La entrada de Singapur en Grifols: pinta bien, pero falta transparencia
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Operación para reducir deuda

La entrada de Singapur en Grifols: pinta bien, pero falta transparencia

La venta de una participación en Biomat USA por 840 millones permite a Grifols aliviar su exigente apalancamiento, una de las grandes inquietudes del mercado

Foto: Foto: EC.
Foto: EC.

Grifols cerró este miércoles el primer semestre de 2021 con muchas tareas pendientes de solventar. Las caídas del 31,6% que arrastra desde los inicios de la pandemia son el reflejo de una desconfianza que se ha ido enquistando ante la falta de respuestas efectivas por parte de la compañía.

Entre los múltiples frentes pendientes de resolución, el de la deuda es uno de los que más desazón ha venido generando entre los inversores. El deterioro de las cifras de negocio provocado por la pandemia, aunque se ha alargado más de lo que cabía imaginar en un principio, podría verse como un accidente temporal fácilmente subsanable —las perspectivas de crecimiento del mercado del plasma siguen siendo alentadoras— si no fuera por su efecto sobre unas métricas de apalancamiento ciertamente ajustadas. Al término del primer trimestre, la deuda financiera neta superaba las cinco veces el ebitda del grupo.

Es por eso que puede entenderse la lectura positiva que han hecho este miércoles la gran mayoría de los analistas al conocer la operación por la que Grifols dará entrada al fondo soberano de Singapur GIC en su filial estadounidense Biomat. Según ha explicado el fabricante español de hemoderivados, los 1.000 millones de dólares (unos 840 millones de euros) que ingresará por la venta se destinarán al repago de deuda, lo que permitirá rebajar el endeudamiento en un 13,5%, situando la ratio de apalancamiento en 4,4 veces, según las estimaciones de Banco Sabadell.

El dinero ingresado permitirá rebajar la deuda de Grifols en un 13,5%

"Noticia positiva en la medida en que la gestión del endeudamiento y la reducción de la deuda es uno de los focos de preocupación del mercado", observaban en Renta 4 al poco de conocerse la operación. Las alzas del 3,22% con las que abrió la jornada parecen indicar que esta era una visión mayoritaria entre los inversores. Sin embargo, al término de la sesión, estos avances habían quedado reducidos a apenas un 0,66%, en lo que se puede ver como un contagio del mal tono general del mercado, pero también como el resultado de una segunda lectura menos favorable para los intereses de Grifols.

"La forma en que Grifols está estructurando sus últimos acuerdos (el de hoy, Haema o la entrada en Shangai RAAS1) es un claro indicio de que no tiene el tamaño o la solidez financiera para financiarlos por sí mismo y, finalmente, tiene que asociarse con otros socios", explica José Ramón Ocina, analista de Mirabaud Securities, en una nota a clientes.

Además, Grifols vuelve a chocar con otro de los problemas que viene arrastrando desde hace tiempo, como es la falta de transparencia en sus maniobras, ya que el grupo se limitó este miércoles a comunicar la venta sin siquiera especificar a cuanto asciende la participación minoritaria de GIC, lo que hace muy difícil valorar el movimiento y puede dar pábulo a las interpretaciones menos favorables. "Asumiendo que GIC tomará una participación del 49,9% y que no se asignará deuda a Biomat USA, el valor implícito por centro donante es de 5,7 millones de euros, que se compara con la media de ocho millones de euros pagados por Grifols en los acuerdos alcanzados en los últimos años", apunta Ocina.

Ante la falta de datos, algunas firmas especulan con que la venta pudo ser a un precio bajo

De confirmarse estos datos, vendrían a significar que Grifols no solo se está viendo forzada a sacrificar parte de su crecimiento futuro, con la venta de una participación importante en un negocio que gestiona la red de centros de donantes de plasma más importante de la compañía (unos 296, en EEUU), sino que la difícil situación financiera en que se encuentra le lleva a hacerlo a precios poco atractivos.

Con todo, el sacrificio podría resultar asumible si permite a Grifols ir retirando de su camino uno de sus grandes lastres del presente y refuerza su capacidad para aprovecharse de la recuperación que, se espera, debe llegar al negocio del plasma en la segunda mitad del año. El reciente fiasco en las investigaciones de la biotecnológica Vertex, que suponían una de las principales amenazas a su negocio, había aclarado en parte un panorama que puede verse allanado adicionalmente si el grupo logra reducir los temores sobre la deuda.

Es indudable que, incluso con la venta anunciada este miércoles, a Grifols le sigue faltando margen financiero (el propio grupo se ha marcado como objetivo reducir la deuda por debajo de las cuatro veces) para moverse con holgura en un mercado que precisará de agilidad para aprovechar las opciones de crecimiento que sigan apareciendo en su camino. Pero operaciones como la sellada con GIC muestran que, al menos, el grupo tiene alternativas para seguir apuntalando su hoja de ruta, apoyándose en socios externos. Una pizca más de transparencia seguro que haría el cuadro más digerible para sus inversores.

Grifols cerró este miércoles el primer semestre de 2021 con muchas tareas pendientes de solventar. Las caídas del 31,6% que arrastra desde los inicios de la pandemia son el reflejo de una desconfianza que se ha ido enquistando ante la falta de respuestas efectivas por parte de la compañía.

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