Perfil de uno de los señores del ladrillo

Capitalismo "kitsch" y cirugía estética: así es Jesús Ger, el creador de Marina d'Or

Quiere toda la información en papel, prueba las técnicas de rejuvenecimiento a su alcance y practica una gestión personalista: “Si no le caes bien duras un telediario”

Foto: Fotografía cedida por Marina d'Or del complejo situado en Oropesa del Mar. (EFE)
Fotografía cedida por Marina d'Or del complejo situado en Oropesa del Mar. (EFE)

A Jesús Ger no le gustan los ordenadores. Al menos no para la gestión diaria de sus asuntos empresariales. Exige a sus colaboradores que le faciliten informes y documentación en papel para poder estudiarlos. Cada mañana, antes de empezar su jornada, realiza actividad física “como si fuera una religión” y frecuentemente visita a los médicos del Balneario Marina d’Or de Oropesa (Castellón), donde prueba personalmente todos las técnicas de rejuvenecimiento a su alcance y no duda en someterse a tratamientos de cirugía estética. A sus 69 años, el creador del complejo turístico y de vacaciones más “kitsch” de España, sigue en primera línea y sin intención aparente de soltar amarras del grupo empresarial que creó de la nada a principios de los años noventa. 

El dueño de Marina d'Or, Jesús Ger. (EFE)
El dueño de Marina d'Or, Jesús Ger. (EFE)

“Quien diga que quiere vender su empresa se equivoca. Lo que le obsesiona es colocar Marina d’Or Golf”. Este antiguo colaborador se refiere a la pastilla de más de nueve millones de metros cuadrados de terrenos situada a tres kilómetros hacia el interior de la actual Marina d’Or, donde Ger proyecta desde hace más de una década la puesta en marcha de un nuevo complejo hotelero y de apartamentos con tres campos de golf con una inversión que ha llegado a cifrar en 4.500 millones de euros. Es este complejo el que está intentado vender al gigante chino Wanda. Su fundador Wang Jianlin, que ya tiene el cuaderno de venta, ha visitado tanto la Ciudad de Vacaciones ya construida como los terrenos que albergarían el nuevo megarrecinto turístico y de ocio. También los conglomerados asiáticos Hsin Chong y Sinar Mas han mostrado interés, aunque la resistencia de Ger a compartir el accionariado de su división hotelera está bloqueando la concreción de nuevos socios.

Cuando aún cabalgaba a lomos de la burbuja inmobiliaria, Jesús Ger intentó sacar su compañía a bolsa con la intención de obtener el capital necesario para acometer este y otros proyectos de expansión, principalmente en la costa del norte del África, con Marruecos (donde conserva negocios) y Túnez como destinos preferidos. Eran los tiempos en que otros señores del ladrillo, como Enrique Bañuelos con Astroc, inflaban su patrimonio al albur de la especulación desenfrenada con los títulos de sus empresas, que después caerían en picado. Contrató a JP Morgan para canalizar la operación, pero los escollos urbanísticos y judiciales que rodeaban Marina d’Or Golf frenaron la colocación en el parqué. 

Al igual que Bañuelos, intentó sacar su compañía a bolsa; contrató a JP Morgan para la colocación, pero la operación no salió

Todo ese suelo lo compró Ger a principios del nuevo siglo gracias a otra de las características que define su carácter: la persistencia. Uno a uno convenció a los pequeños propietarios para que le vendieran las parcelas. Primero proyectó junto a Carlos Fabra, el expresidente de la Diputación de Castellón hoy en prisión, un parque temático, Mundo Ilusión. Después reconvirtió la idea en un complejo turístico y de golf. Este empresario nacido en Barcelona que se instaló en los años ochenta en Castellón tiene mucho que ver con el aeropuerto sin aviones que tantos titulares ha dado a los periodistas. Junto a Fabra, Ger ha sido siempre uno de los patronos inmobiliarios de la zona que más ha empujado a la Generalitat para que construyese esta infraestructura pese a los informes en contra de AENA y otros organismos.

El padre de Marina d’Or es el clásico empresario hecho a sí mismo. Un producto estándar de la España del boom inmobiliario y el enriquecimiento rápido de la ultima década del siglo XX y la primera del XXI. Volcado en su negocio y con sus rarezas, no ha querido saber nada del mundo de las organizaciones y la representación empresarial, lo que ha hecho que sea tenido por un “outsider” permanente.  “Jesús Ger es antes que nada un comercial. Comenzó vendiendo colchones. Es una persona que mete mucha presión. Puede llegar a ser agobiante y gracias a su tenacidad es como consigue muchas cosas”, explica un antiguo empleado. “Tiene un modelo de gestión personalista y presidencialista. Si no le caes bien duras un telediario”, señala otra persona que ha trabajado a sus órdenes. 

“Antes que nada Jesús Ger es un comercial. Comenzó vendiendo colchones. Es una persona que mete mucha presión“, dice un antiguo empleado suyo

Pero esa personalidad obsesiva y de control del último detalle de cuanto pasa en su empresa tiene mucho que ver también con el éxito de sus negocios. Tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria refinanció su deuda, entregó más de 200 millones de euros dación de pago a los bancos y dejó caer su división inmobiliaria, que entró en concurso de acreedores. Se concentró entonces en la parte de gestión hotelera, restauración y prestación de todo tipo de servicios a los propietarios e inquilinos de los pisos y apartamentos que él mismo había construido y vendido. No obstante, sigue teniendo un deuda importante con Hacienda (que algunas fuentes cifran en 100 millones de euros) que es la que ahoga a su conglomerado empresarial. Ese sistema de gestión poco profesionalizado explica también las carencias organizativas del grupo y las dificultades de posibles inversores para acceder a información completa y fiable de la situación de las empresas.

Casado en segundas nupcias con una brasileña diez años más joven que él, no dudó en invitar a periodistas y convocar a los medios gráficos a su boda en 2010, que convirtió en un acontecimiento social. Sus hijos, nacidos de su primer matrimonio, trabajan en Marina d’Or. Sin embargo, aparentemente, no hay planes de sucesión. Pero con casi siete décadas de vida a sus espaldas, y aunque para muchos fuera una sorpresa que Ger cediese el control de su compañía, la publicación por el medio que ejerce de portavoz oficial del Partido Comunista Chino (Diario del Pueblo) de una oferta de Wanda de 1.200 millones por el 75% de su compañía ha alimentado cierta confusión. ¿Querrá deshacerse el empresario de su emporio o es sólo el enésimo intento de colocar y sacar adelante su ansiado megaproyecto turístico y de golf?

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