¿Se acaba el desabastecimiento? Por qué estas predicciones suelen equivocarse
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la red global es más compleja

¿Se acaba el desabastecimiento? Por qué estas predicciones suelen equivocarse

Puede que las congestiones estén finalmente empezando a mitigarse, pero los inversores deberían recordar que las empresas suelen subestimar la magnitud de los problemas en la cadena de suministro global

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No es la primera vez en este año que los analistas confían en que la escasez de suministros se esté aliviando y que vaticinan que se resolverá en un periodo de tres a seis meses. Hay motivos para desconfiar de este cálculo —incluso sin aclamar una política monetaria más estricta—.

Los plazos de entrega para las empresas que realizan pedidos de suministros han dejado de alargarse, según encuestas a gestores de compras en EEUU y Europa publicadas esta semana. Las tarifas de envío globales parecen haber alcanzado máximos, a medida que las fábricas asiáticas están reanudando su actividad. Algunos distribuidores dicen que están bien surtidos de cara a las Navidades.

Todo esto son buenas señales, y ayudan a explicar por qué muchas compañías piensan que el bloqueo que ha hecho aumentar la inflación en todo el mundo este año podría deshacerse entre los próximos tres y seis meses. Pero dichas previsiones ya han demostrado estar equivocadas anteriormente. Con tanto en juego, vale la pena preguntarse por qué.

Foto: Almacenaje de contenedores en un puerto marítimo.

Algunos inversores creen que los analistas han subestimado la demanda del consumidor —un argumento en línea con el de los bancos centrales para elevar los tipos de inmediato—. Pero Kallum Pickering, economista senior en el Berenberg Bank, en Londres, ofrece una mejor explicación. El año pasado, pidió en numerosas ocasiones a analistas y empresas que dibujaran las cadenas de suministro, identificaran los puntos de presión y calcularan cuánto tiempo llevaría corregirlos. Su respuesta normalmente era seis meses, con base en experiencias pasadas.

Sin embargo, esto plantea un problema. "Lo que las empresas individuales ven como su cadena de suministro realmente es solo un hilo en una cadena de suministro global que conecta a muchas otras compañías con los mismos productores y distribuidores. No puedes simplemente establecer una media basada en los plazos que te dan", explica.

El argumento recuerda a la 'paradoja del ahorro' de John Maynard Keynes, en la que los intentos individuales por ahorrar dinero reducen los ingresos para la economía general. Cuando las empresas les dicen a los analistas que están destinando recursos a solucionar problemas de la cadena de suministro, no tienen en cuenta los esfuerzos de otras firmas por ejercer presión sobre los mismos proveedores en un plazo de tiempo previsto similar.

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Otro problema es que, probablemente, las empresas en cada punto de la red respondan entrando en una acumulación preventiva —el 'efecto látigo'—.

Ciertamente, los obstáculos se han concentrado más arriba en las cadenas de suministro, donde más daño hacen. En un informe reciente, el Banco de Pagos Internacionales (BPI) descubrió que la producción industrial de EEUU, afectada actualmente por la escasez, se encuentra en una media de 2,5 etapas de producción ulteriores antes de alcanzar a los consumidores, en comparación con 1,8 para el resto. La extracción de materias primas se encuentra más arriba en dicha escala, así como el ensamblaje de placas de circuitos impresos, que normalmente incluyen 'microchips'. El efecto en cadena de dichos productos en la producción total suele ser dos veces mayor, según estima el BPI.

Sin duda, la demanda también ha desempeñado un papel: ha sido desviada hacia los bienes por la pandemia, perpetuando los déficits incluso cuando la producción ha recuperado los niveles de 2019. Los retrasos también se han visto agravados por acontecimientos imprevistos, como incendios forestales en EEUU, velocidades de viento muy bajas en Europa, un incendio en una planta de semiconductores en Japón y una sequía en Taiwán.

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A la larga, el reequilibrio de la demanda hacia los servicios, la reversión del efecto látigo y las inversiones en transporte y capacidad productiva seguramente vuelvan a reducir los precios.

Pero, en un mundo de cadenas de suministro globalizadas, anticipar el momento de dicha inversión puede ser casi imposible. Incluso aunque la inflación se mantenga más allá de los plazos previstos actualmente, los inversores y banqueros centrales no deberían suponer necesariamente que la economía más amplia se está sobrecalentando.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

No es la primera vez en este año que los analistas confían en que la escasez de suministros se esté aliviando y que vaticinan que se resolverá en un periodo de tres a seis meses. Hay motivos para desconfiar de este cálculo —incluso sin aclamar una política monetaria más estricta—.

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