entrevista a álex fusté

"Algo serio tiene que ir mal para que veamos al BCE lanzando una QE en la Eurozona"

Se llama Álex Fusté. Es el economista jefe de AndBank. Y habla con mucha claridad y con un enfoque poco común de los temas económicos

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Álex Fusté

Se llama Álex Fusté. Es el economista jefe de AndBank. Y habla con mucha claridad y, sobre todo, con un enfoque en ocasiones poco común de los temas económicos y financieros presentes y futuros. En una semana en la que el protagonismo lo acapará la reunión que el Banco Central Europeo (BCE) celebrará el próximo jueves, tiene claro que la entidad presidida por Mario Draghi sólo se lanzará a comprar deuda -con el ya denominado QE a la europea- en un caso extremo. 

Pregunta: ¿Es de los que piensa que el riesgo de deflación es realnbsp;

Respuesta: El mundo es deflacionista o desinflacionista o como queramos llamar a este proceso porque el capitalismo es deflacionista. Su lema es producir más con menos, con lo que deja claro que lo es. Actualmente, todos los factores de la oferta son deflacionistas. Por varias causas: venimos de una abundancia en los volúmenes de producción que ahora se ha tenido que corregir con precios más bajos; vamos hacia unos costes más bajos gracias a la influencia de la robótica y otros adelantos tecnológicos; y tenemos crédito barato no sólo en Occidente, sino en otras regiones, con lo que sus fábricas y sus productos también lo serán. Pero es que, además, todos los factores de la demanda también son deflacionistas, con las familias, las empresas, los bancos y los Estados desapalancándose.

P.: ¿Y le preocupa esa deflación?

R.: La clave reside en preguntarse si este contexto es malo. Y yo creo que la deflación hacia la que vamos no es mala, sino que representa una continuidad de los procesos desinflacionistas que ya estamos viendo. En mi opinión, caminamos hacia una deflación expansiva, con crecimientos en los volúmenes, y esto no tiene por qué ser malo. Lo que nos dicen los teóricos, como Irving Fischer, es que lo preocupante es una deflación combinada con una deuda masiva, una mezcla que sí es contractiva. No me parece que vayamos hacia ese tipo de deflación, porque no creo que la deuda sea tan masiva, porque el proceso de desapalancamiento seguirá adelante y porque los márgenes empresariales están por encima del coste de capital. 

Hemos visto una desgermanización de la política monetaria del BCE a cambio de un compromiso de germanización fiscal por parte de los países

P.: Y en este contexto, ¿se atreverán el BCE y Mario Draghi a poner en marcha un programa de compras de deuda (QE) a la europeanbsp;

R.: La idiosincracia del BCE está clara: tiene un sesgo claramente ortodoxo, heredado del Bundesbank alemán. Lo que hemos visto con iniciativas como las rondas de financiación a largo plazo (LTRO) y el segundo programa de compras de deuda pública (OMT) y el "hacer lo que sea necesario" de Draghi ha sido un proceso combinado: una desgermanización de la política monetaria del BCE a cambio de un compromiso de germanización fiscal por parte de los países. Sin embargo, ahora estamos viendo cómo el balance del BCE ya se ha hecho más pequeño, lo que demuestra que en cuanto se calma la situación, el BCE vuelve a germanizarse. Desde esta perspectiva, algo serio tiene que ir mal para que veamos al BCE lanzando un QE en la Eurozona. Primero, por esa idiosincrasia ortodoxa; y segundo, porque la deflación no va a ser contractiva, sino expansiva. 

P.: El mercado de deuda pública se ha preparado para más medidas del BCE, ¿qué puede pasar si no llegannbsp;

R.: El proceso de descensos de las primas de riesgo periféricas va a continuar porque no queda otro remedio y porque políticamente es necesario. Las rentabilidades de la deuda pública de España, Italia, Irlanda, Portugal e incluso Grecia tienen que seguir convergiendo con las alemanas, para terminar algo por encima, entre 25 y 50 puntos básicos por encima. Y esta convergencia se apoya principalmente en esa germanización de la política fiscal. También hay que tener en cuenta otra razón: en la Eurozona la estabilidad de la divisa es importante, y eso los inversores lo saben, por lo que, sin olvidar el compromiso del BCE de "hacer lo que sea necesario", continuarán las compras de bonos y los rendimientos seguirán a la baja. 

P.: A la espera de los próximos pasos del BCE, lo cierto es que los mercados destilan más nerviosismo en 2014...

R.: Es normal. Tenemos como trasfondo la ralentización económica de China, los problemas de los mercados emergentes, la crisis entre Ucrania y Rusia, la continuación de la progresiva retirada (tapering) de los estímulos en EEUU... Ahora bien, desde mi punto de vista, estos riesgos se irán difuminando

P.: ¿Pero hay alguno de esos riesgos que considere realmente más peligrosonbsp;

R.: El más peligroso potencialmente es el de Rusia y Ucrania. Para mí, por ejemplo, se está exagerando el frenazo económico de China. En torno a lo que ocurre en China ocurre un fenómeno curioso. Todos los datos que anuncia son interpretados en clave negativa por el mercado, que parece que sólo quiere ver el lado negativo, cuando, en contraposición, parece que en Estados Unidos los inversores sólo se centran en lo positivo. 

P.: Entonces, ¿cómo habría que analizar los datos que está ofreciendo China?

R.: China será capaz de disuadir al mercado que de aterrizaje brusco, nada de nada y de que alcanzará una posición equilibrada entre su calendario de reformas y su crecimiento. Las reformas que están aplicando las autoridades no son superficiales. Consisten en una progresiva liberalización del sector financiero, en reformas sociales que promuevan un desarrollo más equilbrado, en poner límites al crédito para racionalizarlo y por el miedo que tienen a acabar como Japón. 

P.: ¿Y qué papel desempeña en este contexto la reciente debilidad de la divisa china, el yuan o renminbinbsp;

R.: El renminbi se está posicionando ya como una divisa de reserva mundial. China está lanzando varios mensajes con la reciente caída de su divisa. La primera, que no es solo una apuesta win/win derivada de que parecía que solo podía subir, con lo que ha querido dar un susto a los especuladores. Ha dado un aviso al mercado para acabar con la dinámica previa, que podría acabar en una sobrevaloración de la divisa. Porque, además, Pekín ha lanzado otro mensaje: los 6,04 yuanes por dólar a los que llegó a cambiarse en enero, y desde los que ha caído hasta los 6,25 yuanes, eran un cambio razonable. Para mí, sin duda, el renminbi es una divisa en la que hay que estar. Porque es una divisa de reserva y cada vez más países vecinos la emplean para financiarse; porque el mercado de deuda chino va a crecer mucho en los próximos años; y porque la economía, con las reformas actuales y las que están por venir, ofrecerá buenos datos. 

 

 

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