92.000 euros de pensión y despacho: así es la vida del 'jubilado de oro' Artur Mas
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"no tiene futuro político"

92.000 euros de pensión y despacho: así es la vida del 'jubilado de oro' Artur Mas

El Tribunal de Cuentas empaña el retiro dorado del expresidente: le ha citado a declarar para responder sobre el despilfarro en política exterior de la Generalitat entre 2011 y 2017

Foto: El expresidente de la Generalitat Artur Mas. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Artur Mas. (EFE)

Es el jubilado de oro de España. Un pensionista privilegiado que multiplica casi por nueve el salario mínimo español y por doce la pensión mínima que cobran cientos de miles de ciudadanos. Es Artur Mas, el ‘expresident’ de Cataluña, el iniciador del ‘procés’ independentista que acabó rompiendo no solo la sociedad, sino el mayor partido catalán, Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), hundido en un tiempo récord como un Titanic político. El pasado 31 de enero cumplió 65 años y su vida cambió radicalmente, porque hasta entonces no podía cobrar su suculenta pensión.

Del antiguo líder de CDC hasta sus más allegados reconocen que es uno de los contadísimos pensionistas de lujo de España, porque cobra el 60% del salario de ‘president’. O sea, el 60% del sueldo político más alto de España, que asciende a más 153.000 euros. De ahí que el ‘expresident’ pase a percibir unos 92.000 euros anuales. Solo dos personas se le podrían equiparar: Jordi Pujol y José Montilla. El primero renunció a sus honores tras el escándalo que salpicó a su familia; el segundo, que cumplió 65 años en 2020, renunció a su jubilación de ‘expresident’ para ser consejero de Enagás, cargo retribuido. Artur Mas, pues, se queda solo en la cúpula de las pensiones más ricas de España. Ahora ya duerme más tranquilo. O casi, porque los tribunales se han empeñado en acorralarle.

Foto: El candidato a la Generalitat de Cataluña por el PSC, Salvador Illa. (EFE) Opinión

“Artur Mas ha tirado la toalla. Ya no tiene futuro político”. Así se expresa una fuente cercana al ‘expresident’, que advierte que el otrora líder de Convergència está ‘cansado’. “En las últimas elecciones, cometió un suicidio político -añade la fuente-. Tuvo la oportunidad de concurrir con JxCat, pero dijo que no y prefirió abocar al PDeCAT a un resultado incierto. Fue un rotundo fracaso. Y eso acabó de decidirle a dar un paso al lado”. Aun así, reconoce esta fuente que le sigue gustando la política “aunque renuncie a ser ya protagonista de primera fila”.

Los más críticos con Mas remarcan que “prefirió aliarse con los perdedores, pero a su manera, es decir, no dejando contento a nadie”. Su estrategia, afirma esta fuente, fue compartida con un puñado de fieles irredentos de Artur Mas: esperaba que Carles Puigdemont se estrellase, electoralmente hablando, “y así él volvería como el gran arquitecto para salvar al catalanismo”. Nada salió como había planeado.

Obsesionado por la unidad

Otra fuente cercana al ‘expresident’ remarca que su obsesión desde hace dos décadas fue “la unidad”. En la primera década del siglo, ya había intentado agrupar a todo el nacionalismo bajo el techo de la 'casa grande' del catalanismo, que resultó un fracaso, porque ni ERC ni otros partidos catalanistas se sumaron al proyecto. Ni siquiera los círculos de UDC más próximos a CDC se avinieron a formar parte de esa gran casa. Tras el 2012 y las primeras elecciones en que los convergentes apostaron por el independentismo, Mas tuvo como oferta recurrente la formación de una única lista soberanista para poder ganar claramente en las urnas con una mayoría absoluta.

Una fuente crítica recuerda que ese proyecto se materializó en el 2015, con la presentación de ERC y CDC unidos en Junts pel Sí (JxSí) “y fue otro fracaso absoluto, porque la coalición obtuvo menos escaños que en la anterior legislatura, cuando habían concurrido por separado. Para sus detractores, lo que intentó desde siempre fue camuflar la continuada bajada de apoyo electoral a Convergència. Los peor pensados apuntan a que Mas, en cuanto se ha visto con una pensión más que ‘honorable’, ha preferido jubilar también sus inquietudes políticas y mirar los toros desde la barrera. “Una vez que consiguió que la caja de resistencia del soberanismo se hiciera cargo de las fianzas anteriores, ha llegado a la conclusión de que con un buen sueldo se vive mejor y que si alguien se ha de mojar, que sean los otros”, ironiza una fuente soberanista crítica con el ‘expresident’. Él, de momento, se limitará a ejercer de ‘ex’ desde su despacho público ubicado en el modernista Palau Robert.

