El disgusto del presidente de GSMA fue más teatral que otra cosa

El Mobile World Congress de Barcelona tiene tal éxito que supera la huelga de metro

El enfado de GSMA por la huelga del metro de Barcelona no pasó de una escenificación, ya que el éxito del congreso de telefonía móvil ha podido con la dureza de los huelguistas

Foto: (Reuters)
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Parafraseando a Mourinho: “teatro del bueno”. Así definió una fuente la explosiva bronca que el presidente de la asociación GSMA, John Hoffman dedicó la pasada semana al director general de la Fira de Barcelona, Constantí Serrallonga, según fuentes del sector. Pero estas mismas fuentes han calificado el vehemente enfado como “una escenificación”, muy norteamericana y tal vez necesaria. Porque el Mobile World Congress ha resultado tan apabullante que todas las fuentes consultadas dan por hecho que el certamen seguirá en la capital catalana hasta que acabe el vigente contrato, que finaliza en 2023. Ni la huelga de TMB ha podido con el gran encuentro mundial de las telecomunicaciones.

El éxito ha sido tal que una parte de los congresistas incluso se ha quedado en la capital catalana para aprovechar el fin de semana. De hecho, las virulentas manifestaciones privadas y las estruendosas ausencias públicas –Hoffman se ausentó en al inauguración oficial para no coincidir con la alcaldesa Ada Colau– han contrastado con lo feliz y satisfecho que se mostró Hoffman en la cena que celebró el pasado jueves con 400 miembros del Mobile para agradecerles su trabajo, según han explicado fuentes que asistieron al acto.

El eje francés, configurado por Orange y el ayuntamiento de París, sigue siendo el mas interesado en que Barcelona pierda la capitalidad del móvil. Por mucho que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes haya pretendido colar a Madrid entre los aspirantes, París es el verdadero rival. Por contra, Telefónica y las empresas asiáticas, como Huawei o HTC, son las más partidarias de seguir en Barcelona. Por el clima, por la comida y por las fiestas.

Imagen del Metro de Barcelona, en la segunda jornada de huelga. (EFE)
Imagen del Metro de Barcelona, en la segunda jornada de huelga. (EFE)

A Hoffman le sentaron mal dos cosas: que se utilizase el Mobile como arma de presión por parte de los trabajadores de TMB y que la prensa diese más importancia a los paros en el transporte que a las novedades en el salón, según explican fuentes de GSMA.

Sin embargo, el salón fue un éxito. Las empresas desplegaron enormes flotas privadas, incluso con vehículos traídos de fuera de España; el servicio de taxis funcionó mucho mejor que otros años y Colau y la Generalitat dinamitaron en parte la huelga dictando unos servicios mínimos abusivos con la excusa de la contaminación.

Colau, cuestionada

Pero mientras el MWC ha sido el mejor de la Historia, Colau es puesta en cuestión. Al sentarse a negociar con los trabajadores de TMB sin un plan, la alcaldesa quedó desautorizada.

TMB tiene más de 6.900 trabajadores, el escenario perfecto para que CGT escenifique su modelo y supere el protagonismo de los sindicatos tradicionales

La ventaja el equipo municipal es que tiene un año para intentar evitar que se vuelva a producir una situación así. El problema es que Ada Colau se maneja mal con el fuego amigo. Y no se trata sólo que se trate de trabajadores protestando. Es que la protesta tiene el mismo ADN que el movimiento político de Colau, Barcelona en Comú. Igual que Ada Colau representa a los nuevos partidos que han superado a las formaciones políticas de la Transición,  CGT, el sindicato que lidera la huelga del metro de Barcelona, quiere hacer lo mismo con CC.OO y UGT, las centrales sindicales de toda la vida. ¿Si ha habido ‘sorpasso’ político por qué no va a producirse un sorpasso sindical? Y TMB es el escenario perfecto para ello por la posición de fuerza que tienen los trabadores, más de 6.900 en total, según consta en la memoria de la empresa.

Críticas de la oposición

La oposición, empezando por los convergentes han cargado contra Colau por no haber conseguido desactivar la convocatoria de los paros. Pero desde un punto de vista económico Colau y su equipo tienen razón: la inflación ha sido nula durante tres años, los trabajadores, con sueldos medios de 33.000 euros brutos anuales, pedían un aumento del 5% y encima, TMB, una empresa pública, acumula pérdidas millonarias, que cada año se cubren con una subvención –6 millones en 2014–. La negativa fue la respuesta correcta desde el rigor de la gestión empresarial.

El problema es que el conflicto seguirá. Y el MWC es el punto débil de una Barcelona que cada vez depende más de este tipo de actos para su proyección exterior y, por tanto, el momento en que los representantes de los trabajadores aplicarán la máxima presión. Colau tiene un año pero la solución no es sencilla. Y se corre el riesgo e que el enfado de Hoffman, la próxima vez, no sea puro teatro.

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