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Centros de salud y farmacias: en primera línea con ómicron y desde marzo de 2020
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"el colapso es burocrático"

Centros de salud y farmacias: en primera línea con ómicron y desde marzo de 2020

Las bajas laborales o los test han incrementado la presión sobre centros de salud y farmacias en la sexta ola. En el fondo, una constante desde el inicio de la pandemia

Foto: Una farmacéutica con tests de antígenos, (REUTERS Javier Barbancho)
Una farmacéutica con tests de antígenos, (REUTERS Javier Barbancho)

Llevan la pandemia sobre los hombros desde la primera ola. Pero en esta sexta, la del jarro de agua fría en forma de contagio vertiginoso acompasado con la Navidad, se han convertido en los grandes protagonistas. Centros de salud y farmacias siguen prestando servicio en la lucha contra el virus mientras lidian con la fatiga tanto de los profesionales como del público.

José María Molero, médico de Atención Primaria en un centro de salud del sur de Madrid, opina que esta ola viene marcada por un papel menos protagonista de los hospitales. Calcula que el 95% de los pacientes lo serán exclusivamente de la atención primaria. En anteriores oleadas, era más frecuente que el paciente se dirigiera directamente al hospital. El ingreso sin pasar por la Atención Primaria es a día de hoy anómalo.

Foto: Imagen de archivo (Reuters/Toby Melville)

Los casos no graves terminan en los centros de salud, que es donde empiezan los más serios. En estos casi dos años han aprendido a detectar los síntomas que presagian un curso peor de la enfermedad, qué evolución temporal de la tos o la sensación de decaimiento debe encender las alarmas y qué perfiles corren mayores riesgos si contraen la enfermedad. (Diabéticos, crónicos, etc…). Este profesional cree que sólo deberían acercarse a los centros las personas que noten síntomas de una cierta envergadura. Aventura un futuro no lejano en el que se determinará el COVID a raíz de la sintomatología, sin necesidad de llevar a cabo una prueba, como pasa con la gripe.

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(EFE/Quique García)

María Fernández, médico de familia, dirige el Centro de Salud de Las Cortes y es vicepresidenta de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), a cuyo comité asesor pertenece Molero. Habla de la presencia de algunos síntomas “banales”, similares a los del catarro clásico, que no deberían motivar una visita al centro, cuyos profesionales han de prestar mayor atención a patológicos o pluripatológicos, además de poder hacer un seguimiento adecuado de las demás enfermedades. Cuenta que en algunos centros se ha vuelto al triaje, así como a una atención telefónica que, de nuevo, gana peso.

La baja laboral tiene por propósito interrumpir la propagación del virus

El colapso, remarcan, es “burocrático”. La queja repetida entre los profesionales es que el trámite de las bajas laborales les quita mucho tiempo que debería emplearse en las tareas asistenciales propias de un centro de salud, como una monitorización más detallada de los pacientes de mayor riesgo en los nueve días críticos en los que la enfermedad puede acabar mostrando su peor cara. La baja laboral tiene por propósito interrumpir la propagación del virus, al margen de lo mal que se encuentre en ese momento la persona infectada. Por eso, piden que los centros queden liberados de esta tarea. Abogan por declaraciones responsables, a cargo del propio paciente, como las que existen en otros países.

Molero celebra las unidades específicas de apoyo para covid impulsadas por la Comunidad de Madrid (UACov), pero la explosión de contagios de las últimas semanas, dice, también las ha desbordado. (La Consejería de Sanidad anunció el 30 de diciembre un nuevo procedimiento telemático para agilizar estas bajas tras un positivo en un test de antígenos). Fernández echa de menos decisiones políticas más valientes que impliquen, por ejemplo, a los departamentos de salud laboral de las empresas.

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(EFE/Miguel Osés)

Las farmacias levantan la mano para quitarle tarea a los centros de salud. No con las bajas, pero sí, por ejemplo, con la comunicación de casos positivos. Luis González, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, considera a los establecimientos de la Comunidad perfectamente capacitados para llevar a cabo estas funciones. Aunque ello implique que el paciente se haga el test en la propia farmacia en vez de en su domicilio.

