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Dormir la siesta y ducharse en Madrid… sin pasar por casa
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Dormir la siesta y ducharse en Madrid… sin pasar por casa

La intensidad de las jornadas puede hacer que no se pise el hogar en decenas de horas. La capital permite que se puedan hacer cosas caseras fuera del domicilio

Foto: Siesta and Go en Madrid. (Cedida)
Siesta and Go en Madrid. (Cedida)

Al principio de 'La ciudad no es para mí' (Pedro Lazaga, 1965), una voz en off resume las condiciones frenéticas de la vida en el Madrid de los años 60 del siglo pasado. “Esta es una ciudad en la que todo hay que hacerlo muy deprisa”. Acto seguido, la cámara muestra la imagen acelerada de un individuo, interpretado por José Sazatornil 'Saza', saliendo a toda velocidad del Ministerio de Sanidad para ir a unos baños públicos desde los que se dirige a un kiosco en donde compra un perrito caliente. La carrera le lleva hasta los Nuevos Ministerios, de los que saldrá también corriendo para tomar un café en otro kiosco. Cuando va a meterse en un Seat 600, el narrador le pregunta por su agitado ritmo de vida. El individuo nos cuenta entonces que tiene cinco empleos para poder costear todas las tentaciones burguesas del desarrollismo: televisor, veraneo, nevera y el susodicho 600. También habla del “colegio de los niños”.

Foto: Dejad los que aquí entráis toda esperanza. (Héctor G. Barnés)

Hoy no es tan común el pluriempleo en la mayor parte de profesiones. Las jornadas laborales del “trabajo único” tampoco tienden a permitirlo. Pero Madrid sigue siendo una ciudad frenética dentro de una Comunidad no menos dinámica. Sus habitantes acostumbran a llenar sus agendas por encima de sus posibilidades. Hay conurbación entre esas largas jornadas de trabajo con los compromisos de la vida personal de todo tipo. Pasar por casa entre medias puede convertirse en misión imposible. De ahí que, a veces, los que más compromisos acumulan echen de menos llevar en sus cuerpos una ducha más reciente que la que se dieron a primera hora de la mañana. O un paréntesis para echar una cabezadita.

Toda la estructura asemeja a una nave industrial con literas que se pueden alquilar por 5 euros

La búsqueda en Google de “echar una siesta en Madrid” dirige automáticamente al número 10 de la calle Orense. El nombre no engaña: Siesta&Go. Su estructura no recuerda a la de un hostal convencional. Es algo así como un hostal de campaña. Toda la estructura asemeja a una nave industrial. En ella, una hilera de literas que se pueden alquilar por 5 euros la hora. Unas cortinas preservan la identidad de sus ocupantes. Al fondo, las habitaciones. Que nadie espere la suite de Macaulay Culkin en el Hotel Plaza de Solo en casa 2. Aquí se viene a echar la siesta y los elementos son los indispensables para ese cometido: una cama individual, una mesilla, colgadores y el dispensador de gel hidroalcohólico. La habitación cuesta diez euros la hora. Si el ideal de una siesta son veinte minutos, sobran cuarenta.

placeholder Ducha de Atocha. (Cedida)
Ducha de Atocha. (Cedida)

Actualmente, el establecimiento está en manos de Reinaldo Pinedo. Es su tercer propietario. La idea original le llegó a la fundadora visitando Japón. El concepto de pagar por dormir un unos minutos está allí muy extendido. Pensando en que la exportación al país donde dormitar después de comer es casi una seña de identidad debía ser un proceso natural, abrió Siesta&Go en 2017. Tras la pandemia, reabrió sus puertas el pasado noviembre. Pinedo asegura que se va a emprender un profundo proceso de reforma, fachada incluida. A día de hoy, su faceta de hostal se impone a la posibilidad, tan innovadora, de pasar por allí sólo para sestear un rato. Los precios están por debajo de mercado: una noche en litera son 15 euros de domingo a jueves y 24 euros los fines de semana. En habitación, el precio es de 30 euros entre semana y 39 a partir del viernes.

Sus planes pasan por expandir la idea a otros puntos de la ciudad

En cuanto la reforma esté lista, Siesta&Go intentará impulsar la “opción siesta”. Hoy día la usan trabajadores de la zona y personas que tienen que hacer tiempo para tomar un vuelo, por ejemplo. Pinedo lo considera una opción atractiva para empleados con jornada partida. Sus planes pasan por expandir la idea a otros puntos de la ciudad, quizá más céntricos, e incluso abrir una red que se pueda franquiciar.

