los ataques son parte de la 'normalidad'

La Autónoma de Barcelona, un campus bajo la ley del miedo de la CUP y Arran

Los ataques llevan meses produciéndose sin consecuencias. Portavoces de la UAB han confirmado que no se han abierto expedientes sancionadores contra ningún responsable

Foto: 150 personas rompieron banderas de España en un acto organizado por Alerta Solidària y Absolució Antifeixistes en la UAB en 2018 (d) y Cayetana Álvarez de Toledo durante el escrache que sufrió. (EFE/EP)
150 personas rompieron banderas de España en un acto organizado por Alerta Solidària y Absolució Antifeixistes en la UAB en 2018 (d) y Cayetana Álvarez de Toledo durante el escrache que sufrió. (EFE/EP)

Lo que le pasó ayer a la candidata del PP por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, al líder del PP catalán, Alejandro Fernández, y a los candidatos de Ciudadanos, Maite Pagazaurtundúa y Manuel Valls, solo es el último de los muchos incidentes con diversos grados de violencia que se llevan produciendo en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) en el último año. El esquema siempre es el mismo: el Sindicat de Estudiants dels Païssos Catalans (SEPC) y la Plataforma Antifeixista de la UAB presionan, insultan, escupen, acosan y agreden a los estudiantes que intentan impulsar actividades políticas que no son del agrado de estos colectivos, muy cercanos y vinculados a la CUP y Arran.

El problema no es un acto del PP en la universidad. El problema es que para muchos de los 40.000 estudiantes de la UAB este tipo de ataques se consideran ya parte de la normalidad, del día a día. Y el rectorado que encabeza Margarita Arboix se ve incapaz de mantener la más mínima disciplina para preservar algo parecido a la pluralidad de pensamiento en una universidad.

La Autónoma de Barcelona, un campus bajo la ley del miedo de la CUP y Arran

En su nota oficial después de que estos mismos colectivos radicales intentaran impedir el acto del colectivo constitucionalismo S'ha Acabat en el campus, la UAB asegura que “reitera una vez más su convencimiento de que el campus universitario debe ser un ejemplo en el ejercicio de la libertad de expresión y donde todas las ideas y reivindicaciones deben tener cabida, siempre que se hagan con respeto a todos los miembros de la comunidad y los bienes públicos”.

Se añade en la nota que “rechaza la situación de tensión que se ha originado y el intento de impedir la realización del acto” pero para lanzar luego una pulla a los populares y a Ciudadanos aduciendo que “lamenta la instrumentalización ideológica que se hace del campus universitario, que invisibiliza la actividad académica e investigadora que lleva diariamente a cabo la universidad”. Equidistancia donde no debería haberla.

Pero no es algo nuevo. Hace dos días ya se atacó la carpa de S’ha acabat, el colectivo de estudiantes que desde 2017 intenta mantener actividad constitucionalista en el campus y se han convertido en el objetivo de estos colectivos, apenas unas decenas pero movilizados por redes y que actúan con toda impunidad. De nuevo, la UAB hizo lo de siempre: un comunicado. En este seguía rechazando “que se haya impedido una actividad organizada por un colectivo de estudiantes de nuestra universidad”, pero no se calificaban “los hechos”, no se daban nombres, y se limitaba a señalar que como institución “se compromete a seguir trabajando en mejorar las vías de diálogo para garantizar los derechos de toda la comunidad universitaria”.

Sin sanciones

Los ataques llevan meses produciéndose sin consecuencias. Portavoces de la UAB han confirmado que no se han abierto expedientes sancionadores contra ningún responsable de estos hechos. No por los de ayer. Por ninguno. Ni un expediente en los últimos meses. Que se limitaron a “poner seguridad privada” en la carpa de S’ha acabat el pasado martes para protegerlos. Pero si el rectorado se tiene que limitar a contratar seguridad privada para mantener un mínimo de disciplina, eso dice mucho de cómo están las cosas en la universidad.

Estudiantes del SEPC forman parte del rectorado, órgano que está siendo incapaz de garantizar una pluralidad que amenaza el propio SEPC

Miembros del SEPC forman parte del rectorado y ahí siguen. La UAB alega que se presentan por asambleas de estudiantes y que funciona una doble militancia. En la práctica quiere decir que los instigadores de estas agresiones siguen sentándose en el máximo órgano de gobierno universitario. Por el ataque de ayer portavoces de la universidad no han podido decir, siquiera, si se abrirá una investigación.

La CUP jalea el boicot

Estas actitudes en el campus tienen cobertura política del más alto nivel. En este caso de la CUP. Tanto Carles Riera como Natalia Sànchez, que ocupan dos escaños en el Parlament por los anticapitalistas, jalearon el boicot en redes sociales. “Atención, todos a la UAB”, invitaba Riera desde Twitter cuando los Mossos empezaron a cargar para que el acto con Cayetana Álvarez de Toledo y el resto del PP y Ciudadanos se pudiera celebrar.

Álvarez de Toledo defiende en sus declaraciones que el populismo independentista es equivalente al de Vox. Ayer el SEPC y sus afines le dieron a la candidata popular un ejemplo sobre el terreno de lo que ella argumenta en sus mítines. De nuevo no pasará nada. Determinada violencia en el campus de la UAB sale gratis. Y para eso no hace falta que arranque la campaña electoral. Mañana, pasado, el mes que viene habrá otro ataque y el rectorado hará otro comunicado buscando hacer equilibrios.

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