entrevista a su viuda, ana iríbar

El discurso de Gregorio Ordóñez sigue vivo 25 años después: "El final va a ser indigno"

Ana Iríbar denuncia que "nada" ha cambiado desde el asesinato de su marido: "El problema no es Bildu sino la actitud de los partidos con ellos. Es lo escandaloso y le resta credibilidad a la democracia"

Foto: Ana Iríbar y Gregorio Ordóñez el día de su boda, el 16 de junio de 1990. (Fundación Gregorio Ordóñez)
Ana Iríbar y Gregorio Ordóñez el día de su boda, el 16 de junio de 1990. (Fundación Gregorio Ordóñez)

Con el cadáver de Gregorio Ordóñez aún caliente, su viuda Ana Iríbar descolgó el teléfono de casa. Al otro lado surgió la voz de un periodista.

—¿Perdona a los asesinos de su marido?

—No voy a perdonar nunca. Además, yo no soy la que tiene que perdonar. Es Gregorio y él ya no puede perdonar.

Iríbar tiene grabada a fuego como si fuera ayer esa primera pregunta que le ha acompañado durante 25 años. Ha pasado un cuarto de siglo del asesinato de su marido y la cuestión del perdón sigue activa en su relación con el exterior. Es algo que, en cierto modo, brota de forma natural, sin necesidad de un requerimiento expreso. Y más hoy en día cuando se promociona desde las instituciones y los partidos lo que ella califica de "reconciliación inmoral". "¿Qué es la reconciliación? Hay algo terrible en esta sociedad, especialmente en la sociedad vasca: parece que las víctimas de ETA solo hemos existido cuando nos han pedido que perdonemos", censura.

La presidenta de la Fundación que lleva el nombre de quien fue "símbolo de la lucha contra el fanatismo terrorista y la radicalización violenta en el País Vasco" hace un alto en la organización de la gran exposición sobre la figura del político del PP que se inaugurará el próximo día 23 en San Sebastián —coincidiendo con el 25 aniversario de su asesinato— con la anunciada presencia de José María Aznar o Pablo Casado para atender a El Confidencial. Llega a la cita con el libro 'Gregorio Ordóñez. Tal como era', editado en 1996 por la Fundación, bajo el brazo. "Para que conozcas su historia", exclama.

"¿Qué es la reconciliación? Hay algo terrible en la sociedad vasca: Las víctimas de ETA solo hemos existido cuando nos han pedido que perdonemos"

No hace falta. Resulta difícil no conocer en esencia todo lo que rodea al asesinato de quien constantemente alzaba la voz para exigir el aislamiento del brazo político de ETA a todos los niveles y cuya figura trascendió de las siglas del PP. Pero, por si acaso, Iríbar pone voz a las páginas que ensalzan al protagonista de un "crimen electoral". Porque la bala que acabó con su vida en el bar La Cepa de la Parte Vieja donostiarra tenía como objetivo silenciar al teniente de alcalde del Consistorio de San Sebastián, quien estaba llamado a ganar las elecciones de mayo de ese mismo año —de hecho, el PP fue el partido más votado cuatro meses después—. "El PP se estaba convirtiendo en la fuerza más votada y eso es algo que ETA no podía soportar. ETA eliminó a su adversario político", rememora.

Iribar, junto a la playa de la Concha de San Sebastián. (EFE)
Iribar, junto a la playa de la Concha de San Sebastián. (EFE)

Fiel al espíritu de su marido, que no se andaba con medias tintas, Iríbar habla con franqueza. Con esa sinceridad admite que el 25 aniversario de su asesinato "no es especial" para la familia. "Es igual que cualquier otro", afirma para restar trascendencia a este aniversario. No es, por el contrario, una fecha más a nivel institucional, ya que el Ayuntamiento de San Sebastián va a colocar una placa en memoria de Gregorio Ordóñez en el lugar donde fue asesinado con motivo de esta conmemoración. En todo caso, amparada en su franqueza, también despoja de relevancia a este gesto. "¡Es que todo llega muy tarde! 25 años después no me emociona. Si se hubiera hecho diez días después de su asesinato…", justifica.