A Mas le tocará dar explicaciones de una parte de la fiscalización

Pero su retiro no será tan plácido como suponía: ahora, el Tribunal de Cuentas le pide nuevas responsabilidades. Este organismo ha citado a declarar para el próximo 29 de junio a 39 personas para que respondan sobre los gastos en materia de política exterior de la Generalitat en el periodo de 2011 a 2017. Entre los citados se encuentran Artur Mas, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Andreu Mas-Colell, Raül Romeva y Neus Munté.

A Mas le tocará dar explicaciones de una parte de la fiscalización. Un informe de 758 páginas del Tribunal de Cuentas desgrana todos los gastos pagados por la Generalitat en materia de relaciones exteriores. Y entre esos gastos hubo algunos referentes a la organización de la consulta del 9 de noviembre de 2014 (y, por supuesto, del referéndum del 1 de octubre de 2017). No hay que olvidar que por la organización de la pseudoconsulta de aquel año, Artur Mas fue juzgado y condenado a inhabilitación, junto a su vicepresidenta, Joana Ortega, el consejero de Presidencia, Francesc Homs, y la consejera de Educación, Irene Rigau.

Los cuatro abonaron prácticamente 5 millones de euros, que se gastaron en organizar el 9-N. Pero ahora aparecen otros gastos añadidos, asociados a la acción exterior y al fomento de la independencia de los que Artur Mas también deberá responder, porque algunos los hizo él personalmente y otros se produjeron durante su mandato. Esos gastos provienen de la labor efectuada desde las ‘embajadas’, a través del Diplocat, de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), de la Agencia para la Competitividad de la Empresa (Acc1ó), del Instituto Ramon Llull (IRL), del Instituto Catalán de Empresas Culturales (ICEC), de la Agencia Catalana de Turismo (ACT) y de la Casa de la Generalitat de Perpignan.

456 actividades sospechosas

Y es otra vez el Tribunal de Cuentas el que hurga en los dispendios de las ‘embajadas’ de la Generalitat, la consejería de Exteriores y los organismos citados. Así, detectó 456 actividades relacionadas con el ‘procés’ entre 2013 y 2016. Esa fue la época dorada del ‘procés’ bajo el timón de Artur Mas. La época en que puso en marcha toda la maquinaria del Govern para trabajar a favor de la ruptura.

“Analizadas las actividades incluidas en las memorias existentes en los informes de gestión (…) se han detectado por parte de este Tribunal de Cuentas varias actividades que hacen referencia a cuestiones que no pueden considerarse incluidas dentro de las funciones correspondientes a las delegaciones y que iban encaminadas directamente a promover, dar a conocer, promocionar, fomentar, debatir, publicitar, impulsar y conseguir reconocimiento y apoyos para el proceso de secesión/autodeterminación/independencia/transición nacional”, dice el informe.

Foto: Protesta independentista en febrero de 2019 ante la sede de la Comisión Europea por la celebración del juicio del 'procés' en el Tribunal Supremo. (EFE)

Los relatos de la actividad de Mas son, en algunos casos, escandalosos. En mayo de 2014, por ejemplo, la Generalitat envió a Francia una comitiva de 21 personas, con Mas a la cabeza, a la inauguración del museo Soulages. “De la documentación fragmentaria existente, se desprende que el objeto principal de la visita es que el presidente de la Generalitat pueda sentarse en la misma mesa que el presidente de la República francesa en el almuerzo que se realiza a continuación de la inauguración”, relata el documento.

El Tribunal pide también explicaciones a Mas por un viaje a Estados Unidos en junio de 2014, en el que enterró 75.613 euros. A esa cifra se le han de sumar otros 13.040 euros de la comitiva del consejero de Economía, 5.830 euros de la comitiva del consejero de Agricultura y una cantidad indeterminada de la comitiva del consejero de Empresa y Empleo. A esas cantidades, se le añaden otros 41.745 euros sufragados por la ‘embajada’ en Estados Unidos por diferentes gastos del viaje. En total, unos 136.000 euros.

Son solo algunos ejemplos. Todos esos gastos son ahora una piedra en el zapato para Artur Mas, porque la petición de responsabilidades puede ascender a más de 35 millones de euros. La 'inversión' en diplomacia catalana durante el periodo citado fue de más de 450 millones de euros. Y es que, aparte de los elevados gastos en viajes, hay muchas subvenciones concedidas de manera directa, omitiendo la concurrencia pública y otorgadas por entender que era de “interés público”. Esas subvenciones se concedieron para intentar “el reconocimiento internacional de la nación catalana”. Según consta en el expediente, la Generalitat llegó a pagar, en noviembre de 2016, 100.000 euros a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en gran parte canalizado como subvención directa a un fondo fiduciario y fuera de todos los canales oficiales. Esa oficina fue la que emitió luego informes criticando el encarcelamiento de medio Govern (luego condenado por el Supremo) y solidarizándose con los fugados, aunque esos informes en ningún caso pasaron por el pleno de la ONU y, por tanto, no pueden atribuirse a esa institución.

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