entrevista al cofundador del instituto de infertilidad

José Remohí, el padre de los 100.000 hijos del IVI: "Operábamos conejos en un piso"

El copresidente de la multinacional española de reproducción asistida: "En el futuro se obtendrán gametos de células de hombres sin espermatozoides o mujeres sin óvulos"

Foto: José Remohí, frente a la clínica del IVI en Valencia. (Marga Ferrer)
José Remohí, frente a la clínica del IVI en Valencia. (Marga Ferrer)

A José Remohí no le paran por la calle por salir en 'Sálvame', por vender millones de discos o por acumular seguidores en Youtube. Le han reconocido en Italia o en México por ser una de las dos cabezas visibles del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), la enseña que en un cuarto de siglo se ha convertido en referencia nacional e internacional en materia de reproducción asistida, con más de 100.000 nacimientos acumulados y 36 clínicas repartidas por Europa, Latinoamérica o la India. El currículum de este ginecólogo está repleto de reconocimientos, sillones en organizaciones como The American Fertility Society o de la European Society of Human Reproduction and Embryology y 24 libros editados sobre medicina reproductiva a sus espaldas. 

José Remohí, el padre de los 100.000 hijos del IVI: "Operábamos conejos en un piso"

La compañía que fundó en 1990 junto con el doctor Antonio Pellicer es también un máquina de facturar dinero, con más de 170 millones de ingresos y 32 millones de beneficio en 2015. Su liquidez les ha llevado a embarcarse en nuevos proyectos de inversión, como la aerolínea de vuelos regionales Air Nostrum, que salvaron de la quiebra junto con Carlos Bertomeu cuando la familia Serratosa (Uralita) se ahogó financieramente. Ahora, Remohí y Pellicer acaban de vender Igenoxim, en una operación de varios millones de euros.

Enfundado en un traje azul de hospital y una bata blanca con su nombre bordado, recibe a El Confidencial en su pequeño despacho de la clínica de Valencia, la ciudad donde nació hace 58 años y que sigue siendo sede social de esta multinacional de la fertilidad. Su trabajo, como el de muchas otras empresas de reproducción asistida, es hacer felices a quienes quieren tener hijos y no lo consiguen por métodos naturales. “Nosotros pasamos a ser una parte muy importante en sus vidas y en sus familias. Nunca nos olvidarán”, dice. 

Remohí explica su profesión con pasión pero esquiva los debates éticos.

José Remohí, copresidente y cofundador del IVI. (Marga Ferrer)
José Remohí, copresidente y cofundador del IVI. (Marga Ferrer)

PREGUNTA (P): Primera niña probeta, Louis Brown, nace en 1978, usted estaba en la facultad de Medicina. ¿Ya entonces estaba interesado por la reproducción asistida?

RESPUESTA (R): Yo empecé en 1975 y acabé en 1981. Cuando eres estudiante no tienes ni idea ni de medicina ni de lo que va a ser de ti en el futuro ni de lo que vas a poder estudiar, desafortunadamente. En ese momento no sabes lo que es medicina. Estás acostumbrado a ver series de televisión, el House correspondiente a tu generación. Hay un momento en que se produce un encuentro en el que debes decidir si te gusta o no te gusta. Y si te gusta, desgraciadamente no tienes referencias sobre lo que vas a querer ser, a no ser que lo hayas visto en familia o lo hayas mamado. Yo, que no vengo de familia de médicos, no tenía ni idea. Era ir salvando los muebles asignatura a asignatura. Además, aprobaba rasito; nunca he sido de notas. Cuando nació Louis Brown para mí fue una noticia más. 

"Estando en Estados Unidos, Toni (Pellicer) y yo hablamos y pensamos: '¿Por qué no llevamos a España lo que estamos haciendo aquí?"

P: El IVI no nace hasta 1990. La Clínica Dexeus había logrado el primer nacimiento en España de fecundación 'in vitro' con Victoria Anna en 1984. ¿Se estaba incubando el boom de la reproducción asistida en España? El IVI tiene registrados más de 100.000 nacimientos en un cuarto de siglo.

