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El misterio de las maderas de Camerún: Madrid las compró por 6M, luego desaparecieron
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El velódromo que nunca se llegó a estrenar

El misterio de las maderas de Camerún: Madrid las compró por 6M, luego desaparecieron

Lo que empezó siendo una ambiciosa remodelación de un antiguo canódromo para modernizar Madrid acabó en un periplo urbanístico faraónico que murió con el sueño olímpico

Foto: Imagen: Laura Martín.
Imagen: Laura Martín.

Un botín de maderas de afzelia camerunesa de la mejor calidad. Un diseño y un presupuesto de primer nivel para construir el mejor velódromo que los ojos de Madrid jamás habían podido ver. Un invento de "quita y pon" que asombraría en unos Juegos Olímpicos que nunca ocurrieron. Un proyecto puntero acabado en pifia. Junto a la Casa de Campo de Madrid, o eso dicen, se esconde en 2021 uno de los tesoros público más rocambolescos de la historia de la capital en forma de listones. Pero nadie puede, sabe o quiere decir dónde están exactamente y en qué condiciones se encuentra. El Confidencial ha preguntado a gobernantes, oposición, arquitectos, especialistas en ciclismo en pista, funcionarios y hasta asociaciones vecinales, pero la respuesta siempre es la misma: las maderas del antiguo velódromo de Carabanchel no aparecen.

Hablamos del extraño caso de los 70.000 metros lineales de listas sujetadas en 374 cerchas que formaban el antiguo velódromo de Carabanchel. Un valiosísimo cargamento que se esfumó de la noche a la mañana y que está valorado en varios millones de euros. Un proyecto urbanístico levantado con la fiebre de los 90, abandonado sin haber sido estrenado y devorado por el sueño olímpico madrileño creando un leyenda municipal. Con más de 6 millones de euros de presupuesto al cambio sería una obra que revolucionaría el antiguo canódromo de la capital, pero su futuro acabaría por ser mucho más aciago.

Foto: El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (i). (EFE)

Lejos queda aquel julio de 1990. En ese momento, Agustín Rodríguez Sahagún lo tenía clarísimo. Como recuerda la hemeroteca, el proyecto que estaba presentando ante los medios sería un lugar especial de Madrid sería clave en el futuro de una ciudad que llevaba apenas un año gobernando y necesitaba modernizarse. Tan optimista era con el nuevo velódromo capitalino, construido sin escatimar en gastos, sobre el antiguo canódromo (del que se cumplen ahora 70 años desde su inauguración), que dijo que pediría que la Vuelta a España del año siguiente terminara allí, en Carabanchel, aprovechando rapidísima pista del complejo. Pero ni la Vuelta ni ninguna otra competición llegó a tocar esa construcción.

Después de la clarividencia y el optimismo de Sahagún, que tuvo que dimitir por problemas de salud y murió poco después, ninguno de sus sucesores volvió a confiar así en el proyecto que por otro lado aglutina unas posibilidades inmensas. Lanzado a caballo entre el gobierno municipal del líder de UCD y el del popular Álvarez del Manzano, era puntero y espectacular. Exacavado en la tierra aprovechando el desnivel natural del barrio, se podía convertir en el cuarto estadio de Madrid por capacidad de espectadores (unos 4.000 y con la idea de ampliar la única grada existente) y para montarlo, a dos años de las Barcelona '92, participaron arquitectos como Herbert y Ralph Schurmann, autores de las instalaciones ciclistas destinadas a los juegos olímpicos de México, Seúl y Barcelona.

Ellos se encargarían de diseñar el trazado profesional que rellenarían con el producto estrella del complejo: una rapidísima, resistente y carísima madera camerunesa, también usada en el velódromo catalán. Pero lo bueno duró poco.

placeholder El velódromo construido en el Antiguo Canódromo con las citadas maderas.
El velódromo construido en el Antiguo Canódromo con las citadas maderas.

