Caso Palau: Fèlix Millet, del cacao de Guinea y FAES a una condena de 9 años de cárcel por saqueo. Noticias de Cataluña
sentencia del caso palau

Fèlix Millet, del cacao de Guinea y FAES a una condena de 9 años de cárcel por saqueo

Su apellido le abrió todas las puertas. Tuvo asiento en La Caixa y en el FC Barcelona e hizo que el Palau fuera Patrimonio de la Humanidad. Mientras, el suyo se multiplicaba saqueando la entidad

Foto: El expresidente del Palau de la Música Félix Millet. (Efe)
El expresidente del Palau de la Música Félix Millet. (Efe)

Nueve años y ocho meses de cárcel. Esta es la pena que la Audiencia de Barcelona le ha impuesto a Fèlix Millet por el saqueo del Palau de la Música, que asciende a más de 35 millones de euros. Con 82 años y un estado de salud delicado -en el juicio reiteró que estaba "muy mal" y que no podía caminar "porque tengo la espina dorsal totalmente deshecha"-, ha pasado de ser un personaje respetado y muy bien considerado en las altas esferas de Cataluña a ser un hombre corrompido.

Fue su apellido el que le abrió las puertas, sobre todo por la fortuna que su familia hizo en el negocio del algodón. Su tío abuelo era el compositor Lluís Millet, que creó en 1981 el Orfeó Catalá, una de las instituciones culturales más importantes de Cataluña. Su padre, Fèlix Millet i Maristany, fue empresario, mecenas y promotor cultural. Durante la República, dirigió el periódico 'El Matí', próximo a UDC, sin embargo, durante la Guerra Civil huyó a Italia por medio a represalias. Una vez acabó, regresó a España y fundó lo que se conoce como Benéfica Minerva, uno de los grandes mecenazgos catalanistas. Miembro del consejo de administración del Banco Popular, fue también presidente del Orfeó Catalá y uno de los fundadores de Òmnium Cultural.

Con todo este currículum familiar, la vida se le presentaba fácil a Félix Millet. Sus inicios fueron en el mundo de los negocios de la mano de su padre. Estudió ingeniería agrícola, así que su padre le envió a Guinea Ecuatorial para que se encargara de las plantaciones de cacao y plátano de la Compañía Agrícola Industrial de Fernando Poo que él gestionaba. Amante de la música y sobre todo del jazz -le apasiona toca el saxofón-, parece que ese mundo no iba con él, así que a su regreso volvió a la universidad para formarse en dirección de empresas. Fue en 1974 cuando creó con otros dos socios la empresa inmobiliaria Renta Catalana. Durante sus años en este negocio, fue condenado a dos meses de arresto y al pago de una multa de casi 30.000 euros por un delito de estafa. Pasó dos semanas en la cárcel Modelo, cerrada el pasado mes de junio por el 'exconseller' Carles Mundó.

Condecorado, con asiento en La Caixa...

Por aquel entonces ya estaba vinculado al Orfeó Catalá. De hecho, ya era presidente de este organismo podría decirse que por herencia. Durante los más de 30 años que estuvo al frente, tuvo asiento en empresas como Agrupación Mutua, Bankpime o La Caixa e, incluso, en el FC Barcelona, donde fue vicepresidente tercero de la fundación. Creó la Fundación Orfeó Catalá-Palau de la Música Catalana, con la que se puso como objetivo renovar de arriba a abajo la institución abriendo las puertas del Palau a otro tipo de música y ofreciendo becas de estudio y formación, lo que llevó a que fuera declarado Patrimonio de la Humanidad. Esta primera etapa de su gestión recibió la llave de Barcelona y la Cruz de Sant Jordi, una de las máximas distinciones de Cataluña y que le fue retirada en 2009 por el escándalo del caso Palau.

Para lograr dinero, se incorporó en 2003 al patronato del Institut Catalunya Futur, sección regional de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que preside José María Aznar. Ese mismo año, la Fundación Orfeó Catalá recibió más de tres millones de euros del Gobierno de Aznar.

Un año antes, el 3 de enero de 2002, Hacienda recibió una carta anónima de un familiar de una administrativa de la Fundación Orfeó Català-Palau de la Música que alertaba del "alto grado" de corrupción que existía en la institución que presidía Millet. En él se decía que Millet y sus colaboradores operaban con una doble contabilidad y manejaban grandes cantidades de dinero negro para beneficio propio, como cruceros, viajes, coches Mercedes y obras para sus viviendas particulares. Todo era camuflado en facturas a cuenta de la Fundación. Dicha denuncia no dio lugar en su momento, y tras un examen inicial, a una investigación más profunda. En octubre de 2009, más de seis años después, Hacienda reconoció que este escrito era muy relevante. En todo ese tiempo, nadie preguntó qué estaba pasando en el Palau.

