¿Te gusta el verano? En unos años no existirá otra opción
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El calentamiento global avanzará aún más

¿Te gusta el verano? En unos años no existirá otra opción

Si seguimos sin esforzarnos para mitigar el cambio climático, los veranos de seis meses serán la nueva normalidad en el último año del siglo XXI. El planeta será cada vez más seco

Foto: Foto: Unsplash/@jailam_r.
Foto: Unsplash/@jailam_r.

Las sequías en Europa durante los meses de verano son cada vez más severas y, según revela un nuevo estudio internacional dirigido por expertos de la Universidad de Cambridge (Inglaterra), cuando avancemos hasta llegar a 2100 experimentaremos veranos de casi seis meses en el hemisferio norte.

A día de hoy el calentamiento global está provocando cambios "dramáticos e irregulares" en la duración y las fechas de inicio de las estaciones, que pueden volverse más extremos en el futuro sin esfuerzos para aplacar el cambio climático.

"Numerosos estudios ya han demostrado que los cambios de estación causan importantes riesgos ambientales y de salud"

"Los veranos son cada vez más largos y calurosos, mientras que los inviernos son más cortos y cálidos debido al calentamiento global", según ha expuesto Yuping Guan, oceanógrafo físico del Laboratorio Estatal de Oceanografía Tropical y principal autor del estudio que recoge la revista 'Geophysical Research Letters'.

Los investigadores utilizaron datos climáticos históricos diarios desde 1952 a 2011 para medir los cambios en la duración y el inicio de las cuatro estaciones en el hemisferio norte, estableciendo el comienzo del verano como el inicio de temperaturas un 25% más calurosas durante ese periodo de tiempo, y el invierno con el arranque de temperaturas medias un 25% más frías.

El inicio de las estaciones cambia año a otro

La mayoría de los estudios que intentan reconstruir climas del pasado reciente están restringidos a la temperatura, pero este equipo analizó los isótopos estables en anillos de árboles. Las características químicas de los anillos dentro de un árbol (como si de huellas dactilares se tratara) pueden revelar cómo fueron las condiciones climáticas durante cada año de la vida de ese árbol.

Examinaron más de 27.000 mediciones de 147 robles europeos, vivos y muertos, que procedían de restos arqueológicos, materiales subfósiles, construcciones históricas y árboles vivos de la República Checa y partes del sureste de Baviera. Los árboles, del género 'Quercus', cubrían un enorme periodo desde el 75 a. C. hasta 2018.

Las conclusiones fueron claras tras estudiar los isótopos de carbono y oxígeno en los robles europeos: el análisis de cada uno de los anillos de forma independiente reveló que, en la década de 1950 en el hemisferio norte, las cuatro estaciones se desenvolvieron con un patrón predecible y bastante uniforme de temperaturas. Sin embargo, el verano se alargó de 78 a 95 días de media entre 1952 y 2011 y el invierno se redujo de 76 a 73 días. Las estaciones de transición –primavera y otoño– también vieron reducida su duración, con la primavera acortándose de 124 a 115 días y el otoño pasando de 87 a 82 días, en promedio. La consecuencia es que las temperaturas medias cambiaron durante este periodo, volviéndose ambos, verano e invierno, mucho más cálidos.

placeholder Foto: Unsplash/@etaplus.
Foto: Unsplash/@etaplus.

Implicaciones del cambio estacional

Tantos meses seguidos de altas temperaturas provocarán efectos de gran alcance tanto en la agricultura, la salud humana y el medio ambiente, según los expertos. Además, los inviernos durarán menos de dos meses al año, a la par que se recortará el tiempo que disfrutamos de la primavera y el otoño. El calor gana terreno, lo que conducirá al aumento de la frecuencia de olas de calor, mayor número de tormentas, incendios forestales, perturbación del comportamiento animal... y planteando "mayores riesgos para la humanidad", afirman los expertos. "Numerosos estudios ya han demostrado que los cambios de estación causan importantes riesgos ambientales y de salud", aclara Guan.

¿Continuará esta transformación en el futuro?

Para predecir qué escenario nos espera en el futuro, los investigadores emplearon modelos climáticos que arrojaron una deducción evidente: la primavera y el verano darán comienzo un mes antes en 2100 en comparación con 2011, mientras que el otoño y el invierno arrancarán quince días después de lo estipulado. La mitad del año en verano en el hemisferio norte, partiendo desde mayo y finalizando a mediados de octubre, con una previsión de incremento de las temperaturas medias durante los meses de mayor calor.

Foto: Un huracán visto desde la Estación Espacial Internacional: Foto: NASA/ESA

La emergencia climática está afectando gravemente a nuestro planeta. Si bien podría parecernos que estar más meses bajo el sol podría ser positivo, un cambio tan importante en las estaciones creará un cataclismo en los ecosistemas que funcionan de forma equilibrada en cuanto a horarios y temperaturas se refiere. Ni qué decir del polen alergénico en el aire, que permanecería más tiempo e inhalaríamos más; las aves también migrarían a destiempo; o incluso contaríamos con un escenario perfecto para la proliferación de mosquitos tropicales portadores de enfermedades que se expandirían hacia el norte y provocarían brotes preocupantes durante estos meses de verano tan largos y calurosos que tendremos en 2100. Es hora de tomarnos en serio la reducción drástica de las emisiones de carbono.

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