En los casi 13 años que aguantó montado junto a la M-30 nadie lo utilizó, ni siquiera la llamada 'pelouse' o zona central, dedicada a otros deportes como pistas de baloncesto. Se abandonó al poco de inaugurarse, su recuerdo volvió a los periódicos solo cuando fue utilizado para dar cobijo a indigentes contra la opinión de los vecinos y finalmente murió en los sueños olímpicos de la capital que aún no han decidido qué hacer con el total de los 3.500 metros de la infraestructura. Un misterio de idas y venidas con dinero público corriendo a borbotones y que sigue sin quererse desvelar pese a las continuas peticiones de información.

El velódromo construido

"Hace ya mucho tiempo de esto, pero fue un proyecto muy importante e interesante. No te creas que un velódromo se construye así como así, es como un puzle, va pieza a pieza y si una no la colocas bien la estructura no encaja. La madera que se utilizó era buenísima, una afzelia africana que no sé si lo sabes, pero es una madera tan especial que ni flota. Su densidad es tan alta que se hunde. Y se usa aquí porque bien pulida y cuidada es rapidísima para los ciclistas y resiste porque no absorbe el agua". El que habla es Manuel Canalda, arquitecto y jefe de uno de los estudios encargados del proyecto, de la construcción y del desmontaje.

Tanto le debe a este trabajo, asegura, que fue allí donde aprendieron a montar estas pistas de ciclismo para luego también hacer, por ejemplo, la de la serrana población de Galapagar, una de las que sí siguen en pie en la Comunidad. "Es algo muy especial, levantar los peraltes, las cerchas que deben sujetar toda la pista... No es una estructura más, y claro que es algo costoso", comenta.

placeholder Alguno de los técnicos que participaron en la construcción. (Canalda y Buendía)
Alguno de los técnicos que participaron en la construcción. (Canalda y Buendía)

Canalda, como muestran las fotos que están en la página web de su estudio, estuvo muy presente allí en aquellos inicios de los 90, cuando el canódromo, que había cerrado dos años antes por falta de público e interés se estaba convirtiendo en el flamante velódromo que quería recibir a la Vuelta. "Recuerdo que había mucho interés, que el Ayuntamiento había invertido mucho dinero y ganas, había contratado a técnicos internacionales, y la inauguración fue una fiesta. Creo que estuvo Perico Delgado o uno de estos ciclistas de la época rodando por la pista para estrenarla. Te mandaría las fotos, que creo que hicimos, pero es que no sé si aún las conservamos".

Estos 30 años en el mundo de la arquitectura no han sido sencillos. El mismo Canalda sufrió la crisis de 2008 en sus carnes, como el velódromo, y tuvo que cambiar el lugar del estudio, se movieron papeles, cambiaron proyectos y le salva su memoria para recordar lo ocurrido allí. "Creo que nunca se llegó a usar en competiciones. Una pena porque era una pista buenísima".

placeholder Las cerchas de afzelia que sujetaban el velódromo. (Canalda y Buendía)
Las cerchas de afzelia que sujetaban el velódromo. (Canalda y Buendía)

Como él, también recuerda esos primeros años Victoria Magro, una vecina de Carabanchel, activista por el barrio y que ahora lidera la Asociación de Vecinos Amigos Del Canódromo. Un grupo que lucha por la recuperación del estadio para el uso de la comunidad, algo que también pedían hace 30 años, pero de momento tienen que aguantarse con seguir peleando y aprovechar las instalaciones que ofrece un estadio explotado por entes privados. "Me acuerdo que hicieron grandes obras, que montaron el velódromo cuando la mayoría del barrio pedía otras instalaciones. Pero bueno, quedo bien y demás. El problema fue que nunca se usó, nadie lo aprovechaba y con el tiempo se fue deteriorando. La madera era espectacular y también se la acabaron cargando porque estaba al aire, no se protegía, la gente se colaba... Por suerte no ardía bien", comenta Magro.