El exresponsable del Palau de la Música Fèlix Millet. (EFE)
El exresponsable del Palau de la Música Fèlix Millet. (EFE)

Los billetes de 500 que pululaba por el Palau

La lupa comenzó a estar sobre Millet en junio de 2007, cuando Hacienda estableció un control del movimiento de los billetes de 500 euros. Durante este plan, se descubrió que en el Palau de la Música se manejaban cantidades muy elevadas de estos billetes y comenzó una investigación para conocer si había o no operaciones sospechosas. Dos años después, en junio de 2009, la Fiscalía de Barcelona presenta una querella contra Fèlix Millet por apropiación indebida y falsedad. El 23 de julio de 2009 los Mossos d'Esquadra registran Palau de la Música Catalana, se llevan 13 cajas y una gran bolsa de color azul con documentos. El presunto desfalco pasó de 2,3 millones a 35 millones según el propio Palau.

Acorralado, Millet presentó su dimisión a través de una carta en la que afirmaba que abandonaba todos sus cargos para "liberar al Palau de la Música Catalana de los perjuicios que esta situación le está produciendo en la actualidad". Lamentaba además que se hubiera filtrado a los medios el contenido de la investigación, algo que "ya me ha causado a mí, a mis colaboradores y, sobre todo, a las entidades que constituyen verdaderos símbolos de nuestro país" un "perjuicio irreparable".

Finalmente confesó y lo hizo con otra carta. Confirmó que desvió para su beneficio personal al menos 3,3 millones de euros, que destinó, entre otros, a reformar inmuebles de su propiedad, a pagar viajes a su familia a destinos como Dubái y Maldivas e, incluso, las bodas de sus hijas Clara y Laia. También haber pagado en negro a directivos y a artistas. En la misiva mostró su arrepentimiento y exculpó al resto de directivos del Palau, salvo a su mano derecha, Jordi Montull, que era director administrativo del Palau. Si él caía, Montull le seguía. Las cifras del fraude, una vez se levantó el secreto del sumario, alcanzaron los 35 millones de euros, diez veces más que los confesó Millet.

Volvió pisar la cárcel en junio de 2010 por una querella por tráfico de influencias y apropiación indebida contra él y Jordi Montull por una operación para construir un hotel junto al Palau de la Música, un plan que hizo perder a la Generalitat 3,6 millones de euros. Sin embargo, ambos salieron en libertad 13 días después. Las investigaciones del caso Palau le cercaban aún más, tanto que todos sus bienes fueron embargados y se le impuso una fianza de 24 millones de euros. Y salpicaron a la Convergència de Artur Mas, que se financió irregularme con fondos del Palau con el beneplácito de Fèlix Millet.

Y tiró de la manta: si caigo yo, caen todos

La instrucción se cerró en julio de 2013 pero Millet no se sentó en el banquillo hasta el 1 de marzo de 2017, cuando arrancó el juicio del caso Palau. En silla de ruedas, empujada por un cuidador, su imagen distaba mucho del prohombre que fue antaño. Débil de salud, insistió en varias ocasiones que estaba "muy mal" y pidió no acudir a todas las sesiones. Pero su día llegó el 8 de marzo y tiró de la manta. Admitió que Ferrovial pagó comisiones ilegales a Convergència a cambio de obra pública a través del Palau y que él mismo entregó dinero en efectivo de estos pagos al partido de Artur Mas. "El 2,5% para CDC, el 0,5% para Montull y el 1% para mí", llegó a decir. En total, las comisiones eran del 4% y no del 3%, como se llegó a creer. También admitió que desvió fondos del Palau para pagar obras en su casa y viajes por medio mundo así como las bodas por todo lo alto de sus hijas. Todo ello a través de retribuciones millonarias que se autoadjudicó. Un "error", como él mismo dijo, que tenía seis cifras: 800.000 euros.

Hasta sus hijas tuvieron que declarar ante el juez. Una de ellas, Laia dijo en el tribunal que todo era "un espejo roto". "No me extrañaba el nivel de vida que teníamos. Era la realidad que yo viví", declaró tras conocer a través de la prensa que los 129.010 euros que costó su boda los pagó el Palau. La de su hermana Clara fue algo más austera: 81.156 euros. Y fue listo, ya que cobró la mitad de los gastos a sus suegro logrando así una operación que reportó un beneficio de 40.000 euros.

Diez meses después de su declaración ante el juez, la Audiencia de Barcelona le condena nueve años y ocho meses de cárcel. El pasado mes cumplió 82 años y su hermana Pat cree que la sentencia es de muerte. "Si va a la cárcel, durará 15 días", ha dicho. Si pisará la cárcel, es cuestión de tiempo. La sentencia no es firme y aún queda la opción del Tribunal Supremo.

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