Hasta ahora, ducharse fuera de casa en Madrid quedaba reducido casi en exclusiva a los establecimientos públicos que tiene el Ayuntamiento. Son locales que hacen una función asistencial. Ahora mismo quedan dos: en glorieta de Embajadores 2 y Bravo Murillo 133. Ya no es 1990, cuando El País hacía este relato algo sórdido de su realidad cotidiana. A día de hoy, el Consistorio insiste en la labor social que realizan estos establecimientos, de los que sus usuarios, afirman, trasladan una valoración positiva. “Son espacios que gozan de seguridad y limpieza, lo que hace que sean lugares amables”. Un técnico en integración social trabaja coordinado con los servicios sociales del distrito y con el SAMUR social. En 2021, la instalación de Bravo Murillo fue visitada por una media diaria de entre 80 y 100 personas entre semana y entre 50 y 60 los fines de semana. La de Embajadores atendió un total de 63.516 servicios en el conjunto del año. Entre sus usuarios dominan los hombres (80% en Bravo Murillo y 92% en Embajadores), la inmensa mayoría de los cuales son clientes habituales.

placeholder Otra de las duchas de Atocha. (J.I.W.)
Otra de las duchas de Atocha. (J.I.W.)

Pero empieza a haber alternativas más orientadas al lujo que a la necesidad. Como escribió Héctor G. Barnés en este diario, la estación de Atocha tiene ahora baños de pago. Entre sus atractivos figura el de la ducha. Una, en la instalación de la planta 1, pensada para los usuarios de Cercanías y otra en la planta inferior, más orientada a los viajeros de larga distancia. Pero cualquier persona puede acercarse a la estación y hacer uso. El gel lo pone la casa y la toalla, el cliente.

La empresa responsable, One Hundred Restrooms, está fundada por Niels Bakker, un holandés que echó raíces en España hace 24 años. Sabían que para ganar el concurso de los baños de Adif –antes de fundar esta empresa trabajó para una concesionaria anterior- era necesario introducir elementos innovadores. Y aquí entra la posibilidad de ducharse. Cree que su alianza con Roca o el diseño supusieron un plus que hizo que la balanza se decantara a su favor. Tres euros dan derecho a 20 minutos. Por lo que nos cuentan en el lugar, la tendencia es a demorarlos. (De hecho empezaron ofertándose quince). El 11 de abril empezó a funcionar la de la estación de Chamartín. Antes que todas ellas, abrieron una en el centro comercial La Vaguada, cerca de la zona del mercado.

placeholder Un baño premium de la estación. (Cedida)
Un baño premium de la estación. (Cedida)

¿Veremos la Comunidad de Madrid llena de duchas Premium con las que poder eliminar el rastro de un día de trabajo antes de afrontar un compromiso? De momento, los planes de expansión del concepto pasan sobre todo por la carretera, aunque en suelo urbano podríamos verlas en “food markets” y centros comerciales.

Madrid ofrece, además, empresas de taquillas (que a fin de cuentas es lo que es un “locker”, que es como suelen ofrecer sus servicios) pensadas fundamentalmente para el equipaje de los viajeros, pero en las que se puede guardar todo aquello que estorbe en un momento dado de un día con muchas paradas. Albino Rico, CEO de Locker in the City, pone dos ejemplos muy significativos. Uno es el del casco de la moto. (“En el espacio de una taquilla caben exactamente dos”). Y otro, las bolsas del Primark, caracterizadas por su volumen. “Las dejan unas horas mientras se van a cenar o tomar algo, por ejemplo”. Si de lo que se tiene urgencia es de rematar un documento… ya saben qué clase de cafeterías empiezan a especializarse en hacer las veces de oficina. La hostelería y el teletrabajo llegando a un punto de entendimiento. Los bancos empiezan a experimentar con la fórmula. Seguro que se ha fijado: ya desde 2019 algunas entidades muy importantes han abierto espacios a medio camino entre la cafetería y la oficina con los que despachar emails sin dejarse los ojos en el teléfono. Como una vuelta de tuerca 'cool' al concepto 'cibercafé' que hizo fortuna hace 20 años.

Y todo sin pasar por casa.

Al principio de 'La ciudad no es para mí' (Pedro Lazaga, 1965), una voz en off resume las condiciones frenéticas de la vida en el Madrid de los años 60 del siglo pasado. “Esta es una ciudad en la que todo hay que hacerlo muy deprisa”. Acto seguido, la cámara muestra la imagen acelerada de un individuo, interpretado por José Sazatornil 'Saza', saliendo a toda velocidad del Ministerio de Sanidad para ir a unos baños públicos desde los que se dirige a un kiosco en donde compra un perrito caliente. La carrera le lleva hasta los Nuevos Ministerios, de los que saldrá también corriendo para tomar un café en otro kiosco. Cuando va a meterse en un Seat 600, el narrador le pregunta por su agitado ritmo de vida. El individuo nos cuenta entonces que tiene cinco empleos para poder costear todas las tentaciones burguesas del desarrollismo: televisor, veraneo, nevera y el susodicho 600. También habla del “colegio de los niños”.

Ministerio de Sanidad Adif