Pero hay una explicación que trasciende de la figura de Ordóñez (1958-1995) para fundamentar este cierto desdén. "Es que aquí las reacciones con las víctimas de ETA se han producido muy tarde. Las víctimas hemos estado en la basura, escondidas debajo de una alfombra y, ahora, de pronto, se nos desempolva porque interesa para que haya un colchón y se pueda hablar de reconciliación, de perdón… Esto forma parte de un teatro, de un recurso de 'atrezzo' para seguir explicando que aquí ha habido dos bandos enfrentados", despacha. Todo, insiste, "llega muy tarde". Sin ir más lejos —apunta—, el juicio por el último terrorista que participó en el atentado, Juan Ramón Carasatorre 'Zapata', llegó 16 años después del asesinato, cometido por un comando de ETA que integraba a Javier García Gaztelu 'Txapote' y Valentín Lasarte.

"Es indigno para la democracia española que haya políticos que negocien con Otegi y sus secuaces como si fueran uno más, cuando no lo son"

La colocación de la placa, no obstante, la considera "necesaria" para que "las nuevas generaciones sepan que en ese bar fue asesinada una persona que representaba a miles de ciudadanos y que fue de los primeros políticos que pusieron el dedo contra Herri Batasuna (HB) por ser lo mismo que ETA". Llevar el relato con mayúsculas a las nuevas generaciones, como enfatiza, es una tarea que se antoja fundamental en unos momentos en los que "parece haberse instaurado en la sociedad la teoría del 'conflicto' que siempre ha defendido el nacionalismo vasco", una vez silenciadas las armas de ETA. "Aquí no ha habido dos bandos enfrentados y sí dos listas: la de más de 850 asesinados por ETA y la de los centenares de terroristas, cómplices y colaboradores con la banda terrorista", asevera.

Ahora, ETA ya no mata —Iríbar insiste en que la banda terrorista no ha desaparecido, sino "teatralizado una disolución"—, pero su viuda lamenta que a nivel político y social "muy pocas cosas han cambiado" desde el asesinato de Ordóñez. Su discurso "sigue vigente" 25 años después, al igual que sus luchas permanecen activas transcurrido un cuarto de siglo desde su asesinato. Y dentro de las "asignaturas pendientes" por resolver, la "principal" es acabar con que "se mantenga el discurso de ETA en las instituciones". "Nunca tuvieron que estar ahí", resalta ante un aval político y judicial al mundo 'abertzale' que "resta credibilidad a la democracia española".

Foto familiar de Ordóñez con su hijo Javier. (Fundación Gregorio Ordóñez)
Foto familiar de Ordóñez con su hijo Javier. (Fundación Gregorio Ordóñez)

¿Qué diría hoy Gregorio Ordóñez del actual panorama político? Con "Otegi y sus secuaces en las instituciones" y con "partidos políticos y gobiernos negociando con ellos como si fueran uno más", Iríbar lo tiene claro: "No hace falta preguntarnos qué estaría diciendo Gregorio hoy porque ya lo decía entonces, cuando ETA asesinaba. Si se rescata su discurso político encaja perfectamente en la situación actual porque nada se ha movido desde su asesinato". Dicho con otras palabras, Ordóñez "no se callaría" y se rebelaría ante la actual "connivencia" con los sucesores de Herri Batasuna —"EH Bildu y Sortu son los mismos perros pero con distintos collares"—, con quienes se "ha bajado la guardia" a nivel político, social y judicial. "El problema no son solo ellos. El problema es la acción y reacción de las demás fuerzas políticas con ellos. Eso es lo escandaloso. Para mí, sin ninguna duda le resta credibilidad y autenticidad a la democracia española. El deterioro, pasito a pasito, es muy grave y, además, no nos damos cuenta. ¡Que mal hemos reaccionado en los momentos en los que los partidos debían estar a la altura de la circunstancias! Es indigno para la democracia española que haya políticos que negocien con ellos como si fueran uno más, cuando no lo son", alza la voz con amargura.

