De las fósiles a las renovables: ¿habrá empleo para todos?
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De las fósiles a las renovables: ¿habrá empleo para todos?

El problema laboral al que se enfrentan miles de trabajadores especializados, desde ingenieros a mineros, es uno de los grandes retos que plantea la transición energética. Una transición que, para ser sostenible, también debe ser justa

placeholder Foto: Fábrica de aerogeneradores (EFE)
Fábrica de aerogeneradores (EFE)

Cuando perdió su trabajo en un pozo de petróleo, Fredrick Xavier no se imaginaba que apenas un par de años después acabaría viviendo de la industria fotovoltaica, en la que no solo cobra lo mismo, sino que además se siente más seguro, “mucho más despierto” y agradecido con las condiciones de trabajo.

Los desplomes en los precios de crudo que el sector de la energía vivió en 2016 llevaron a la empresa Baker Hughes a cesar sus operaciones extractivas en campos como Barmer, en el estado indio de Rajastán. Los cerca de 120 empleados que trabajaban allí se quedaron en la calle. Entre ellos, Fredrick. Tenía 24 años y, en ese punto, todo lo que este ingeniero mecánico había conocido en su vida era la industria de los combustibles fósiles, donde su padre ha trabajado desde que puede recordar.

“Diseñamos un plan de ayuda urgente para prejubilar a los trabajadores que estaban en edad y cumplían los requisitos"

Su sueldo en el campo de Barmer era muy bueno —20.000 rupias al día— y ese era el principal atractivo del trabajo, reconoce ahora Fredrick a Planeta A desde su natal Chennai. Pero sus turnos superaban a veces las 20 horas por jornada, y convivía a diario con conflictos éticos internos. Le preocupaba el impacto ambiental de sus servicios en los pozos, donde se bombeaban a alta presión las mezclas químicas que él mismo preparaba para incrementar la producción.

Por eso, aunque al año siguiente le ofrecieron trabajo en Oriente Medio, con un salario prometido de 500 dólares al día, Fredrick decidió rechazar el puesto, y comenzó a trabajar en un proyecto de energía solar fotovoltaica con el que instala de manera gratuita paneles solares en tejados de colegios y universidades. “Buscamos inversores que quieran también favorecer una mejora social. No lo hacen porque sí, sino porque les da un retorno”. Las escuelas no costean la instalación, pero ceden sus azoteas y pagan por la energía que consumen, que es limpia y más barata que la convencional, afirma Fredrick. “Como solo abren de día, es un negocio perfecto, porque mientras dan clase tienen las horas de luz y las placas están funcionando”, explica este ingeniero.

Capacidad de adaptación

Sin embargo, antes de entrar a Solar for Schools, como se llama su empresa, no tenía ninguna experiencia en fotovoltaica, aunque había estudiado conocimientos básicos de electricidad. “Al principio fue muy complicado, pero la energía solar es relativamente sencilla, sobre todo si vienes de la industria de los combustibles fósiles, que requiere una cualificación mayor”, señala. Para hacer el cambio, se formó por su cuenta con cursos online y con un workshop presencial que, aunque estaba organizado por el Gobierno, tuvo que pagar de su bolsillo.

placeholder Friedrick Xavier en una de sus instalaciones solares (Jaime de Lorenzo)
Friedrick Xavier en una de sus instalaciones solares (Jaime de Lorenzo)

El trasvase de trabajadores de los combustibles fósiles al sector renovable es uno de los ejes estratégicos de la “transición justa” que se propone desde el Pacto Verde Europeo para asegurar que la descarbonización de la economía —necesaria para combatir la crisis climática— se haga “sin dejar a nadie atrás”.

Pero una duda que planea sobre los discursos que incluyen esta coletilla es cómo harán las autoridades para lograr el anunciado salto al empleo verde. “No es algo atípico de mucha gente que conozco de mis días en el sector del petróleo y del gas, pero ¿saben lo difícil que es conseguir un trabajo en cualquier otro sector después de haber estado en el petróleo? Me gusta la idea de transición justa, pero por el momento son básicamente solo palabras bonitas, y no veo que eso cambie”, expresaba recientemente la climatóloga Ruth Mottram en twitter. “Los que tenemos edad suficiente para recordar el fin de la minería del carbón en el Reino Unido también recordaremos la devastación total que causó en las personas y las comunidades. Nos arriesgamos a hacer lo mismo con el petróleo y el gas y las consecuencias serán muy tristes”, advertía.

