guerra de las divisas

Suiza replica al BCE y Rusia con tipos negativos para espantar a los inversores

Si hay que intervenir, se interviene. Por mucho que uno sea Suiza. Temeroso de la fortaleza del franco, el banco central suizo cobrará a los bancos por su 'dinero ocioso'

Foto: El presidente del Banco Nacional de Suiza, Thomas Jordan
El presidente del Banco Nacional de Suiza, Thomas Jordan

Suiza no siempre es neutral. Al menos en lo económico, terreno en el que si tiene que intervenir, interviene. Como este jueves, jornada en la que el Banco Nacional de Suiza (BNS) ha decidido hacer historia y situar los tipos de interés en terreno negativo por primera vez en casi medio siglo. Los ha reducido al -0,25%, una medida cuyo efecto directo consiste en que empezará a cobrar a las entidades financieras por el dinero sobrante que aparquen en el banco central helvético y que se encuadra dentro de una maniobra que amplía el corredor de sus tipos oficiales para situarlo entre el 0,25 y el -0,75%. Vamos, que ha llevado un paso más allá lo que viene haciendo el Banco Central Europeo (BCE) desde junio de este año. 

La institución presidida por Thomas Jordan no ha ocultado el fin de esta medida: evitar que la subida del franco suiza vaya a más. Con los mercados zarandeados por la crisis rusa, los inversores han buscado los refugios tradicionales para su dinero. Entre otros, el oro, la deuda pública alemana y estadounidense... y el franco suizo.

Pero hay un problema. Desde 2011, el BNS mantiene al franco en libertad condicional. ¿En qué sentido? En que le permite bajar todo lo que quiera, pero no subir todo lo que quiera. En concreto, desde el 6 de septiembre de 2011 le ha puesto un tope en los 1,20 francos por euro, con lo que le permitiría caer hasta los 1,21 francos o por encima, pero no subir hasta 1,19 o más allá.

En las últimas jornadas, y al calor de las tensiones provenientes de Rusia, el franco ha llegado a apreciarse hasta las 1,2009 unidades por euro, su cambio más alto desde 2012, de ahí que Jordan haya pasado al ataque. Y por ahora lo ha logrado, porque el euro se apreció este jueves hasta los 1,204 francos, su cambio más alto desde comienzos de noviembre. 

Mientras Rusia sube los tipos hasta el 17% para retener a los inversores y apoyar al rublo, Suiza los baja para que sea menos atractivo invertir en activos helvéticos y debilitar al franco

"El BNS reafirma su compromiso con el tipo de cambio mínimo de de 1,20 francos por euro y continuará haciéndolo cumplir con una determinación absoluta. Sigue siendo un instrumento fundamental para evitar un indeseable endurecimiento de las condiciones monetarias que resultaría de una apreciación del franco", ha explicado la entidad en su comunicado. ¿Y por qué teme ese endurecimiento de las condiciones monetarias? Porque Suiza también sufriendo unas considerables presiones deflacionistas. De hecho, lleva lidiando con tasas negativas de inflación o con precios por debajo del 0,5% desde 2012. 

Suiza hace así justamente lo contrario de lo que está intentando Rusia. Mientras el banco central ruso está subiendo los tipos a la desesperada para retener capitales y respaldar al rublo, el suizo los está bajando para "hacer menos atractivo retener las inversiones en francos suizos". Es decir, los quieren espantar y que el franco deje de ser el destino del dinero que busca refugio. 

Pero, además de querer defenderse de lo que ya está ocurriendo, Suiza también previene antes que curar. Por eso los tipos negativos se aplicarán desde el 22 de enero. ¿Casualidad? No lo parece si se tiene en cuenta que ese día el BCE celebrará su primera reunión de política monetaria de 2015, en la que se espera que lance, de una vez por todas, su programa de expansión cuantativa (QE).

Si es así, presionará a la baja sobre el euro y como Suiza teme que esa meta de los 1,20 francos salte por los aires, maniobran haciendo coincidir los tipos negativos con la reunión del BCE. "El recorte sorpresa constituye un intento de impedir la revalorización continuada del franco ante la previsión de que el BCE anuncie una relajación cuantitativa con compra de deuda pública en enero", confirma Simon Ward, economista jefe de Henderson. Aún no ha llegado. Pero la sombra de 2015 ya promete emociones fuertes en los bancos centrales. 

 

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