R: Dexeus fueron los primeros. España tiene que agradecerle mucho a Dexeus porque lo hizo muy bien. Antonio (Pellicer) y yo nos conocimos en el año 1983. Estábamos haciendo la residencia, la especialidad, en el Hospital Clínico de Valencia. Para mi era el primer año y para él, el último. No éramos de la misma promoción pero sí de la misma hornada. Nos hicimos amigos. Cuando terminamos la especialidad nos fuimos a hacer un posgrado a Estados Unidos. Él se fue a la Costa Este, en Yale, y yo me fui a la Costa Oeste, a California. Hubo un periodo de tiempo en el que coincidimos. Nos fuimos allí porque no teníamos donde caernos muertos. Era una especie de huida hacia adelante para seguir formándonos. Nosotros ya éramos ginecólogos. Y estando en Estados Unidos, Toni y yo hablamos y pensamos: “¿Por qué no llevamos a España lo que estamos haciendo aquí?”.

Detalle de las manos de José Remohí. (Marga Ferrer)
Detalle de las manos de José Remohí. (Marga Ferrer)

P: Entonces, ¿ya estaban trabajando en Estados Unidos en reproducción asistida?

R: Sí. Estábamos en los grupos más importantes del mundo y decidimos importar el modelo. Al final no estábamos descubriendo nada pero ese modelo aquí era muy innovador. En España, en la década de los ochenta, el gran médico estaba acostumbrado a trabajar por la mañana en un hospital y por la tarde en la consulta, a hacer pasta. Nuestra historia cambia eso. La vanguardia ya no tiene por qué estar en el hospital, puede estar en cualquier sitio. El segundo concepto es que estudias y profundizas solamente en un área. En aquella época el catedrático era alguien que dominaba cualquier área dentro de la especialidad. Nosotros no éramos grandes especialistas en obstetricia, no éramos grandes especialistas en cáncer ginecológico, llevamos dos años y medio sin abrir un libro de cáncer. Solo hacíamos reproducción. El modelo que trajimos era innovador por la especialización y también porque no podía ir acompañado exclusivamente de trabajo clínico, sino también de investigación. Los primeros años no ganamos ni una peseta. Parte de los ingresos los gastábamos en investigación, en comprar animales. Teníamos un piso con una mesa de operaciones para animales y operábamos conejos. Vimos que era fundamental tener asociado un proyecto de investigación a un proyecto de atención clínica. 

De pronto, en un par de años, seguíamos sin tener dinero pero como publicábamos y estábamos en los congresos más importantes del mundo empezamos a tener solicitudes de médicos de otros países que querían formarse con nosotros. Ahí empezamos nuestra escuela.

"El modelo que trajimos era innovador por la especialización. Al principio no ganamos una peseta"

Del quirófano a la gestión empresarial

P: El IVI destaca por sus cifras económicas. Más de 170 millones de facturación, crecimientos constantes, 32 millones de beneficio. Pero su perfil y el de Pellicer es el de dos médicos investigadores. ¿Supongo que detrás hay equipos gestores o también están en el día a día de la gestión empresarial?

R: Hay un equipo profesional, pero también participamos. Nosotros pasamos consulta, vemos todos los días pacientes, hacemos quirófano… Eso te da un conocimiento muy específico para luego trasladarlo a la gestión. Nosotros aportamos el conocimiento de la trinchera. Pero sin la gestión no se podría haber crecido lo que hemos crecido. El crecimiento viene por profesionalizar, por generar equipos y rodearte de los mejores.

P: Carlos Bertomeu (presidente de la aerolínea Air Nostrum) ha tenido un papel importante y les ha ayudado, ¿no?

R: Forma parte del IVI, es consejero del IVI y está con nosotros desde hace quince años. De hecho nosotros estamos en Air Nostrum por esta historia, porque al ser ‘primos’ lo hacemos todo juntos.

P: ¿Y cómo se lleva lo de pasar de la reproducción asistida a volar por los airesnbsp;

R: La verdad, de volar por los aires no tengo ni idea. Eso lo hace Carlos. Fue una operación de inversión en un momento muy complejo de Air Nostrum, que estaba al borde de la explosión. Afortunadamente, Carlos maniobró para poder salvar la situación, no exento de riesgos. Nosotros somos unos invitados, que estamos acompañando y podemos dar un soporte de inversión. Pero realmente lo lleva él.