Magro asegura que la situación era tan rocambolesca que pese a verse claramente que no se utilizaba y que nadie iba a hacerlo, durante los años en los que estuvo en pie los vecinos del barrio no pudieron hacer uso de la estructura. "Había chicos que tenían grupos de ciclismo, pero no les dejaban usar la pista. No tenía ningún sentido, nadie la usaba, se colaba todo tipo de gente para hacer gamberradas e incluso había indigentes que intentaban arrancar la madera para llevársela y quemarla, pero los vecinos del barrio no podíamos utilizarla", comenta Magro, cuya memoria llega sin pérdida al momento en el que todo esto subió un escalón más.

placeholder Imagen del velódromo. (Canalda y Buendía)
Imagen del velódromo. (Canalda y Buendía)

El velódromo guardado

Tras solo unos 13 años después de que se iniciara la construcción del complejo, el Ayuntamiento decidió ya darle una nueva vida. Nadie lo estaba aprovechando como velódromo y el resto de opciones tampoco funcionaban demasiado bien, cayendo el idílico proyecto en la ruina, así que decidieron usarlo como albergue de invierno en la campaña de 2004. Ante la bajada de temperaturas y el colapso de otros lugares, la Concejalía de Empleo y Servicios de la capital, que dirigía entonces Ana Botella, optó por usar esta instalación como habitáculo extra.

En frente tuvo a grupos de vecinos que llegaron a cortar la vía que pasa junto al estadio, la vía Carpetana, durante varios días, y tuvo que comprometerse a que sería algo provisional, solo para ese invierno. La situación se resolvió sin más incidentes, pero sí supuso el inicio del fin del velódromo. "Nos quejamos y conseguimos que se comprometieran a que no sería más que ese invierno. El sitio estaba en una situación desastrosa, eso es cierto, pero esa no era una solución", comenta Margo.

placeholder Alberto Ruiz Gallardón señalando el camino el nuevo estadio. (Ayuntamiento de Madrid)
Alberto Ruiz Gallardón señalando el camino el nuevo estadio. (Ayuntamiento de Madrid)

Solo un año después, y con la candidatura de Madrid 2012 a la vuelta de la esquina, el consistorio, entonces gobernado por el popular Alberto Ruiz Gallardón, volvió a abrir el grifo del dinero. Querían llevar la mayor parte de las instalaciones de las olimpiadas al anillo olímpico, situado junto a La Peineta y para construir el velódromo optaron por una medida que vendieron como 'verde': reutilizar la madera de Carabanchel. 4,3 millones de euros, según el propio consistorio, se dedicaron a la nueva remodelación del estadio para convertirlo en un lugar en el que jugar al fútbol y que puso en manos del club Puerta Bonita. De esos millones, 259.000 euros iban dedicados exclusivamente al desmontaje y almacenaje de las maderas a cargo de Manuel Canalda. El velódromo se acababa, pero el producto estrella aún se podía aprovechar.

"Fue un trabajo duro porque había muchas maderas en mal estado y había que ir pieza a pieza numerando y almacenando específicamente. Eso sí, lo hicimos sin escatimar en detalles, con refrigeración, mecanismos que protegiesen la madera de la humedad, enumeración de cada pieza... Hubo que retirar y renovar cerca de un 20% de las piezas por el deterioro", señala el arquitecto. Un trazado de 250 metros que se desmontó y, explica Canalda, se guardó con sumo cuidado con destino a los almacenes de La Peineta con listones de unos 4 metos de largo, 30 milímetros de grosor y 40 de ancho. De los cuales saldría solo para convertirse en la pista que pisarían los ciclistas de los próximos Juegos Olímpicos celebrados en España. Y allí todos las perdieron de pista.

placeholder Algunos de los pocos ciclistas que llegaron a poder probar las maderas.
Algunos de los pocos ciclistas que llegaron a poder probar las maderas.
placeholder El estadio en otoño de 2021. (Guillermo Cid)
El estadio en otoño de 2021. (Guillermo Cid)

De ese momento hay varias noticias en medios nacionales que dan buena cuenta de la decisión como un velódromo 'de quita y pon'. Pero eso nunca llegó a pasar. "Yo no te puedo dar más información porque de ahí no supimos más. Sí que recuerdo que se llevaron a La Peineta, pero nada más, aunque seguro que las siguen guardando en perfectas condiciones, como se merece la madera", comenta Canalda.