La cercanía de las fechas con mayor concentración de encuentros sociales ha multiplicado la fiebre por los test. A ello se unió el compromiso del gobierno regional de entregar uno a cada madrileño en la farmacia. De modo que no han dado abasto a una multiplicación exponencial de la demanda que ha arrasado los stocks. “Como el juguete que se repite en todas las cartas a Papá Noel y los Reyes Magos”, ilustra Rosalía Gozalo, farmacéutica en Villa de Vallecas y vocal del Colegio en productos sanitarios. Las entregas establecidas cada 24 o 48 horas resultaron suficientes al nivel de demanda que podía haber hace un mes.

Gonzalo subraya que los test son productos de uso sanitario sometidos a controles

Pero esta subida vertical de la demanda ha dejado sin existencias hasta a los propios proveedores. Gozalo subraya que los test son productos de uso sanitario sometidos a controles, garantías y homologaciones muy exigentes. También para ser almacenados y transportados. Ella y Luis González recuerdan que los han buscado “debajo de las piedras” para poder satisfacer esa demanda tan creciente. Algo así como una repetición de lo que ya pasó con las mascarillas.

Tests gratuitos

“Todos los días recibo ofertas de test para vender”, cuenta Rosalía, pero rechaza la inmensa mayoría “porque no son aptos”. González rehúye culpabilizar, pero reconoce que le hubiera gustado una organización mejor. Los gratuitos llegan “con cuentagotas”. Gozalo anima a no impacientarse: “Cada madrileño tiene el suyo con su nombre y apellidos, nadie se lleva el de otra persona y vamos a tener todavía muchas ocasiones en las que será necesario hacernos un test”.

Hacer cola sin llevarse lo deseado encrespa los ánimos. “No entienden que no es cosa de la farmacia”, afirma el presidente del Colegio. Se pierden las formas y se viven episodios desagradables. Rosalía Gozalo trae a colación el caso de la agresión a un colega que requirió de la intervención de la Policía y de la administración de puntos de sutura. “El cliente no entiende el concepto de que no hay stock”.

Fernández percibe abucheos, insultos y agresividad

El ambiente en los centros de salud también está crispado, en opinión de María Fernández. Hay impaciencia por conseguir la baja y reacciones irascibles cuando el sanitario exige las pruebas para justificar la misma. Percibe abucheos, insultos y agresividad. Afirma que las reclamaciones se han cuadriplicado. Un contraste respecto a los aplausos de 2020. Molero cree que la vacuna ha contribuido a la tranquilidad. Someterse a pruebas genera menor ansiedad.

Incluso se hacen de menos los síntomas: “Nada, que ya estoy bien. Que ya me voy a curar”. Venimos de un tiempo de cierta relajación. Cuando todavía se podía ir sin mascarilla por la calle, algún cliente de farmacia pedía prestada al acompañante la suya para poder entrar a la misma, realizando el intercambio del material usado allí mismo.

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(EFE/Sergio G. Cañizares)

Rosalía Gozalo se muestra especialmente preocupada por la actitud entre inconsciente e irresponsable de algunos ciudadanos. Pese a los esfuerzos de las farmacias por informar de los procedimientos, observa que muchos positivos ni se aíslan ni comunican su caso al 900 102 112. “Vienen a la farmacia a enseñar el test con el resultado positivo”.

Un rastreador le comentó el otro día que no es raro llamar por teléfono a contagiados que no están en casa. A su farmacia se han acercado personas a testarse después del décimo día experimentando síntomas. De nuevo cabe recordar que los aislamientos no tienen que ver con el estado de salud particular del contagiado sino con interrumpir la propagación del virus.

Seguirá habiendo cenas y encuentros y seguirá siendo conveniente hacerse un test

La propia Gozalo insiste en que el invierno va mucho más allá del Día de Reyes, pese a estas temperaturas primaverales. Seguirá habiendo cenas y encuentros y seguirá siendo conveniente hacerse un test en el momento inmediatamente anterior. (Un negativo por la mañana puede ser positivo cinco horas después). Para entonces, farmacias y centros de salud llevarán ya dos años en primera línea de batalla.

Llevan la pandemia sobre los hombros desde la primera ola. Pero en esta sexta, la del jarro de agua fría en forma de contagio vertiginoso acompasado con la Navidad, se han convertido en los grandes protagonistas. Centros de salud y farmacias siguen prestando servicio en la lucha contra el virus mientras lidian con la fatiga tanto de los profesionales como del público.

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