NUEVA ESTRATEGIA DE AGITACIÓN

El independentismo ensaya la guerra de guerrillas para "volver a dominar" la calle

Los activistas solo se autoimponen una condición: que las acciones sean rápidas y contundentes, para abandonar el lugar antes de que lleguen las patrullas

Foto: Varios jovenes cortan la Gran Vía de Barcelona antes de iniciarse la manifestación estudiantil. (EFE)
Varios jovenes cortan la Gran Vía de Barcelona antes de iniciarse la manifestación estudiantil. (EFE)

No hay una dirección centralizada en las acciones de los independentistas radicales este 1 de octubre. Es el ejército de Pancho Villa, pero ejército al fin y al cabo. Pero lo cierto es que un puñado de activistas organizados por comarcas puede poner en jaque al Gobierno. Eso es lo que se hizo esta jornada. Con poca gente (a la que hay que sumar los estudiantes universitarios, que son el único colectivo que se sumó entusiasta a la huelga), los comités de defensa de la República (CDR), controlados por la CUP, pudieron realizar sabotajes relámpago en puntos neurálgicos de toda Cataluña: cortar las vías del AVE en Girona, levantar las barreras de peajes en Vilassar y Martorell, cortar la AP-7 en Tarragona, cortar temporalmente puntos en la ciudad de Barcelona, impedir la salida de mercancías de los centros logísticos CIM…

En el 2017, un documento interno de la CUP reconocía que los días 20 y 21 de septiembre y del 1 al 3 de octubre, el poder real en Cataluña no estuvo en la Generalitat, sino en la calle. Se vanagloriaba la organización anticapitalista de que esos días sus comandos dominaban las calles y el Govern era un cero a la izquierda. Un año después, quiere volver a provocar una situación como aquélla.

La estrategia para tomar la iniciativa, sin embargo, es la 'guerra de guerrillas': muchas acciones simultáneas para dificultar la acción de las fuerzas de seguridad. Durante la jornada de hoy, varias decenas de manifestantes cortaron los accesos a los CIM en polígonos industriales, mientras otros hacían lo propio con líneas férreas y otros, con vías de comunicación. De esta manera, optimizaron sus efectivos y con unos pocos centenares de activistas mantuvieron en jaque a la Policía.

En algunas de las acciones más sonadas de este lunes, los activistas no pasaban de los 30, como el levantamiento de peajes de la autopista o cortes de carreteras. Sólo se autoimponen una condición: que las acciones sean rápidas y contundentes, para abandonar el lugar cuando lleguen las patrullas. Pero tienen un inconveniente: las decisiones no pueden estar centralizadas, sino que han de ser tomadas por los CDR locales. De ahí que no haya una unidad de acción en cuanto a objetivos o consignas. Solo un par de horas clave han sido asignados por la cúpula de los CDR para que se realicen las acciones más vistosas y las grandes concentraciones: las 12 del mediodía y las 18:30 horas, cuando tendrá la gran manifestación en Barcelona.

En un documento aprobado hace dos días, la CUP, la formación que controla los CDR, señala que "es necesaria una movilización popular lo más amplia y masiva posible para hacer frente a las agresiones y para dejar claro que no son aceptable, ni aquí ni en ningún sitio". Su discurso argumental es sencillo: todo lo que no sea independentista es fascismo.

Presión al Govern

El pequeño grupo Endavant, el núcleo duro de la organización, por su parte, aprobó este domingo otro documento en el que echa la culpa de la situación a la Generalitat, porque no materializó la República en el 2017. "Las movilizaciones y la autoorganización popular en el otoño de 2017, con el referéndum del 1 de octubre y las huelgas generales del 3 de octubre y 8 de noviembre como momentos clave, hicieron temblar las estructuras del poder económico y político del régimen del 78 y abrieron la posibilidad de cambios sociales y políticos profundos, enmarcados en un proceso de autodeterminación y de construcción de la República", dice el tetxo.

Sin embargo, acusa que "la potencialidad de estas acciones quedó neutralizada por las gesticulaciones simbólicas del soberanismo gubernamental, con la proclamación de la República el 27 de octubre de 2017, que no tenía vocación de impacto práctico, ya que no fue acompañada de ninguna medida de despliegue de la República ni llamamiento a defenderla". Por ello, consideran que "la República que se forjó en la calle y en las escuelas aquellos días intensos del otoño de 2017 está hoy en el congelador. El protagonismo de los acontecimientos políticos ha pasado de la gente organizada en la calle y en las escuelas a los partidos políticos y las instituciones autonómicas. Por eso, el Govern autonómico no está en disposición de implementar la República, aunque realmente lo quiera, ya que acatando las leyes y las reglas del juego jamás tendremos suficiente fuerza como para impulsar los cambios profundos que implica la autodeterminación".

El protagonismo de los acontecimientos ha pasado de la gente organizada en la calle y en las escuelas a los partidos y las instituciones autonómicas

Los anticapitalistas consideran que el lobby empresarial articulado alrededor del Ibex 35 y sus presiones "jugaron un papel clave poco reconocido en la falta de determinación del soberanismo gubernamental para llevar adelante sus compromisos con la autodeterminación y la implementación de la República. Las negociaciones iniciadas en el marco institucional, tuteladas por las grandes empresas y las organizaciones empresariales, no nos llevarán al ejercicio del derecho de autodeterminación ni a la proclamación de la República. Sólo si conseguimos volver a llevar el centro de gravedad de la acción política a la calle y sacarlo de las instituciones tendremos posibilidades reales de volver a poner la ruptura en clave democrática y republicana sobre la mesa. Para avanzar en la ruptura, es preciso volver a poner el centro de gravedad de la acción política en la calle y en los centros de trabajo y sacarlos de las instituciones. Por tanto, las movilizaciones como expresión de poder popular han de ser el foco de nuestra actividad política".

Así pues, la acción de los radicales tiene dos vertientes: acoso al Estado y acoso al Gobierno de Cataluña. "Es preciso movilizarse también para frustrar la tentativa del soberanismo gubernamental de reconducir la fuerza del independentismo hacia un escenario de pacto en la perspectiva de un nuevo encaje dentro del estado español", dice el documento de Endavant.

Cataluña

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