el aparato valenciano apoyó a santamaría

Casado premia a los críticos de Bonig y deja a sus afines fuera de la ejecutiva nacional

El éxito del joven político solo deja una oportunidad a la presidenta del PP en la Comunidad Valenciana para recuperar el poder perdido en la región: el superdomingo del 26 de mayo de 2019

Foto: En primer plano, Andrea Levy, Isabel Bonig y Pablo Casado. (EFE)
En primer plano, Andrea Levy, Isabel Bonig y Pablo Casado. (EFE)

Pablo Casado comparte con José María Aznar la edad (37) a la que accedió a la presidencia del Partido Popular. Los que creen en las señales han querido ver en este dato biográfico y en la sintonía ideológica con el expresidente del Gobierno —ambos en el flanco más a la derecha de su partido— un indicio del éxito futuro del joven político conservador. Sin embargo, Aznar tuvo que esperar siete años y tres convocatorias de elecciones generales para encaramarse al poder, y cuando lo hizo fue hablando catalán en la intimidad y negociando el Pacto del Majestic con Convergència i Unió, antecesora del PDeCAT hoy dependiente del exiliado Carles Puigdemont.

No está escrito cuánto le costará a Casado convertirse en presidente del Gobierno. Ni siquiera si lo conseguirá. Seguramente dispondrá de, al menos, dos intentos. Pero su victoria en el cónclave popular celebrado el pasado fin de semana sí ha acortado las opciones de fracaso de la principal responsable del Partido Popular en la Comunitat Valenciana, Isabel Bonig. Casi nadie la ve descabalgada del cartel autonómico para intentar recuperar la Generalitat en 2019. Pero muy pocos en su propia formación creen que pueda contar con una segunda oportunidad si no logra desalojar a Ximo Puig del poder autonómico en su primer y probable único intento.

Pese a su aparente neutralidad, el aparato de Isabel Bonig ha trabajado activamente por Sáenz de Santamaría. Ahora queda debilitado internamente

La ‘jefa’ del partido en esta autonomía mantuvo una teórica neutralidad que la llevó a borrarse de los actos de campaña interna, en los que ni siquiera participó como anfitriona. Solamente en la recta final previa al congreso se atrevió a participar en una convocatoria con el exministro de Fomento y valedor de Soraya Sáenz de Santamaría, Íñigo de la Serna. Fue interpretado como un empujón más o menos sibilino de la organización valenciana a la abogada del Estado. Los que se mojaron hasta los huesos fueron los principales integrantes de su equipo, desde la secretaria general regional, Eva Ortiz, hasta la vicesecretaria, Elena Bastidas, pasando por el presidente provincial de Alicante, José Císcar, uno de los puntales orgánicos de Bonig. Tras hacer campaña activamente por la candidata, todos ellos se apresuraron el domingo a felicitar al sucesor de Mariano Rajoy.

Pablo Casado (c), junto al presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez (i), durante un encuentro con simpatizantes en Alicante. (EFE)
Pablo Casado (c), junto al presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez (i), durante un encuentro con simpatizantes en Alicante. (EFE)

El aparato regional trabajó en favor de la exvicepresidenta, mientras que cuadros jóvenes como el presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez, decidían ir por libre prestando su apoyo a María Dolores de Cospedal, primero, y al nuevo presidente nacional del PP, después. Casado ha contado en la Comunidad Valenciana con el respaldo de un cóctel de representantes de la vieja guardia (Pedro Agramunt) y cargos con los que mantiene vínculos generacionales, como la diputada en el Congreso Belén Hoyo o el parlamentario autonómico Luis Santamaría, incorporado a la junta directiva. El nuevo líder popular también ha premiado a Sánchez con un puesto en el comité ejecutivo. El nuevo alcalde de Alicante, Luis Barcala, también se ha posicionado del lado de Casado.

Esa ambigüedad de Isabel Bonig y el apoyo que sus críticos han dado a Casado en el proceso interno han provocado una sacudida en el PP valenciano. Si todo el mundo daba por descontado que una victoria de Santamaría le otorgaba casi manos libres para elaborar las listas electorales de municipales y autonómicas, ahora en el seno de los populares se interpreta que no solamente va a tener que consensuar una a una las principales candidaturas, sino que Génova impondrá más de un nombre, aunque la cúpula valenciana trata de trasladar sintonía con la nueva dirección nacional y vocación de consenso.

Casado premia a los cospedalistas (César Sánchez y Betoret) del PP valenciano que hicieron campaña por él en el congreso de compromisarios

El primer gesto ha sido la configuración de la nueva ejecutiva nacional. Casado ha premiado a cuadros del PP valenciano que hicieron campaña por Cospedal en un primer momento, como César Sánchez (secretario de Transparencia) o Vicente Betoret, expresidente del PP provincial de Valencia, muy crítico con Bonig y ahora secretario nacional de Política Provincial. Todo un aviso para la presidenta regional, que no logra situar a ninguno de sus afines más cercanos. Miguel Barrachina, secretario de Revolución Digital, entra por la cuota de Castellón y del Congreso, donde es diputado.

El cartel electoral de Valencia, aún sin decidir, es el más simbólico e importante de cuantos quedan por despejar. Recuperar la tercera ciudad de España debería ser un objetivo prioritario del Partido Popular, aunque por ahora los sondeos lo sitúan lejos de su consecución. Bonig apostaba por el actual portavoz municipal, Eusebio Monzó, pero es seguro que en el nuevo escenario la dirección nacional tendrá mucho que decir (le corresponde estatutariamente nombrar a los candidatos de capitales de provincia). Los quinielistas han regresado con fuerza y pocos ven a Monzó como aspirante municipal si se cruzan otros aspirantes, como el citado Santamaría o la exconsejera de Educación María José Catalá, en el caso de que esta quiera arriesgar y decida no reservarse como diputada autonómica y posible relevo de Bonig en caso de fracaso en las autonómicas.

Casado premia a los críticos de Bonig y deja a sus afines fuera de la ejecutiva nacional

Esteban González Pons, que había convencido a Mariano Rajoy para repetir en las europeas y quedarse en Bruselas, es otros de los nombres que siempre circulan como alcaldable. Pero no parece que el nuevo líder popular vaya a sacarlo del Parlamento Europeo cuando lo lógico es que apueste por perfiles jóvenes como el suyo propio para renovar las listas de las capitales españolas. De momento, González Pons ha sido ratificado como portavoz en el Europarlamento, pero aun así, vuelve a sonar como posible candidato de Valencia.

La sintonía ideológica y generacional de Casado y Bonig servirá para 'coser' y acercar posiciones en los próximos meses, claves para poner en marcha la maquinaria electoral. Pero el PPCV es una olla a presión que podría explotar de forma descontrolada si la presidenta regional no logra recuperar espacios de poder el superdomingo del 26 de mayo de 2019. Bonig tiene suficientes adversarios en su propio partido como para que Casado encuentre pocos incentivos para permitirle un segundo asalto al añorado poder autonómico en la Comunitat Valenciana.

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