El mayor exponente de lo que es una "indignidad para la democracia" lo acaba de protagonizar el PSOE, que, según denuncia, se ha echado en brazos de Bildu para la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa. Ver en la sesión de investidura a la portavoz 'abertzale' Mertxe Aizpurua "crecida y aplaudida" en el Congreso de los Diputados mientras criticaba al Rey Felipe VI y a las instituciones españolas es algo "escandaloso" y "muy difícil de digerir" para las víctimas. En todo caso, Iríbar no habla de traición del PSOE a las víctimas, como sí lo han hecho otros damnificados por ETA —"no me gusta habar en estos términos", alega—, pero sí de "traición a su propia historia" de más de un siglo. "Es un comportamiento indigno para un partido que es centenario y que lleva muchos años defendiendo la libertad, la justicia en toda Europa, no solo aquí", censura.

Al igual que hubiera hecho su marido, Iríbar alza la voz contra el 'todo vale' en política y que lleva a los partidos a "actuar de forma contradictoria con su propia esencia" por intereses partidistas. "Les da igual con quién pactar", critica. Es más, considera que "los partidos políticos han perdido hoy en día su esencia, por qué y para qué están aquí", al "dejar de lado el servicio al ciudadano" para servir a los intereses de partido. "Si nos movemos en estos cálculos nunca vamos a dar un paso adelante en este país, ni a nivel de modernidad ni de solidez de la democracia, ni para recuperar nuestra esencia, nuestros principios. Nunca", reflexiona.

Ordóñez predijo el negro futuro que le aguardaba. Renunció a llevar escolta pese a ser consciente de que le iban a matar. Su viuda no sabe qué depararán los próximos años, pero sí le "entristece" el presente, que el 25 aniversario de su asesinato llegue en medio de una "situación política que ni era la que Gregorio deseaba ni por la que murió". "El ritmo y los hechos nos llevan a un panorama confuso y nos estamos jugando la democracia", alerta.

"Me entristece el 25 aniversario porque la situación política no es la que Gregorio deseaba ni por la que murió: los hechos llevan a un panorama confuso"

Por ello, la mirada al futuro de Iríbar está teñida de pesimismo. Se remite a los hechos. La tarea pendiente de acometer un "importante ejercicio social, cultural e histórico que realmente descubra quiénes son la izquierda 'abertzale' y qué significa este proyecto político, el daño que ha hecho en el País Vasco y en toda España", ha quedado arrinconada para priorizar la "mal llamada" reconciliación. "Yo no veo esta reconciliación, sigo percibiendo mucho teatro y mucha pose, y alguna fotografía. No sé por qué se habla de reconciliación como si aquí hubiera habido una guerra y dos bandos. Volvemos al discurso de siempre que le ha interesado al nacionalismo. ¿Dónde tiene que producirse la reconciliación? ¿Se quiere que crucemos la lista de asesinados por ETA y los terroristas y sus cómplices? Esto es imposible", asevera.

Ordoñez, con José María Aznar y Jaime Mayor Oreja, en su proclamación como candidato a alcalde de San Sebastián, tan solo cinco días antes de su asesinato. (Fundación Gregorio Ordóñez)
Ordoñez, con José María Aznar y Jaime Mayor Oreja, en su proclamación como candidato a alcalde de San Sebastián, tan solo cinco días antes de su asesinato. (Fundación Gregorio Ordóñez)

Está acostumbrada a fotografías "indignas", pero hay una instantánea "terrible" a la que no se habitúa: la que ha relegado a un segundo plano a los más de 300 asesinados por ETA que a día de hoy siguen sin conocer quién acabó con su vida para poner en primera línea a sus presuntos ejecutores, los presos etarras. "Parece que este país no se acuerda de los más de 300 crímenes sin resolver, cuando es la parte que aporta algo o el único consuelo a sus familiares", lamenta.

