para la cúpula de erc, ha sido catastrófico

Jordi Sànchez y la CUP lograron el rédito político de cercar la Conselleria de Economía

Carles Puigdemont ha sido siempre muy consciente de que el mérito se lo llevó Jordi Sànchez a título personal. Por eso le ha ofrecido presidir su nuevo partido, la Crida

Foto: Cientos de personas se concentraron ante la sede de la Conselleria de Economía. (EFE)
Cientos de personas se concentraron ante la sede de la Conselleria de Economía. (EFE)

El cerco a las Conselleria de Economía por decenas de miles de manifestantes en la confluencia de Gran Vía con Rambla Catalunya hace un año fue la mayor movilización de masas de los denominados 'hechos de octubre' por los que el Tribunal Supremo ha encausado a buena parte de la clase política independentista. Allí quedaron cercados y retenidos unos 20 guardia civiles y personal judicial. En aquella manifestación participó mucha gente, pero solo unos pocos obtuvieron réditos políticos, según fuentes soberanistas consultadas: el entonces presidente de la ANC, Jordi Sànchez, y la CUP. Al resto de protagonistas, por el contrario, les perjudicó de forma grave.

Ni ERC ni PDeCAT supieron sacar provecho de la movilización de aquellos días. El propio Carles Puigdemont ha sido siempre muy consciente de que el mérito se lo llevó Jordi Sànchez a título personal. Por eso le ha ofrecido presidir su nuevo partido, Crida per la República. Es una manera de importar un logro político que entonces se le escapó entre los dedos. Puigdemont no estuvo en la calle. Se limitó a hacer declaraciones y convocar un Consell Executiu. Muy poco para la épica que recuerdan los catalanes.

Los Jordis definen estrategias ante la sede de la Conselleria de Economía de la Generalitat. (EFE)
Los Jordis definen estrategias ante la sede de la Conselleria de Economía de la Generalitat. (EFE)

Jordi Sànchez se puso al frente de la movilización, habló con los agentes bloqueados y por la noche pidió a los concentrados que se fueran a casa. Un documental dirigido por Jaume Roures le muestra como un héroe que evitó un estallido de violencia. Todo ello le ha supuesto un enorme crédito personal, que sin embargo no ha repercutido en la ANC, que ha perdido socios en este año, mientras que Òmnium ha crecido y supera ya los 100.000 asociados. Sànchez convocó la manifestación por Twitter.

ERC intentó capitalizar la movilización. No en vano, el 'conseller' de Economía era Oriol Junqueras. Joan Tardà se presentó a primera hora y en varias ocasiones se dirigió a las masas megáfono en mano. Gabriel Rufián dejó el Congreso tras increpar a Mariano Rajoy aquello de “saque sus sucias manos de las instituciones catalanas”. Luego cogió un AVE y se presentó en la manifestación. Pero un año después, las consecuencias para el partido republicano han resultado catastróficas. La cúpula del partido, Josep Maria Jové y Lluís Salvador —ex secretario general y exsecretario de Hacienda— han terminado encausados y sus perspectivas judiciales son muy negativas.

En cambio, a la CUP la jugada le salió redonda. La manifestación le dio el control de la calle y la fuerza para ir empujando a Puigdemont hacia la desobediencia, cosa que consiguió a lo largo del mes siguiente. La CUP fue marcando los tiempos, y explotando una fuerza política mucho más allá de sus 10 diputados en el Parlament.

Puigdemont se presenta

Si Puigdemont no se hubiese presentado el 21-D, la CUP hubiera podido capitalizar el éxito. Sin embargo, al final perdió los votos a favor del expresidente y su apuesta de JxCAT. Sin embargo, la CUP todavía vive políticamente del prestigio de la movilización. En este momento, la CUP funciona como un refuerzo de los CDR. Los 300 miembros de los CDR actúan de punta de lanza y la CUP ahora puede movilizar a algunos miles… Precisamente siguiendo el esquema que aplicó Jordi Sànchez aquel 20 septiembre.

Las movilizaciones de masas han sido desde entonces la expresión de 'lo que quiere el pueblo', un 'pueblo' que se contrapone a la 'clase política'

En todo caso, Puigdemont y el resto del PDeCAT quedaron subordinados a lo que marcasen las masas en la calle o las redes en internet. Desde el 20 de septiembre, se gobierna con un ojo puesto en Twitter. El último ejemplo, cómo se dinamitó la moción a favor del diálogo que el PDeCAT había pactado con el PSOE.

El poder del pueblo

La manifestación del 20 de septiembre se convocó por redes. De hecho, cuando Jordi Sànchez intentó desconvocar a los concentrados, muchos se resistieron. Se había sacado la pasta del tubo de dientes.

Agentes de los Mossos custodian las puertas de la sede de la Conselleria de Economía. (EFE)
Agentes de los Mossos custodian las puertas de la sede de la Conselleria de Economía. (EFE)

Desde entonces, la Generalitat en pleno ha perdido poder. Los analistas ya separan entre 'el pueblo', 'la gente'y 'los políticos'. Los políticos tienen miedo. La gente, no. Analistas como el periodista independentista Vicent Partal aprovechaban el aniversario para subordinar la clase política a las masas. Estos analistas, claro, solo miran donde les interesa. Miran la masiva manifestación del 11 de septiembre. No miran las apenas 6.000 personas que salieron a defender la república declarada el 27 de octubre de 2017. Sin embargo, la clase política se muestra acomplejada. El mejor ejemplo, el presidente de la Generalitat, Quim Torra, quien ha dejado en manos del pueblo las movilizaciones para que la república llegue a Cataluña. Ese es el principal legado político del 20 de septiembre.

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