presidente, Medvedev, para preparar una hoja de ruta de salida al conflicto libio. “Debe haber un alto el fuego de la OTAN y ser la Unión Africana (UA) la que dé solución al conflicto”, reclamó Zuma, único gran mandatario que ha visitado Libia y se ha reunido con Gadafi tras el inicio de la guerra.

Este fin de semana, al mandatario sudafricano le ha tocado de nuevo viajar al norte y bendecir el nuevo país africano: Sudan del Sur. El papel de Sudáfrica en el conflicto sudanés ha sido importante desde 2005, ya que es uno de los estados que ha contribuido a la independencia. “En Sudáfrica estamos muy satisfechos de haber contribuido a la paz en Sudán”, dijo Zuma.

Pero, probablemente, como dice Spence, el país que ha sido siempre una muestra de fallido liderazgo sudafricano es Zimbabue. Sin embargo, Zuma parece que aquí también ha planteado un “basta” como solución y le ha dicho a Mugabe que “no tolerará” más desmanes. A finales de junio, Mugabe hizo una visita relámpago a Sudáfrica para tantear un posible adelanto electoral a la carta -la suya-, y Zuma respondió que hay que cumplir antes lo pactado: una Constitución y garantías de unas elecciones libres. La sombra de Mugabe es larga en la política sudafricana.

Un espejo para el resto de África

El país es, por tanto, hoy en día ese espejo en el que mirarse el resto del continente. “El éxito de la transformación política y económica de Suráfrica será esencial en el llamado renacimiento africano: un concepto extendido entre las elites del continente y que comprende valores de buen gobierno, reforma económica, democracia, derechos humanos, transparencia y responsabilidad. Para ello, es preciso crear un sistema de gobierno e instituciones eficaces”, explica Greg Mills, Director del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales en su libro ‘El renacimiento africano y el papel del Estado’.

Los Estados Unidos de África comienzan a jugar el papel para el que están preparados por PIB, por infraestructuras y por desarrollo, y Sudáfrica es una isla dentro del continente en muchos sentidos. Su liderazgo está ahora ante uno de sus mejores años tras mostrarle al mundo que en África se organizan campeonatos de nivel como la Copa del Mundo, sin complejos ni errores. A la bandera arco iris le nacen barras y estrellas.

Sudáfrica parece que comienza a aceptar el papel que, por peso económico, le toca jugar en el entorno africano. El país lo hace con cierta desgana, casi más obligado que decidido, y empujado en cierto modo por el impulso de una Copa del Mundo que acostumbró a los sudafricanos a tener voz y veto en el panorama internacional. Sudáfrica se está convirtiendo a pasos agigantados en los Estados Unidos del continente, un rol incómodo que acarrea tantas palmadas en la espalda como futuribles puñales.

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