"Parece que este país no se acuerda de los más de 300 crímenes sin resolver, cuando es la parte que aporta algo o el único consuelo a sus familiares"

La causa por el asesinato de Ordóñez sigue abierta ante la lucha de la familia por sentar en el banquillo a los autores intelectuales. Entre tanto, uno de los ejecutores como colaborador necesario, Valentín Lasarte, se encuentra en libertad tras desmarcarse de ETA. Muchos otros no han renegado de su pasado, pero Iríbar está convencida de que van a lograr "beneficios" ahora que los presos etarras se están convirtiendo en una cuestión nuclear. El Gobierno vasco ya ha anunciado que va a plantear a Pedro Sánchez un plan para acercar de forma colectiva a los 210 reclusos a siete cárceles del País Vasco y su próximo entorno sin exigir un desmarque previo de ETA de cara a favorecer el camino hacia su "resocialización". "Yo, en este tema, qué quieres que te diga", exclama con resignación. Un pequeño silencio da paso a unas palabras que le salen del alma: "Mira, me da igual que estén en la cárcel de aquí al lado o que estén a 800 kilómetros de distancia. Tampoco me importa que tengan la vida un poco incómoda, tanto ellos como sus familiares, porque las familias de los asesinados solo tenemos un lugar a dónde ir, y es al cementerio".

En este futuro que vaticina plagado de amenazas, al menos —pone en valor— la figura de Ordóñez sigue siendo un "referente" para el PP y, especialmente, para las Nuevas Generaciones, que son quienes va a tener que "poner las cosas en su sitio, ordenar las cosas" para que la "esencia y el modelo de Gregorio cale de verdad" en la sociedad. En su momento, el testigo de su marido lo cogieron algunos jóvenes valores del partido que dieron un paso adelante con su asesinato y se situaron en primera línea en defensa de las libertades, caso entre otros de María San Gil y Borja Sémper, hoy fuera ya del tablero político.

"Me da igual que los presos estén en la cárcel de aquí al lado o a 800 kilómetros, y no me importa que ellos y sus familiares tengan la vida incómoda"

¿Quién o quiénes pueden coger ahora el testigo? Iríbar "piensa" en la joven Beatriz Fanjul, la única diputada del PP por el País Vasco, que ha tomado como "referencia el discurso de Ordóñez" en "los primeros discursos que le he escuchado". "Ojalá las nuevas generaciones, mujeres como Fanjul por ejemplo, lleven adelante las enseñanzas y el ejemplo de Ordóñez. Mi generación es la generación de los desorientados. Los partidos han movido su discurso, su esencia y no sabemos a dónde mirar, a quién mirar. Somos la generación de la desorientación absoluta", indica.

Ana Iríbar atiende al discurso de Consuelo Ordóñez, en compañía de María San Gil y Santiago Abascal, en el último homenaje a Gregorio en el cementerio de Polloe con motivo del aniversario de su asesinato. (EFE)
Ana Iríbar atiende al discurso de Consuelo Ordóñez, en compañía de María San Gil y Santiago Abascal, en el último homenaje a Gregorio en el cementerio de Polloe con motivo del aniversario de su asesinato. (EFE)

Es el preludio a su mensaje final, que llega vestido de reivindicación: "Me parece que la sociedad, especialmente la vasca, tiene todavía que hacer un trabajo importante. Si en su mayoría intentó mirar para otro lado mientras existía ETA, yo creo que ahora lo que tiene que hacer es un ejercicio de responsabilidad y ver en qué ha fallado, dónde no ha estado cuando tenía que estar y por qué. Por lo menos, debe hacer un ejercicio de memoria y reconocer lo que aquí ha sucedido y asumir las responsabilidades que nos corresponden a cada uno de nosotros —y yo me incluyo— en toda esta historia que es indigna de principio a fin. Indigno fue el comienzo e indigno va a ser el final".

"Debemos hacer un ejercicio de memoria y asumir las responsabilidades que nos corresponden a cada uno en una historia que es indigna de principio a fin"

La primera pregunta que Iríbar respondió a un periodista tras el asesinato de su marido cierra la, de momento, última entrevista que concede —aunque será por poco tiempo—. "¿Perdonar? Yo no estoy todos los días con el dolor, procuro llevar una vida normal dentro de la anormalidad a la que nos han condenado a mi hijo y a mí. Lo que más me duele es pensar que mi hijo ha crecido sin padre. Javier es huérfano de padre desde los 14 meses y lo peor que me han hecho es que él no tenga recuerdos de su padre. Es lo más terrible que me han podido hacer y eso no lo voy a perdonar nunca", zanja, por si había dudas.

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