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Vasserot cierra su ajuste de cuentas con "las élites" retratando el virus del clasismo
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Una novela de la editorial Kolima

Vasserot cierra su ajuste de cuentas con "las élites" retratando el virus del clasismo

El autor de 'El juego de las élites' y 'La condena de las élites' concluye su cruda trilogía sobre el mundo de los negocios con un retrato del tóxico ambiente de las universidades exclusivas

Foto: Javier Vasserot, exabogado y autor de 'El juego de las élites'. (Cedida)
Javier Vasserot, exabogado y autor de 'El juego de las élites'. (Cedida)
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Con El nacimiento de las élites (editorial Kolima Books), Javier Vasserot completa su trilogía semi-autobiográfica sobre el mundo de los altos negocios, un crudo retrato sobre la alienación a la que a todos termina por someter un contexto en el que, tras el glamur de lujosas sedes y carísimos trajes y zapatos, predominan la mediocridad, la vileza, la ineficiencia, la superficialidad y, sobre todo, la traición. Él insiste en que no es un ajuste de cuentas, pero el lector, como ya sucede en sus dos novelas anteriores, volverá a percibir en sus páginas el aroma a cierta amargura y resentimiento, inevitable abono del deseo de revancha. Con El nacimiento se cierra un perverso círculo en el que solo encuentra la salvación quien abandona el juego.

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Que nadie espere, tampoco esta vez, ni una sola concesión al mundo que vio a Vasserot tocar el cielo en tiempo récord, convirtiéndose, con apenas 30 años, en el socio más joven de un despacho de abogados en España, para pocos años después sumirlo en el infierno, al salir de su último bufete en controvertidas circunstancias. Una áspera visión que, incluso desde la discrepancia, tiene la virtud de introducir elementos de discusión en un ecosistema en el que tiende a imponerse la monocorde impostura que exige una desenfocada idea del éxito, que intoxica no pocas relaciones profesionales y personales.

Si El juego de las élites (Editorial Esdrújula, 2019, y reeditado por Kolima Books) y La condena de las élites (Kolima Books, 2021) trasladaban al lector al mundo de los despachos, primero, y al de las consultoras y los fondos de inversión, después, con El nacimiento de las élites, Vasserot se sumerge en el origen: las universidades (pretendidamente) de élite. En una de ellas, identificable de nuevo sin mucho esfuerzo, inicia su formación en Derecho y Económicas Bernardo, alter ego literario del joven Vasserot, quien, desde su exasperante ingenuidad y desubicación crónica, tendrá que lidiar con un sistema que alimenta de forma progresiva la competitividad, el individualismo y una malentendida e insana ambición.

placeholder Portada 'El nacimiento de las élites'. (Kolima Books)
Portada 'El nacimiento de las élites'. (Kolima Books)

En este caso, sin embargo, Bernardo se diluye y se convierte más en un observador que en el protagonista de su propio relato. El peso de la trama recae en los Gordos, los tres compañeros de clase convertidos en la máxima expresión del clasismo centralista; Damián, el escéptico outsider de la periferia que permanece irreductible a los cantos de sirena del elitismo; y Diana, la brillante estudiante que acaba consumida por sus adicciones, y a la que Vasserot trata de convertir en espejo de la caída a los infiernos que sufrirá Bernardo en las dos novelas siguientes (o anteriores, según se mire).

En esta precuela, el autor mantiene algunos de los sellos de identidad de El juego y La condena, como la narración ágil, directa y de ritmo alto; la llaneza en el lenguaje, y la ausencia de recreos o circunloquios innecesarios. Una novela que no aspira a nada más (pero también a nada menos) que a retratar el virus que inocula este tipo de universidades a sus estudiantes y en la que Vasserot aprovecha, también, para reparar el olvido de las obras anteriores, al incluir a los bancos de inversión entre las organizaciones a quienes desnuda sus vergüenzas. Se permite algo más de dureza con ellas, eso sí, al sugerir el coqueteo de sus profesionales con las drogas, zona tabú inexplorada en los libros anteriores.

En este libro, personajes y hechos pierden peso en favor del retrato de clase, un relato en el que los Gordos encarnan las actitudes más ruines

En El nacimiento, sin embargo, los personajes y los hechos narrados pierden peso en el argumento y lo gana el retrato de clase. Una imagen en el que los Gordos son los elegidos para encarnar las actitudes más ruines de quienes se autoproclaman la élite, como el endogámico desprecio a quien no ha estudiado en carísimos colegios privados o es de fuera de la gran capital; la ausencia de escrúpulos para traicionar y engañar, incluso a sus íntimos amigos, para alcanzar sus fines individuales; o la necesidad constante de fingir y simular lo que no se es. Un tóxico sentimiento de identidad y pertenencia que, en ocasiones, también se muestra como castigo, al subir a los tres antagonistas en el tren de una vida que avanza en una dirección y con unas paradas que ninguno realmente ha elegido.

La sencillez en el estilo narrativo de Vasserot contrasta con la acertada sensación de que la novela esconde pistas y claves que solo algunos lectores serán capaces de captar, como la razón por la que todos los nombres de los buenos empiecen por D y los malos por A. En todo caso, incluso para quien no tenga la intención de detenerse a descubrir estos guiños, el mensaje de la novela permanecerá nítido, como bien resume el engolado y vanidoso profesor de Derecho romano, Don Porfirio: queriendo formar a las élites, algunos ambientes académicos terminan por cultivar el elitismo. Y ese es el germen del juego que vendrá después.

Con El nacimiento de las élites (editorial Kolima Books), Javier Vasserot completa su trilogía semi-autobiográfica sobre el mundo de los altos negocios, un crudo retrato sobre la alienación a la que a todos termina por someter un contexto en el que, tras el glamur de lujosas sedes y carísimos trajes y zapatos, predominan la mediocridad, la vileza, la ineficiencia, la superficialidad y, sobre todo, la traición. Él insiste en que no es un ajuste de cuentas, pero el lector, como ya sucede en sus dos novelas anteriores, volverá a percibir en sus páginas el aroma a cierta amargura y resentimiento, inevitable abono del deseo de revancha. Con El nacimiento se cierra un perverso círculo en el que solo encuentra la salvación quien abandona el juego.

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