Una explicación que cuadra con la de Margo y con la de otros conocedores del caso que han escrito sobre ello. "Yo he seguido preguntando, eh, pero nada, nadie te da más información sobre el paradero de las maderas o el resto de cosas que se llevaron", señala la vecina. Algo parecido menciona Luis Román-Mendoza, periodista experto en ciclismo en pista y uno de los pocos articulistas que ha recuperado esta historia en internet. "Nadie quiere hablar de donde están las famosas maderas. Y eso en este país del piensa mal y acertarás es muy sospechoso", comenta el periodista. Pero, ¿cómo puede desaparecer algo así? La fiebre del sueño olímpico con hasta tres fracasos en pocos años y los bandazos del ayuntamiento podrían ayudar a explicarlo.

El velódromo desaparecido

La última noticia relacionada con estas maderas que se puede rescatar aparece en ABC en julio de 2008. En ese momento, Madrid lucha por los JJOO de 2016 frente a ciudades como Río de Janeiro, y el ABC habla de la reutilización de la madera de Camerún en plena crisis. En ese momento, y tras el palo de Madrid 2012, los organizadores lo dejan claro: de no llegar los juegos, se buscaría una salida honrosa para las maderas y que dejara algo de dinero en las castigadas arcas de la capital.

El ya fallecido Miguel de la Villa, entonces director general de Deportes del Ayuntamiento madrileño, aseguraba que los listones se encontraban en perfecto estado, tal y como los habían guardado un año antes, y que su presencia permitía valorar la instalación en cientos de millones de pesetas. De no salir elegida Madrid como ciudad organizadora, podrían encontrar un hueco fácilmente, porque tienen varias "novias". Sitios como San Sebastián de los Reyes, que quería renovar su velódromo y había preguntado por las maderas. Nada más se supo.

placeholder Imágenes de la construcción del velódromo.
Imágenes de la construcción del velódromo.

En estos años lo único que confirman desde el Ayuntamiento es que en algún momento las maderas pasaron de La Peineta, que acabó convertido en el estadio Metropolitano, a algún lugar de Casa de Campo. Y, tras varios emails enviados, pueden confirmar que siguen allí, sin permiso para que nadie acceda a ellas. Pero ni miembros de la oposición como el concejal de Más Madrid Jorge García Castaño, que en 2013 ya preguntaba en algún artículo sobre el paradero de las afzelias consiguieron dar con ellas mientras gobernaban bajo el mandato de Manuela Carmena. "La legisaltura pasada alguna vez pregunté y nadie sabía nada", señala Castaño en conversación con este periódico.

Su rastro se pierde en una locura de sueños olímpicos, planes faraónicos de construcciones para convencer al COI y cambios locales en los usos de las instalaciones tras los palos olímpicos y la pasada crisis. "Podrían aguantar porque son maderas muy resistentes. Pero claro, ha pasado mucho tiempo, tendrían que estar muy bien guardadas para que aún se pudieran utilizar", señala Canalda.

Después de su dramático viaje, tampoco es que parezca que interesen demasiado. En estos meses en los que el ayuntamiento capitalino vuelve a recuperar la chispa olímpica, el presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, ya olvida aquella idea del velódromo de quita y pon. "No tenemos piscina olímpica: Sant Jordi. No tenemos velódromo: Valencia o Palma de Mallorca. No tenemos la pista de remo y piragüismo: Sevilla o Seu d'Urgell. Eso es como está ahora planteado: mínimas inversiones para organizar unos Juegos".

Un botín de maderas de afzelia camerunesa de la mejor calidad. Un diseño y un presupuesto de primer nivel para construir el mejor velódromo que los ojos de Madrid jamás habían podido ver. Un invento de "quita y pon" que asombraría en unos Juegos Olímpicos que nunca ocurrieron. Un proyecto puntero acabado en pifia. Junto a la Casa de Campo de Madrid, o eso dicen, se esconde en 2021 uno de los tesoros público más rocambolescos de la historia de la capital en forma de listones. Pero nadie puede, sabe o quiere decir dónde están exactamente y en qué condiciones se encuentra. El Confidencial ha preguntado a gobernantes, oposición, arquitectos, especialistas en ciclismo en pista, funcionarios y hasta asociaciones vecinales, pero la respuesta siempre es la misma: las maderas del antiguo velódromo de Carabanchel no aparecen.

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