La nutria gigante: el 'lobo de río' del Pantanal
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Crónicas de la vida salvaje

La nutria gigante: el 'lobo de río' del Pantanal

Con sus dos metros de longitud y hasta 45 kilos de peso, este impresionante mustélido es, junto al caimán y el jaguar, uno de los grandes predadores del gran humedal sudamericano

placeholder Foto: Nutria comiendo. (Andoni Canela)
Nutria comiendo. (Andoni Canela)

El Pantanal es uno de los humedales más grandes del mundo. Se extiende por los estados brasileños de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul. Limita con Bolivia al oeste y al sur con Paraguay. Cuando llegan las lluvias, el Gran Pantanal se convierte en una gigantesca laguna de millones de kilómetros cuadrados.

La barca de madera avanza lentamente entre unos meandros del río Paraguay. Amanece sin una brizna de viento. El cielo despejado, de azul intenso. El agua es un espejo perfecto. Este río nace en Brasil y es el principal contribuyente del río Paraná, tras atravesar todo Paraguay. Recorro uno de los grandes ríos de América, por su caudal e importante biodiversidad. Contemplo las montañas cercanas de la sierra de Amolar que marcan la frontera de Bolivia. Se alzan en el horizonte y son una referencia omnipresente.

"Las nutrias nos siguen como si fueran delfines en el mar, pero unos minutos después desaparecen"

Esta zona húmeda es además un hábitat excepcional para las nutrias gigantes del Amazonas, las protagonistas de la crónica de hoy. Las nutrias gigantes ('Pteronura brasiliensis') habitan en las cuencas de los grandes ríos tropicales de América del Sur y son uno de los principales depredadores de estos ríos. Los machos adultos pueden alcanzar los dos metros de longitud (de cabeza a la cola) y tener un peso de hasta 35 o 45 kilos.

placeholder Atardecer en el pantanal. (Andoni Canela)
Atardecer en el pantanal. (Andoni Canela)

Navegamos río arriba. Sobre la arena de la playa aparece un tronco rugoso. El tronco, por arte de magia, se convierte en un caimán. La barca continúa avanzando. Encima de una rama, una anhinga practica también sus artes mágicas. Se mueve como una culebra en el agua en busca de sus presas. Por algo la llaman ‘pájaro serpiente’. Los martines pescadores son omnipresentes. Hay más de media docena de especies diferentes. Todos hiperactivos y de vistosos colores.

Los caimanes están ocultos en muchas de las playas. Garzas de diferentes formas y tamaños muestran sus vistosos plumajes. Todos ellos cazan peces, como las nutrias gigantes. Resulta fácil imaginar la riqueza contenida bajo esas aguas.

Foto: Foto: Andoni Canela

Tras una un alto para almorzar, retomamos la navegación. Poco después aparece una nutria nadando cerca de la embarcación. Lo hace a contracorriente, aunque da la sensación de no hacer el más mínimo esfuerzo. Y en unos instantes aparecen tres más. Todas nadan muy rápido. Una de ellas se sumerge y sale del agua con un pez. Es el macho dominante de la manada. Busca un tronco cerca de la orilla y empieza a comérselo.

El grupo está formado por una familia de varios miembros. Puedo contar por separado por lo menos cuatro crías. El macho del grupo de aspecto fiero es el más grande. Al descubrir mi presencia, me clava la mirada y vuelve a sumergirse.

Las nutrias gigantes viven en grupos tan numerosos que pueden superar la docena de ejemplares. Los suelen formar el macho dominante del grupo, la hembra reproductora, otros adultos y las nutrias nacidas en ese año. Las crías de pocas semanas tienen ya el tamaño de la nutria adulta europea.

placeholder Una nutria con su cría. (Andoni Canela)
Una nutria con su cría. (Andoni Canela)

En muchos lugares a la nutria la llaman ‘lobo de río’. Y, de hecho, su estrategia de caza es similar a la de una manada de lobos. Son muy efectivas cuando acorralan a los peces hacia las zonas de vegetación acuática. Lo pude comprobar otro día en el momento en el que un par de ejemplares adultos perseguían y dirigían un bando de peces hacia los juncos.

Al llegar allí, aparecen otras nutrias y les cierran la salida. Una vez acorralados, los peces no pueden escapar y las nutrias los atrapan con facilidad. Apagamos el motor de la embarcación. Por unos minutos la corriente nos lleva a la deriva, en paralelo a las nutrias, que nos siguen como si fueran delfines en el mar, pero unos minutos después desaparecen.

Foto: Cataratas de Iguazú, en Argentina. (EFE)

Días más tarde disfruto de una contemplación mucho más tranquila. Toda la manada de nutrias está descansando. Unas encima de troncos, otras en la arena y algunas duermen sobre la hierba ya dentro del bosque de ribera. Yacen plácidamente, ajenas a cualquier peligro que pueda acecharlas. Estas aguas las comparten con otros dos grandes cazadores, aunque ninguno suele interactuar demasiado con las nutrias. Uno de ellos es el caimán y el otro el jaguar.

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