Los mensajes extremos, en la periferia mediática

Pulso de Gobierno y Generalitat para dejar los atentados al margen del independentismo

Se mantiene la unidad en el centro del espacio político –incluyendo a los 'comunes' de Ada Colau— con dos parámetros básicos: respeto por el luto y alejar el debate independentista

Foto: Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont antes del minuto de silencio que ha tenido lugar en la plaza de Catalunya (Barcelona). (EFE)
Mariano Rajoy saluda a Carles Puigdemont antes del minuto de silencio que ha tenido lugar en la plaza de Catalunya (Barcelona). (EFE)

Tanto el Gobierno de Mariano Rajoy como la Generalitat de Carles Puigdemont se están esforzando por mantener la politización independentista de los atentados yihadistas en Cataluña en los márgenes del debate. Por ahora, lo están consiguiendo. Así, las imágenes de unidad, la última en la basílica de la Sagrada Familia reuniendo a Carles Puigdemont con Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y los Reyes, entre otras autoridades, se han sucedido en Barcelona desde el pasado viernes.

Cuando el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, discrepó este fin de semana de los Mossos sobre si la célula terrorista estaba desactivada, fue el propio Puigdemont quien quitó hierro al asunto relativizando las diferencias entre desactivada e inoperativa. Por tanto, se sigue manteniendo la unidad en el centro del espacio político —incluyendo en dicho espacio a los 'comunes' de Ada Colau­— con dos parámetros básicos: respeto por el luto y alejar el debate independentista de las reflexiones sobre los atentados.

Autoridades que acudieron a la Sagrada Familia, donde se ha celebrado la misa por la paz.(EFE)
Autoridades que acudieron a la Sagrada Familia, donde se ha celebrado la misa por la paz.(EFE)

Además del de Zoido, el principal desliz ha sido del 'conseller' de Interior y máximo responsable de los Mossos, Joaquim Forn, cuando distinguió entre víctimas catalanas y víctimas españolas, como si fuese incompatible ser una cosa y la otra. Pero como en el caso del 'conseller' de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, haciendo alarde de reunirse con los ministros de Exteriores de Francia y Alemania, se ha tratado más bien de fenómenos aislados que no han encontrado eco ni en otros miembros de la Generalitat ni entre los responsables de los principales partidos. Todo muy menor. Apenas notas al margen. Sí, los protagonistas han estado un tanto tensos. Pero hasta Artur Mas saludó a Mariano Rajoy en el acto de la Sagrada Familia. Aunque no hayan podido hacerlo sin alguna evidente incomodidad, tanto el Gobierno central como el autonómico han pasado del 'choque de trenes' a la 'colaboración institucional', que no se ha limitado solo a lo más básico: lo policial.

El propio vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, ha invitado a todo el mundo a participar en la gran manifestación que tendrá lugar el próximo día 26 de agosto. Una invitación unitaria sin connotaciones políticas.

Radicalismo en los márgenes

Las voces que intentan romper la imagen de unidad ya han empezado, pero por ahora se han instalado en los márgenes. Es una presión periférica pero real. En lo político, la más destaca ha sido la CUP, que ya ha advertido de que evitará acudir a la manifestación del 26 de agosto si la encabezan los Reyes. Felipe VI ya hizo lo propio en Madrid cuando era príncipe de Asturias tras la matanza del 11-M.

También desde la periferia y las redes, la cuenta en Twitter de la ANC en Estados Unidos recomendó no mostrar solidaridad con las víctimas con la bandera española y usar solo la 'senyera'. Sin embargo, el debate se quedó ahí. La ANC no lo desautorizó, pero tampoco le dio apoyo.

Los discursos radicales que intentan dinamitar la unidad en Cataluña provienen de los extremos políticos, ya sea de Mayor Oreja o de la CUP

Desde España, las críticas se han centrado en redes y en medios de comunicación: editoriales de grandes rotativos, críticas desafortunadas a Puigdemont acusándole de mezclar independencia y duelo o en ataques porque la misa en la Sagrada Familia fuese en catalán, por ejemplo. O el exministro del Interior Jaime Mayor Oreja criticando que no se hubiese informado en español de los atentados el mismo día en que el responsable de los Mossos, Josep Lluís Trapero, hiciera buena parte de su intervención ante los medios en castellano.

Más calado en Cataluña

En la periferia política catalana, los discursos radicales dispuestos a dinamitar la unidad son de más calado y se mueven sobre tres ejes: Cataluña ya se ha comportado por unas horas como un Estado independiente demostrando que no necesita al Gobierno de Madrid, como ha defendido el expresidente de ERC Josep Lluís Carod Rovira; llamamientos a apropiarse el lema de la manifestación del 26 de agosto, 'No tenim por' como una abreviatura de 'No tenim por… al referéndum', y teorías de la conspiración que pretenden alentar la sospecha de que los atentados han sido fruto, por acción u omisión, de algún tipo de intriga de los servicios secretos españoles. A esta última, la más delirante, se han apuntado desde un 'exconseller' de la Generalitat hasta periodistas del sector independentista o tuiteros conspiranoicos.

Sin embargo, ni en el Gobierno central ni en la Generalitat se ha dado espacio a este tipo de discursos, los cuales, por ahora, siguen siendo marginales. Es decir, ningún político con cargos de responsabilidad de uno u otro lado los han asumido como propios. Pero la tensión independentista sigue latente. El impacto que pueda tener el atentado en el 1-O nadie lo conoce. También es evidente que negar que tendrá consecuencias no es realista. El riesgo es que los mensajes que por ahora permanecen en la marginalidad del discurso dominante vayan invadiendo la centralidad política en los próximos días. Y si lo harán tan rápido que puedan acabar afectando a la manifestación del próximo 26 de agosto.

Cataluña

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