"Air Nostrum estaba al borde de la explosión. Carlos (Bertomeu) maniobró para salvarla. Nosotros somos unos invitados, apoyamos con la inversión"

P: Tantos años con Antonio Pellicer, juntos. No es la norma en el mundo empresarial. ¿Cómo han llevado esa relación profesional en la que incluso han abordado proyectos conjuntos a la hora de diversificar?

R: Con mucho respeto. Un matrimonio es cosa de dos y tienes que respetar. No siempre hemos opinado igual, pero nunca hemos discutido. Realmente es un mérito por parte de los dos. Jamás hemos discutido. Y llevamos 26 años juntos.

Esclavos del reloj biológico

P: El ser humano parece programado para procrear pero, en cuanto a probabilidades, se desperdician un montón de espermatozoides y de óvulos. ¿Es más alta la tasa de fecundidad por vías artificiales que por las naturalesnbsp;

R: De entre muchas especies somos los que estamos en la cola. Entre los mamíferos no somos los más afortunados. Sobrevivimos porque somos los más listos. La capacidad reproductiva de un ser humano es tremendamente inferior a la que puede ser un perro, una vaca, un caballo. No tiene nada que ver. Una pareja joven, con un control de la ovulación y una relación sexual, no se queda embarazada en más del 30% de las ocasiones. Eso en otros mamíferos no ocurre. Es más, tienen una camada. Nosotros tenemos uno, y gracias. En los humanos, además, la mujer tiene un declive reproductivo muy rápido. Eso antropológicamente incluso se puede explicar. Es una defensa de la especie, si no las mujeres acabarían muertas y reventadas mucho antes.

Remohí, con fotografías de bebés nacidos en el IVI. (Marga Ferrer)
Remohí, con fotografías de bebés nacidos en el IVI. (Marga Ferrer)

P: Vivimos en una paradoja. El ser humano cada vez vive más años, pero su naturaleza reproductiva, el conocido como reloj biológico, apenas ha cambiado, especialmente en el caso de las mujeres. ¿Abocados a que la reproducción artificial sea lo habitual en un futuro?

R: Se necesitan miles y miles de años para poder cambiar la función de un órgano. Hoy en día, una mujer de cuarenta años se come el mundo, no una, sino diecisiete veces. Pero biológicamente, no acompaña. No tengo duda de que habrá una inversión en las reglas reproductivas. Puede llegar a ser dramático, porque una mujer a los 35 años inicia su momento de máximo esplendor, profesional y vitalmente, y, sin embargo, tiene un problema importante si quiere quedarse embarazada. La dinámica social no va en paralelo a la biología y la fisiología de la mujer. Esto con el tiempo se va a agravar. Desde el punto de vista médico se está trabajando en el envejecimiento de las personas. Hay una línea que tendrá éxito y que alargará la vida.

Una mujer a los 35 años inicia su momento de máximo esplendor, profesional y vitalmente, y, sin embargo, tiene un problema si quiere quedarse embarazada

P: Tiene una explicación científica, pero no deja de ser sorprendente que un embrión o un óvulo sobreviva después de un proceso de congelación o vitrificación, que es una de las salidas a ese problema. ¿Cuál es el secreto?

R: Son mecanismos para parar el tiempo en determinadas células y luego volverlas a conectar. Congelar espermatozoides congelamos desde hace decenas de años. Congelar embriones, también. Se han ido sofisticando los métodos de conservación para que sobreviva un mayor porcentaje cuando se descongela y que salgan niños sanos. Hasta hace pocos años, además, no podíamos congelar óvulos, ovocitos. Por varias razones, porque es la célula grande, la más grande del cuerpo, porque es esférica, se creaba hielo dentro y se rompía… Era anecdótico el éxito. Ahí nosotros tenemos mucho que decir. La doctora Ana Cobo (es mujer de Remohí) introdujo la técnica hace diez años y ha hecho que esa supervivencia sea del 90%. 

P: Algunos investigadores dicen que en el futuro podrían crearse embriones mediante la fusión de núcleos de óvulos, es decir que no harán falta los espermatozoides. ¿Eso es posible?

R: No. Una de las línea de futuro es la creación de gametos a partir de las células de uno mismo. O lo que es mismo: no tengo espermatozoides pero a partir de mis células puedo generarlos. Y lo mismo con una mujer que no tiene óvulos. 

