Amenaza de EEUU al sector eólico: un riesgo incipiente para una industria clave
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Investigación por posible 'dumping'

Amenaza de EEUU al sector eólico: un riesgo incipiente para una industria clave

La importancia estratégica que está llamada a tener la industria eólica en la reconstrucción de la economía española obliga a defenderla de cualquier golpe a su competitividad

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Una amenaza se levanta desde Estados Unidos contra la industria eólica española. La ofensiva lanzada por las autoridades norteamericanas por posible 'dumping' en las exportaciones de torres eólicas supone un aviso de posibles problemas futuros que no serían ni mucho menos menores si llegaran a plasmarse en nuevas barreras arancelarias. Al fin y al cabo, el sector realiza exportaciones por un valor superior a los 2.000 millones de euros —lo que convierte España en el tercer país del mundo en este campo— y Estados Unidos se encuentra entre sus mercados principales.

Con todo, un vistazo a la reacción del mercado en la mañana de este jueves no parece reflejar el menor síntoma de preocupación. Mientras las acciones de Siemens Gamesa registran alzas claramente superiores al 1%, a media sesión, las de Acciona o Iberdrola se mueven de forma anodina, sin cambios significativos.

Una reacción tibia que puede entenderse por la fase temprana en que parece encontrarse el procedimiento en Estados Unidos, aún en pleno requerimiento de información a las empresas investigadas. Pero que también puede verse como una muestra de que no son precisamente las grandes compañías del sector las que más tienen que perder en una batalla comercial de este tipo.

La nula reacción de los grandes grupos del sector en bolsa evidencia que el mayor riesgo se dirige a los pequeños proveedores de la industria eólica

Como observa Ángel Pérez, analista de Renta 4, la investigación de las autoridades estadounidenses se centraría solamente en las torres eólicas y no en el conjunto de los aerogeneradores, pero estas torres pueden llegar a representar hasta un 30% del coste total de cada aerogenerador. "Desde luego, si se imponen aranceles, se merma la rentabilidad, pero seguramente lo que hagan las compañías es producirlas allí y así evitarían este problema. De hecho, en algunos países, es obligatoria la producción nacional de algunos componentes", explica Pérez.

Un movimiento de este tipo supondría, en cambio, un golpe significativo a las decenas de fabricantes españoles de torres eólicas que tienen en grupos como Siemens Gamesa o Nordex (Acciona) algunos de sus principales clientes. En un momento en que se espera que la capacidad instalada de energía eólica se eleve de forma exponencial a nivel global, y con Estados Unidos como uno de los mercados con mayor potencial —como refleja la estrategia de crecimiento en el país de un grupo como Iberdrola—, cualquier obstáculo a la capacidad de hacer negocio del sector eólico español a nivel internacional puede resultar un lastre fatal.

La industria eólica genera en España cerca de 30.000 empleos y aporta al PIB nacional algo más de 4.000 millones de euros, según los datos de la Asociación Empresarial Eólica. Y, más importante aún, está llamada a jugar un papel fundamental en la estrategia de recuperación de la economía española tras la crisis del covid, que tiene en la sostenibilidad uno de sus pilares.

Pero no puede perderse de vista que las mismas tendencias estructurales que llevan a España a poner en este campo una parte fundamental de sus esperanzas de reconstrucción industrial empujan a otros muchos países a seguir la misma senda. Y si hoy España puede presumir de una posición privilegiada en las tecnologías ligadas a la industria eólica, es presumible que verá elevarse la competencia en los próximos años.

El cambio de Gobierno puede aliviar los riesgos, pero es previsible que la nueva Administración prosiga la defensa de sus empresas

En ese contexto, cualquier merma a la competitividad del sector en España puede traducirse en pérdidas de negocio nada despreciables. Porque, aunque es previsible que el desarrollo de esta industria alcanzará unas proporciones muy elevadas a nivel mundial en las próximas décadas, partir en condiciones de inferioridad en un mercado estadounidense puede poner en una situación crítica muchas empresas y, por ende, muchos empleos.

No es fácil determinar los riesgos en esta fase de la investigación estadounidense, pero es preciso que desde el Gobierno español y, más en concreto, en el Ministerio de Industria que dirige Reyes Maroto, se tomen ya las cartas necesarias para tratar de defender los intereses de una de las industrias con mayor potencial de desarrollo de cuantas están hoy arraigadas en España.

El cambio de Gobierno en Estados Unidos tras la victoria de Joe Biden en las pasadas elecciones puede verse como un paso alentador, tras los más recientes fiascos en negociaciones similares con la Administración Trump en áreas como el acero, el vino, el aceite o el queso. Pero tampoco conviene fiarlo todo a la buena voluntad de las nuevas autoridades estadounidenses, que con mayor o menor vehemencia, es previsible que sigan trabajando por defender los intereses de sus empresas. La amenaza solo acaba de asomar, pero es preciso estar listo para afrontarla antes de que se convierta en un nuevo golpe a la ya raquítica industria española.

Una amenaza se levanta desde Estados Unidos contra la industria eólica española. La ofensiva lanzada por las autoridades norteamericanas por posible 'dumping' en las exportaciones de torres eólicas supone un aviso de posibles problemas futuros que no serían ni mucho menos menores si llegaran a plasmarse en nuevas barreras arancelarias. Al fin y al cabo, el sector realiza exportaciones por un valor superior a los 2.000 millones de euros —lo que convierte España en el tercer país del mundo en este campo— y Estados Unidos se encuentra entre sus mercados principales.

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