Un nuevo yacimiento de empleo

En Texas, la crisis de 2016 —la misma que dejó sin trabajo a Fredrick en la India— expulsó a cerca de 8.000 trabajadores de las plataformas petroleras. Algunos se fueron a la industria solar, que según la oficina de estadísticas de empleo de EEUU es la que más rápido crecerá en el país hasta al menos el final de esta década. Pero, como Fredrick, muchos de estos trabajadores tuvieron que reeducarse sin ayuda pública.

En España, los planes de transición justa se han centrado sobre todo en crear bolsas de empleo y ayudas para sostener a los trabajadores de las minas de carbón no rentables que tuvieron que cerrar forzosamente a finales de 2018, a exigencia de la Unión Europea. “Diseñamos un plan de ayuda urgente para prejubilar a los trabajadores que estaban en edad y cumplían los requisitos. Para los que no, se les ofreció el paro con ‘contador a cero’, de forma que podían acceder a la bolsa de paro como si estuviera intacta”, explican desde el Instituto de Transición Justa (ITJ) del Ministerio para la Transición Ecológica. Meses antes del cierre definitivo de las minas, el Gobierno cerró un acuerdo con las centrales sindicales y la patronal de compañías mineras, que preveía un fondo de 250 millones de euros.

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Foto: EFE

Por otro lado, para reconducir a los trabajadores de la industria fósil a otras profesiones enmarcadas en el sector de energía limpia, desde el ITJ se “arrancó el compromiso” a las compañías titulares de las centrales térmicas en proceso de cierre de que formaran a sus trabajadores. El plan a corto plazo es que esos mismos operarios de las centrales sean los encargados de desmantelar las instalaciones y que se ocupen también de la restauración ambiental. Pero también se les formará en operación y mantenimiento de parques eólicos, con un primer curso en estas competencias que comenzará el 5 de abril de este año.

Reciclaje laboral

El siguiente paso es que el ITJ firme “inminentemente” con el Servicio Publico de Empleo Estatal un acuerdo para formar y certificar a los empleados en profesiones vinculadas al despliegue de las energías renovables en España, algo que se enmarcará en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía.

¿Es tan sencillo pasar de trabajar en la minería o en una central térmica a una planta fotovoltaica? “No es demasiado complicado”, responde Maribel Martínez, economista al frente de la consultora Abay Analistas, que acaba de elaborar un informe para Greenpeace sobre transición justa. “Al final, los de las centrales son operarios del sector energético. La gente de la central tiene unas competencias técnicas, una formación profesional adecuada, por lo que es bastante factible recualificarlos para que puedan trabajar en energías renovables”, arguye.

Foto: Foto: Unsplash/@publicpowerorg.

Por eso, en aquellas comarcas mineras o que viven de centrales de carbón donde haya recurso renovable, esta especialista propone aprovecharlo y reconducir a los trabajadores a otras actividades pero dentro del sector energético. Otra cosa, dice, es el tránsito de la minería al turismo rural. “El turismo rural y el sector cultural es uno de los ejes más interesantes de estas zonas y hay que potenciarlo. Pero no tiene por qué ser el minero el que abra la casa rural”, argumenta.

Al final, la transición justa no es solo reinsertar a estos trabajadores que se quedan en la calle, que según ella “son un porcentaje relativamente pequeño, teniendo en cuenta los que se jubilan o prejubilan”, sino rediseñar la economía local que en estas zonas “se ha basado en el monocultivo durante muchos años”, reitera.

Por eso, antes que convertir a los mineros en hosteleros, Martínez sugiere reservar esos empleos para quienes fueron apartados inicialmente de la principal actividad económica del pueblo, ya fuera en el sector minero, en el energético o en ambos. “Ahora hay que aprovechar la oportunidad para generar un ecosistema de pymes variado que impulse el empleo femenino y que fije población joven, porque esta diversificación es la que hará que la comunidad sea resiliente”.

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