P: ¿Se imagina, un mundo en el que el hombre no jugará ningún papel en la reproducción? Resulta inquietante.

R: Algo del hombre va a tener que haber siempre.

P: El genetista Bryan Sykes, en su obra ‘La Maldición de Adán’, sitúa el hombre en el eslabón más débil de la cadena reproductiva frente a la mujer. ¿El Cromosoma Y está en peligro?

R:  Estamos muy lejos de todo eso

P: Quizás uno de los grandes retos es llevar adelante embriones fuera del útero de la mujer, una vía para que mujeres sin aparato reproductivo puedan ser madres. Hay una película, 'La Isla', en la que se replican úteros de forma artificial para dar vida a clones de otras personas. ¿Lo ve?

R: No lo veo. Hay muy poco escrito sobre eso y pocas líneas de trabajo. Además, habría unas limitaciones bioéticas importantes. Hemos avanzado mucho pero no estamos en ciencia ficción. Mezclar ambas cosas puede dar un poco de pánico y activar rechazos inconscientes de parte de la sociedad.

Maternidad subrogada para mujer sin útero

P: ¿Qué opina de la maternidad subrogada?

R: Es un tema complejo. Poco puedo decir desde el punto de vista profesional porque depende de los legisladores. Lo que puedo decir es que hay veces en las que es la única salida terapéutica para una mujer.

P: ¿También la única vía para parejas homosexuales?

R: Eso tiene otras connotaciones en las que no entro. No me considero cualificado para entrar en un debate social, más que médico. Yo no trabajo en corrientes de opinión, me dedico a meterme en la frialdad del quirófano. Solo digo que hay mujeres que no tienen útero porque han sido sometidas a una intervención quirúrgica pero todavía tiene ovarios. La única forma es una maternidad subrogada. Ese es el caso más claro.

P: La investigación está ahora muy centrada en la genética, en la posibilidad de que erradicar o detectar enfermedades genéticas antes de implantar los embriones. De hecho, es la principal actividad de Igenomix, la empresa que acaban de vender. ¿Qué caminos abren los análisis genéticos preimplantacionales?

R: Si en la pareja uno de los dos es portador de una mutación o una enfermedad familiar, hay herramientas para identificarlo y evitar que los niños que vayan a nacer sean portadores de esa enfermedad. Muchas veces, además, están condenados a morir, bien durante el embarazo o bien después del nacimiento. Eso se hace y está regulado y, según el tipo de enfermedad, te autorizan o no te autorizan. Luego hay otro problema que va ligado a la edad, porque aumentan los embriones con trastornos genéticos. A los 44 años, el 95% de los embriones que haga una mujer va tener trastornos genéticos. Y en ese caso, o no se va quedar embarazada, porque están programados para no tener éxito, o tendrá un aborto espontáneo. Hay una tercera parte, que son los embriones más resistentes, que logran llegar al nacimiento con trastornos genéticos. El síndrome de Down es el más resistente.

José Remohí, en su despacho del IVI. (Marga Ferrer)
José Remohí, en su despacho del IVI. (Marga Ferrer)

P:Todo esto abre un debate ético. En el fondo no deja de ser una forma de eugenesia, ¿no? ¿Dónde debería estar el límite? ¿Tiene derecho una familia a elegir si quiere un niño o una niña, de igual forma que se eliminan embriones con enfermedades genéticas?

R: Hay cosas que son médicas y otras que son sociales. Yo soy un ejecutor del brazo médico. La capacidad de elegir un niño o niña, hoy por hoy, no está permitida en España, es ilegal. Poco más puedo aportar a ello. Todas estas cosas son muy complejas. Cuando analizas los comités de bioética no estamos solo los cuatro profesionales que estamos con las manos en la masa. Hay una representación social muy amplia que marca las directrices que la sociedad quiere. 

P: ¿Qué es lo más sorprendente que nos depara el futuro en reproducción asistida?

R: Conseguir un niño sano lo antes posible, cuando sabemos que no es fácil. A esto ya se le van cargando aspectos como los que hemos hablado. Pero ese es el objetivo final y básico. Y nos queda mucho por recorrer. En líneas de investigación, va a ser crear gametos a partir de células de hombres y mujeres que no tienen ya sus propios gametos, que no tienen óvulos o espermatozoides, para sustituir su función reproductiva.

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